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¿Cuál es el precio real de los minicréditos?

27 DE junio DE 2018. 11:52H HelpMyCash

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‘Tirar de los minipréstamos’ suele ser la última alternativa a la que recurren los consumidores cuando necesitan un extra de liquidez urgente para hacer frente facturas del día a día, como un recibo que se ha disparado o una multa.

A pesar de que su presencia en el mercado ha aumentado como la espuma durante los últimos años (la Asociación Española de Micropréstamos cuenta con una veintena de miembros), la buena fama sigue sin acompañarles. Las principales críticas que levantan estos productos de pequeño tamaño vienen a raíz del precio y es que algunos aplican una TAE con hasta tres ceros.

No es raro que al pedir un minipréstamo en el contrato conste un tipo de interés del 1 % diario y una TAE de, por ejemplo, 2.000 o 3.000 %. A priori, parecen cifras escandalosas, sobre todo cuándo se comparan con las de los préstamos personales, cuya TAE media suele situarse en torno al 8 % o con la de las tarjetas, que suele ser del 21 %.

Pero ¿qué se esconde tras esos tantos por cientos? ¿Cuánto cuesta realmente un minicrédito? ¿Son realmente tan caros? No hay duda de que los minicréditos son uno de los productos de financiación más caros del mercado. Sin embargo, también son los que conceden importes más reducidos. En muchos casos, los nuevos clientes no pueden solicitar más de 300 euros. El plazo también es peculiar y dista mucho de la duración del resto de los productos: suele ser de un mes.

Si, por ejemplo, aplicásemos un tipo de interés del 8 %, habitual en los préstamos personales bancarios, a un minicrédito de 100 euros a 30 días, el coste de la financiación sería de solo 67 céntimos. Con esas cifras, difícilmente podrían sobrevivir este tipo de compañías. De hecho, los intereses apenas servirían ni siquiera para cubrir el coste de consultar si el solicitante está inscrito en ASNEF, una revisión que puede superar los 50 céntimos, según fuentes del sector.

Por ello, desde HelpMyCash señalan que la mejor forma de valorar el precio de los minicréditos online es tomar el importe y el plazo que necesitemos y comparar el coste del producto en distintos prestamistas. Por ejemplo, para un préstamo de 100 euros a 30 días, el coste medio es de unos 30 euros. Pero, sorpresa, a veces pueden contratarse incluso gratis. La gran competencia que vive el sector ha llevado a varios prestamistas a conceder el primer minicrédito totalmente gratis, sin intereses ni comisiones, es decir, con una TAE del 0 %.

Compañías como Vivus, Dinero o Ferratum ofrecen créditos gratis. Gracias a los minicréditos se pueden conseguir cantidades reducidas de dinero, algo que la mayoría de las veces no se puede lograr con los préstamos personales tradicionales. La velocidad es otro de los puntos fuertes de estos productos, ya que muchas veces permiten conseguir el dinero el mismo día en el que se solicita. Este tipo de ventajas tienen un coste.

Para que los minicréditos se concedan tan rápido, tras ellos hay un amplio equipo de análisis de riesgo y una inversión en tecnología. Muchas de estas fintech han incorporado algoritmos que permiten valorar la solvencia del cliente y cruzar decenas de datos en cuestión de minutos. La falta de trato encarece el crédito No solo el plazo y el importe influyen en la adopción de un tipo de interés u otro, también el riesgo que supone el cliente.

Mientras que los bancos suelen reservar sus préstamos para sus clientes y muchas veces no los conceden si el consumidor no lleva al menos unos meses en la entidad, las compañías de créditos rápidos online se enfrentan cada día a decenas de solicitudes de clientes a los que jamás han visto antes.

Esto conlleva un riesgo per se. Pero, además, a veces asumen un riesgo mayor que las entidades de crédito tradicionales, ya que algunas aceptan clientes inscritos en perfiles de morosidad, un segmento al que la banca se niega a atender. Esto no significa que las empresas de minicréditos no realicen un análisis de riesgo del solicitante y no rechacen aplicaciones. Revisan la situación laboral del cliente, los ingresos que recibe (nómina, pensión, etc.), su capacidad de endeudamiento e, incluso, algunas hacen un repaso de las redes sociales del usuario para saber si estadísticamente será un buen pagador. También analizan si el cliente aparece en algún fichero de morosidad y si está sobreendeudado.

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