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Ahorrar solo es una parte para lograr una buena salud financiera

Son muchas las personas que ahorran durante toda su vida para crear un colchón financiero que les de tranquilidad. Sin embargo, ahorrar supone solo el primer paso para lograr una buena salud financiera. Debido a la inflación, si no se invierte el dinero ahorrado, se pierde cada año el 2% del valor del dinero.

22 DE octubre DE 2019. 08:00H Patricia Malagón

Ahorrar es una meta que la mayoría de las personas se ponen a lo largo de su vida laboral. Ahorrar permite tener un colchón financiero para dotar a las finanzas personales de estabilidad y tranquilidad. Pero, no siempre es suficiente debido al fenómeno económico conocido como inflación. Por eso, si el objetivo es llegar a la edad de jubilación con una salud financiera inmejorable la inversión se muestra como llave maestra para solventar los problemas que la inflación impone al dinero ahorrado a lo largo de los años.

El ahorro

Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en el segundo trimestre de 2018 – el último del que se tienen datos – la tasa de ahorro de los hogares e instituciones sin ánimo de lucro se colocó en el 12,5% de la renta disponible. Un dato que la sitúa en el nivel más bajo desde el mismo trimestre del año 2007. Además, se ha reducido en dos puntos porcentuales con respecto al mismo periodo de 2017. Todo ello a pesar de que la renta disponible bruta de los hogares se ha incrementado un 1,5% llegando a los 196.907 millones euros. Sin embargo, el gasto se ha situado en los 172.359 millones.

El indicador que mide el ahorro se situó muy cerca de la media de la zona euro en el año 2010, sin embargo, la tasa de ahorro de los hogares ha ido cayendo y se aleja mucho del 17,8% de los hogares alemanes, que son los más ahorradores. Aunque, contra todo pronóstico el informe Millennials Saving Report 2019 ha señalado que los jóvenes europeos de entre 20 y 35 años que más ahorran son los españoles con una media de 188 euros mensuales.

Librarse de la inflación

Una gran parte de las personas que consiguen ahorrar y almacenar una pequeña fortuna personal no se lanzan a dar el siguiente paso: invertir. Lo que sucede si no se da el segundo paso es que el fenómeno económico conocido como inflación comienza a minar el poder adquisitivo del dinero ahorrado. La inflación se entiende como el proceso económico provocado por el desequilibrio existente entre la producción y la demanda; causa una subida continuada de los precios de la mayor parte de los productos y servicios, y una pérdida del valor del dinero para poder adquirirlos o hacer uso de ellos.

“Invertir es fundamental por una razón muy sencilla: el dinero pierde valor con el tiempo debido a la inflación. Estamos acostumbrados a que nos presenten una inflación moderada (en torno al 2%) como algo bueno, incluso deseable. Lo que cuesta más ver es que la inflación nos empobrece, pues nuestro dinero cada vez tiene menos capacidad de compra. El café que hace unos años te tomabas por 1€, ahora te cuesta 1,20€. Es el mismo café y la misma moneda de 1€, pero ahora con ese euro no puedes pagar el café.”, explica el analista financiero Eugenio Díaz Laborda.

Una postura que refuerza Antonio Aspas, socio de la gestora Buy&Hold: “Ahorrar es solo la mitad de la ecuación para conseguir una estabilidad financiera en el futuro, ya sea para la jubilación, en un entorno en el que la sostenibilidad de las pensiones está cada vez más en duda, o para la llamada independencia financiera, que es tener suficiente capital para poder vivir sin trabajar”.

En definitiva, la inflación supone que cada año el dinero ahorrado pierda un 2% de su valor. A lo largo de 10 años habrá perdido el 20% y en 20 años el 40%. Un proceso económico que se da en economías como la española y que no termina de ser reconocido por el gran público, que se centra en ahorrar sin poner en funcionamiento su dinero para salvar el problema que supone la inflación en el largo plazo.

Aspas va más allá y plantea el siguiente ejemplo para comprender cuánto de importante y beneficioso es invertir: “Si una persona ahorra 6.000 euros al año durante 35 años habrá ahorrado 210.000 euros, si ese dinero lo invierte y consigue una rentabilidad del 2% anual – que salvaría la inflación – habrá obtenido 300.000 euros. Pero, si la rentabilidad de lo invertido es del 4% tendrá 442.000 euros, con un 6% tendrá 668.000 euros y con un 8% lograría 1.034.000 euros”, comenta.

Invertir: ¿cómo y dónde?

