El trasfondo de la economía estadounidense

Un mensaje hawkish de la mayor parte de los miembros del FOMC que se contrapone con cierto debilitamiento en los datos macro. Los mercados siguen dudando sobre cuándo será el momento idóneo para la próxima subida de tipos. Algo que dependerá no solo de la evolución económica, sino también del candidato que gane las elecciones y sus ideas para impulsar el crecimiento.

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"Después de un mes de agosto bastante bueno, los últimos registros de ISM y Payrolls han decepcionado, levantando dudas en torno al timing de las subidas", indican desde el departamento de análisis de Bankinter. Lo cierto es que casi nadie espera ya que la Fed vaya a subir en su próxima reunión del 21 de septiembre, a juicio de los expertos, habría que desplazarse en el calendario hasta 2017 para empezar a ver probabilidades de subida claramente por encima del 50%.

Y todo por unos datos económicos que han dinamitado las fuertes expectativas sobre el crecimiento económico en el país en los últimos meses. Para empezar, el PIB del segundo trimestre se acaba rebajar a la baja al 1,1%, frente al 1,2% esperado. Pero es el dato de empleo el que más preocupa. No solo a los estadounidenses. Sino también a la Fed.

Tras la euforia por unos inmejorables datos en julio, las cifras del mes de agosto han echado por tierra la perspectiva de una segura subida de tipos en septiembre por parte del organismo monetario. En el periodo, la economía estadounidense tan solo 151.000 empleos, muy por debajo de los 180.000 que esperaba el mercado y dejando la tasa de paro invariable en el 4,9%.

Un escenario para cada candidato

Para los expertos de Lombard Odier, la victoria de Trump supondría más trabas para la política acomodaticia de la Fed, algo que llevaría a los mercados a reajustar los precios de la estructura de los plazos de los tipos de interés, "colocándolos en un nivel superior". Los expertos consideran que "una Fed con una postura más restrictiva, las presiones inflacionistas y los riesgos de sobrecalentamiento plantearían una combinación que generaría un riesgo elevado de que el dólar se revalorice con fuerza", advierten desde la firma.

A juicio de los expertos, una victoria de Clinton daría más probabilidades a la renovación de Yellen como presidenta de la Fed, y daría además continuidad a políticas similares a las del presidente Obama como la Ley Dodd-Frank o la de atención sanitaria asequible. Sin embargo, desde la firma reconocen que con una Cámara controlada por los republicanos, los planes más ambiciosos de Clinton podrían verse truncados, como el programa de inversiones en infraestructuras y cualquier expectativa de nuevos estímulos. "Podría haber margen para un acuerdo en la cuestión de la reforma fiscal corporativo, que permitiría a las empresas estadounidenses repatriar beneficios del extranjero, que actualmente se mantienen fuera del país para evitar un impuesto del 35%", indican los expertos, recordando además la importancia de un gobierno unido para eliminar el riesgo de episodios como una pugna por el techo de la deuda.

Por otro lado, la victoria de Trump traería más incertidumbre al mercado, ante las declaraciones de campaña a favor de ejecutar un impago parcial de la deuda interna. Los expertos recuerdan que el plan económico de Trump pasa por recortes fiscales a gran escala. "Suponiendo que la economía haya dejado de padecer una notable deficiencia de la demanda y que esté cerca del pleno empleo, una rebaja de impuestos de tal calibre podría sobrecalentar la economía, provocando un fuerte aumento de la inflación y los tipos de interés", aseguran.

¿Qué opinan los mercados?

Steen Jakobsen, economista jefe de Saxo Bank, lo tiene claro, las elecciones estadounidenses son el "próximo evento de riesgo" (dejando atrás el Brexit y los posibles escenarios macro que podamos ver a continuación). Tajante se muestra también respecto a los candidatos, la demócrata Hillary Clinton "se encamina hacia una plataforma anti-negocio", mientras que el republicano Donald Trump "está apostando por sacar un ticket anti-sistema".

Ninguna de las dos opciones, señala, "sería buena para los mercados". Es más, advierte con la sorpresa antieuropea británica, "tengo el presentimiento de que Trump llegará a la Casa Blanca", aunque, en cualquier caso, cree que "estos dos candidatos son los peores que se han ofrecido al público de Estados Unidos en la historia".

Afirma que el republicano "será negativo para el dólar, su famosa política exterior no sólo es un paso atrás, sino que además veremos a muchas compañías salir corriendo del país. La demócrata, por su parte, será mala para los bancos y otros ‘capitalistas’. No hay que olvidar que ella ya trató de socavar a las empresas estadounidenses cuando Bill Clinton estaba en la Casa Blanca".

En su opinión, "no se trata de programas políticos específicos o visiones, sino de desbancar el status quo (…) creo que va a coincidir con un nuevo mínimo en la actividad económica, la inflación y el crecimiento en los próximos tres meses". Y, más allá, pronostica: "Llegado el verano de 2017, veremos un dólar mucho más débil, un oro más alto, un mercado de valores que caerá un 20-25% antes de recuperarse, y nuevos mínimos en los rendimientos de la deuda pública del G7. Mi enfoque personal será una cartera clásica permanente basada en ponderar un mayor riesgo cuando el mercado está abajo y tomando beneficios cuando sube".

Más calmados se muestran los analistas de S&P Global Market Intelligence Equity Research al apuntar que, salga quien salga elegido, no tendrá el apoyo necesario para poner en práctica la totalidad de sus ideas y programas. Con todo, sobre la base de las mismas han elaborado un estudio en el que señalan cuáles sectores se verán más afectados por ellos y por qué.

La industria de consumo se verá impactada por la legislación sobre el salario mínimo; productos básicos por la de inmigración; energía por el apoyo a las renovables; finanzas por la regulación Dodd-Frank; salud por la Affordable Care Act; manufacturas por los gastos en defensa; tecnología de la información por los ingresos e impuestos a extranjeros; materiales por la relaciones comerciales entre China y Estados Unidos y el acero; telecomunicaciones por la ‘neutralidad’ de la Red; y utilities por la cuestión del carbón.

En cualquier caso, recordemos que a principios de año Barclays señalaba que no aguardaban, a pesar de las elecciones, inestabilidad política. Pues, parece poco probable que se produzcan reformas legislativas a gran escala tras el activo periodo 2010-2012; además, Paul Ryan ha demostrado ser un negociador eficaz y ha reducido considerablemente el riesgo de un shutdown en el Congreso; asimismo, los miembros de la Cámara deberían haber aprendido la lección durante la "crisis" del techo de deuda de 2011: "La falta de acuerdo y la rebaja del rating de Estados Unidos desembocaron en una caída del 18% para el S&P 500", recordaban.