Gurús enfrentados

Tipos mínimos (en algunos casos negativos), billones inyectados en los mercados financieros, frente a un crecimiento que no termina de convencer y que da argumentos a los expertos que se han posicionado en contra de unas políticas monetarias que consideran entrañan más riesgos que beneficios. Frente a ellos, los que defienden su necesidad para reparar las terribles heridas de la crisis financiera.

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Durante los últimos siete ejercicios el repunte del PIB global apenas ha sido del 3,2% anual, frente al 4,2% registrado en la década previa y cifra que, a todas luces, sobre todo a la enorme inversión realizada por los bancos centrales, resulta cuanto menos escasa. Una recuperación, además, constantemente puesta en duda por las recaídas de uno u otro lado, y los ‘golpes’ constantes, como la reciente desaceleración de China o el hundimiento de las materias primas, con el petróleo a la cabeza.

Bill Gross o Carl Icahn se encuentran entre las voces que ‘denuncian’ como las políticas ultra-acomodaticias nos han dejado eligiendo entre riesgo y riesgo. En concreto, el segundo señala que "si los bajos tipos de interés fueran la panacea, nunca tendríamos recesiones, ni estas crisis, ni estos pánicos".

Reconoce que "la Fed nos salvó en 2008, pero ahora podríamos argumentar que nos metieron en problemas en 2002 y 2003". Considera que las consecuencias finales de este flujo constante de dinero barato son "un peligro desconocido". Y es que, explica, el creciente balance de la autoridad monetaria estadounidense mantiene al inversor medio "sin un lugar al que acudir más allá de la renta variable o los bonos high yield".

Mientras, el ‘rey de los bonos’ considera que los tipos de interés bajos, o en cero, "parecen hacer maravillas en los activos y, por un tiempo, incluso estabilizar las economías reales, pero traen un ‘equipaje’", que según se prolongan en el tiempo se hace más y más pesado. Explica que "destruyen la función del ahorro del capitalismo" y "acaban con los modelos de negocio existentes". En su opinión, "no son la cura, son parte del problema".

Coincide el siempre bajista Marc Faber en este diagnóstico al afirmar que "los bancos centrales no resuelven los problemas, sino que los posponen. Así, después de años de recuperación "hay enormes distorsiones en los mercados y esto con el tiempo se resolverá con una deflación masiva en los precios de los activos".

Por el contrario, el Nobel de Economía, Paul Krugman, pedía a la Fed que no llevará a cabo su primera subida de tipos en diciembre porque tanto la inflación como el crecimiento salarial, aunque han repuntado, no se encuentran en niveles de antes de la crisis. Además, advertía sobre el impacto negativo de la fortaleza del dólar para el resto del mundo.

Joseph Stiglitz, también laureado con el Nobel de Economía, se sumaba a su postura, señalando que la recuperación distaba mucho de haberse consolidado. Al tiempo que Warren Buffett avisaba sobre el peligro, vía exportaciones, de las divergentes políticas monetarias de ambos lados del Atlántico.