El mercado ofrece un amplio abanico de inversiones. Desde la renta variable, pasando por la renta fija y terminando por las inversiones alternativas. Lo cierto es que en estos momentos “buscar valor es como buscar agua en el desierto, cada vez es más complicado”, asegura José María Lecube, director de renta fija de Dunas Capital Asset Management.

Tanto la renta variable como la renta fija presentan serios problemas. La renta fija se ha visto afectada por las políticas de los bancos centrales y muchos de los bonos tanto soberanos como corporativos han perdido mucho valor. “Los bonos corporativos siguen disfrutando de una importante prima de rendimiento sobre los bonos soberanos. Un crecimiento económico más lento pero positivo, unas condiciones de refinanciación ventajosas y, por consiguiente, la perspectiva de unas tasas de impago bajas sigue haciendo atractivas las inversiones en crédito.”, señala Volker Schmidt, gestor senior de Ethenea.

Desde la gestora francesa AXA IM destacan la buena oportunidad que presenta la inversión en bonos High Yield americanos. “En los últimos quince años encontramos que el High Yield americano se ha comportado mucho mejor que el S&P 500 en el mismo periodo”, comenta Jaime Albella, director de ventas de AXA IM. Sin embargo, a pesar de los buenos datos que ofrecen estos bonos con un riesgo alto, “el inversor español los desconoce, no apuesta por ellos y se está perdiendo un gran activo que aporta buena rentabilidad en la cartera”, añade Albella

Aunque, para el analista financiero Rafael Ojeda la mejor manera de salvar la inflación “ahora mismo es invirtiendo en renta variable porque la rentabilidad que está ofreciendo la renta fija es absolutamente ridícula. La mejor receta es inversiones en renta variable con un horizonte temporal a medio y largo plazo. Si compramos acciones que ahora están baratas tarde o temprano el mercado las pondrá en precio”.

Conocer nuestro perfil

Una de las partes más fundamentales para un inversor a la hora de acertar con la inversión que quiere realizar es conocer su perfil de aversión al riesgo. En la mayoría de las gestoras y EAFIs se proporciona un cuestionario a cada inversor para conocer mejor cual es el perfil de cada uno. “El perfil depende de la edad, del dinero que se tenga ahorrado, de cuánto se quiera invertir, de la expectativa de rentabilidad que se quiera conseguir y de la situación económica de ese momento”, señala Ojeda. Lo cierto es que “todos los inversores queremos la máxima rentabilidad. Pero si buscamos una rentabilidad superior al 8% tendremos que asumir una volatilidad para la que igual no estamos preparados”, advierte el analista económico.

¿Qué rentabilidad se puede tener?

En lo que va de año, todas las categorías alcanzan buenas rentabilidades. Hasta julio se elevan al 4,9% en las carteras conservadoras; el 6,5% en las carteras agresivas y el 8,1% en las moderadas, según señala el último Barómetro de Carteras en España de Natixis Investment Managers. En todas ellas, se conseguiría salvar la inflación y obtener un buen retorno.

Por su parte, en lo que va de año los fondos de inversión acumulan una rentabilidad positiva del 5,61%, lo que supone la mejor rentabilidad alcanzada hasta un mes de julio de toda la serie histórica, según señalan los datos de Inverco.

¿Fondo de inversión o plan de pensiones?

Esta es otra de las preguntas que los inversores se hacen y cuya respuesta depende fundamentalmente de la mentalidad de inversión que se tenga. Una de las principales diferencias es que en los fondos de inversión se puede retirar el dinero en cualquier momento sin limitaciones. Mientras que en un plan de pensiones existen ciertos requisitos de permanencia, como la obligación de no poder sacar dinero en 10 años.

El resto de diferencias se encuentran en el tratamiento fiscal. Las aportaciones a los planes de pensiones, con un máximo de 8.000 euros anuales, desgravan en la declaración de la Renta. Esto es importante teniendo en cuenta que en la legislación española una persona con una renta superior a 60.000 euros tributa con un tipo de 45%, mientras que si tiene una renta inferior a esta cantidad lo hará por el 37%.

En cuanto a los fondos de inversión, Hacienda aplica una retención del 19%. Pero no es lo único que se debe pagar. Si la inversión no reporta beneficios superiores a 6.000 euros solo se paga el 19%, si supera la cantidad se aplican otras retenciones en la declaración de la Renta. Con unos beneficios de entre 6.000 y 50.000 euros la retención es del 21%, mientras que si supera esa cantidad es del 23%. Es decir, en un primer momento se paga el 19% y después se aplica otra nueva retención que puede ser del 2% o del 4%.


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