Algo huele a quemado en Nike

Los buenos resultados empresariales de Nike, el mayor fabricante de ropa y calzado deportivo del mundo, contrastan con las continuas acusaciones de sus malas prácticas durante las últimas décadas. El galardón a ‘Persona de Negocios de 2015’ para Mark Parker (CEO de Nike) no hace sino maquillar las sombras que siguen acechando a la multinacional estadounidense.

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Las sombras de Nike

La reputación de Nike ha sido puesta en tela de juicio durante años. Ha sido acusada en numerosas ocasiones de priorizar únicamente su resultado financiero contratando incluso a niños en distintos países asiáticos donde se encuentran la mayoría de sus fábricas. De hecho en el año 1996 la revista ‘Life’ publicaba la foto de un niño cosiendo un balón de fútbol de la firma Nike. A partir de aquí comenzaba el caso más sonado que ha empañado la imagen de una de las marcas más famosas a nivel mundial.

En el año 2003 conocíamos que Nike tenía que pagar 1,5 millones de dólares a la ‘Fair Labor Association’, un grupo sin ánimo de lucro fundado en 1999 para supervisar que las empresas cumplan un código de conducta y para asegurarse de que los productos no se fabrican en condiciones laborales de explotación. El ‘caso Kasky’, que así se llamó debido a que la denuncia la interpuso un consumidor llamado Mark Kasky, sostenía que Nike violó las leyes californianas de falsa publicidad y práctica comercial desleal ya que "no garantizaba a los trabajadores un salario para vivir, atención a la salud o que las condiciones de trabajo no cumplían con las leyes locales". (Según una ley de protección al consumidor de California, cualquiera puede demandar judicialmente a una empresa por falsa propaganda).

El juicio se iniciaba en 1998, pero las acusaciones contra la multinacional Nike se habían sucedido a lo largo de la década de los 90 cuando distintas organizaciones que luchan por los derechos humanos y de los trabajadores criticaron a la multinacional norteamericana por las condiciones laborales de sus empleados en China, Vietnam, Indonesia o Tailandia, donde Nike fabrica la mayor parte de su ropa y calzado deportivo. (De hecho tan sólo un 4% de su producción se hace en Estados Unidos).

Entre otras acusaciones se encontraban la falta de seguridad en las fábricas donde los empleados estaban expuestos a productos químicos perjudiciales, el uso de mano de obra infantil, las largas jornadas laborales con salarios irrisorios, muy por debajo del mínimo del país, y hasta denunciaban los abusos verbales, físicos y sexuales que recibían los trabajadores.

La primera reacción de Nike fue negar toda la responsabilidad sobre las malas prácticas en las fábricas y emprendió una campaña publicitaria para desmentir estas acusaciones. Una vez el juicio se puso en marcha, la firma deportiva señaló a los subcontratistas de las fábricas, originarios de distintos países de Asia, como los culpables.

Tras el juicio, Nike decidió establecer un código de conducta sobre prácticas laborales y ambientales para su red de proveedores y contrató a firmas de auditoría para que llevasen a cabo inspecciones de seguridad. Elevó la edad mínima para trabajar en las fábricas de calzado a 18 años y a 16 años en las de prendas y equipos deportivos.  Además creó un sistema de incentivos para aquellos proveedores que mejoren las condiciones de sus trabajadores.

Pero, a pesar de todas estas iniciativas, Nike continúa siendo el centro de las críticas y ataques de los movimientos ‘anti-sweatshop’ (fábricas de mano de obra esclava), quienes siguen asociando la firma norteamericana con malas prácticas.

De hecho, desde el año 2006, 16 proveedores de Nike en Asia han sido denunciados por el Consorcio de Derechos de los Trabajadores de Estados Unidos por supuestas violaciones relacionadas con el pago de horas extras y el abuso de los trabajadores.

En 2011 empleados indonesios que fabrican calzado Converse (marca que pertenece a Nike) denunciaron que sus supervisores les golpeaban e insultaban en el puesto de trabajo. Tres años después, en 2014, y unos meses antes de empezar el Mundial de fútbol de Brasil, Greenpeace denunciaba el uso de sustancias tóxicas en productos Nike.

Luces entre las sombras

Pero a pesar de la mala imagen que sobrevuela la firma originaria de Oregón, sus beneficios no dejan de crecer. De hecho han aumentado sin cesar desde la década de 1990, y especialmente durante los últimos cuatro años.

Con un valor de mercado de casi 64.000 millones de dólares, la cifra de negocio de la multinacional de ropa y calzado deportivo entre septiembre y octubre de 2015 sumó un total de 7.686 millones de dólares, un 4,1% más que en el mismo periodo de 2014. Sus ventas subieron un 9% en Norteamérica, así como un 24% en China y un 17% en Japón.

Y estos datos se asocian a la buena gestión que está realizando Mark Parker, presidente y consejero delegado de Nike. "Nuestro fuerte crecimiento de los resultados demuestra el buen momento de Nike", explicaba Parker, que además ha sido elegido por la prestigiosa revista Fortune como ‘Persona de Negocios de 2015’, reconociendo su gran labor al frente de la firma deportiva. Desde que en 2006 se convirtió en CEO de la empresa, Parker ha conseguido duplicar las ventas de Nike.

Pero el dominio del mercado de Nike últimamente se está viendo amenazado por la aparición de otros competidores que están teniendo ventas millonarias y se están haciendo con grandes patrocinios.  Aunque Nike mantiene ‘en sus filas’ a grandes figuras internacionales como Kobe Bryant, LeBron James, Roger Federer o Cristiano Ronaldo.

El máximo ejecutivo de la compañía estadounidense se ha mostrado positivo ante la celebración en el verano de 2016 de la Eurocopa de fútbol y los Juegos Olímpicos en Brasil, una época en la que se dispararán las ventas de distintos productos Nike.