La cuarta revolución industrial potenciará profesiones creativas

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El ritmo actual al que evoluciona la tecnología, es denominado como “la cuarta revolución industrial”. La irrupción de nuevas soluciones impulsadas por la inteligencia artificial, la robótica o el auto-aprendizaje, está permitiendo que las máquinas ejecuten acciones que antes requerían de la toma de decisiones humanas. De la misma forma que las máquinas disminuyeron la demanda de mano de obra física durante la primera revolución industrial, la tecnología actual está reduciendo la demanda de intervención humana.

En los últimos años, estamos observando una creciente “migración” de trabajos elaborados por humanos al software y a las máquinas. Desde los cajeros automáticos al check-in automatizado de los aeropuertos, la tecnología ha sustituido a las personas en la ejecución de tareas simples y repetitivas. Más aún, en la actualidad, esta transformación está posibilitando que las máquinas realicen tareas más complejas a una velocidad mayor que la de las personas y esto está sucediendo en industrias que, históricamente, han permanecido ajenas a la irrupción de las máquinas y la tecnología.

Recientemente, la inteligencia artificial y los sistemas cognitivos están aumentando su presencia en cuestiones legales, solicitudes de seguros, suscripciones y reclamaciones, y asesoramiento financiero. En la industria sanitaria, la telemedicina facilita el diagnóstico y la monitorización sin necesidad de acudir físicamente a un médico, e incluso un cirujano podría operar desde otro hospital o país. Por lo que, aunque la participación humana no se elimina por completo, es evidente que algunos trabajos considerados como “humanos” están siendo desplazados por la tecnología.

La automatización

Sim embargo, las nuevas oportunidades y el nuevo escenario empresarial que trae consigo la automatización y la inteligencia artificial no debe verse sólo como una amenaza para las personas. Estoy convencido de que, a medida que los empleos tradicionales sean reemplazados por máquinas, nuevas posiciones profesionales que requerirán creatividad, innovación y pensamiento estratégico verán la luz.

Ahondando en esta idea, una de las ventajas más importantes de la transformación digital es que permitirá liberar a los humanos de muchas de sus tareas diarias, haciendo posible que dediquen más tiempo a pensar cómo la tecnología puede mejorar sus vidas. Sin duda, el tiempo que se gana a través de la automatización puede utilizarse para la innovación y generación de nuevas ideas que sólo pueden desarrollarse cuando la mente tiene tiempo para divagar.

¿El comienzo de un cambio radical en la sociedad?

El Foro Económico Mundial, accionistas y organizaciones laborales coinciden en que el aumento de la inteligencia artificial, la robótica y otras tecnologías provocarán grandes pérdidas de empleo en los próximos años. En este sentido, las predicciones estiman que podríamos asistir a una pérdida de 7,1 millones de empleos en las 15 mayores potencias mundiales en los próximos cinco años, países que representan el 65% de la fuerza de trabajo total del mundo. Sin embargo, dos millones de estas pérdidas serán reemplazadas por nuevos roles profesionales, que ayudarán y fomentarán esta nueva ola de innovación, más allá de lo que hoy vemos como creíble o posible.

La persistencia de roles creativos y de liderazgo

Es evidente, que asistimos a una evolución que va a requerir que desarrolladores, programadores, científicos y expertos en tecnología, implementen, desarrollen y den sentido a estos cambios. En paralelo, esta disrupción digital requiere del conocimiento y la creatividad de economistas, abogados y políticos que puedan interpretar cómo deben adaptarse la gobernabilidad, la propiedad intelectual y la sociedad en general a estos cambios.

Si tenemos en cuenta este nuevo panorama, podríamos preguntarnos si una máquina puede hacer realmente nuestro trabajo. La respuesta es que probablemente pueda. Pero, al mismo tiempo, en el futuro habrá más oportunidades para las personas que sean creativas, para las que tengan una mayor capacidad de reflexión y raciocinio que les permita ver el escenario completo y así elegir el camino adecuado. Las grandes ideas no son el resultado de organizar datos o de entender una hoja de cálculo; son el fruto de la experiencia de vida: lo que se escucha, lo que se lee, con quién se habla y cómo procesa el cerebro toda esa información para llegar a la siguiente idea.

Para mí, es importante que nos quedemos con una idea fundamental y es que, aunque los algoritmos pueden automatizar la toma de decisiones, no será fácil reemplazar a los líderes que nos guían en estos cambios.

Adam Howatson, CMO, OpenText

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