El regreso de Da Vinci: por qué el paradigma de la superespecialización ha muerto

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En 1817 el joven escritor Henri Beyle visitaba Florencia cuando entró en la basílica de la Santa Cruz. La sensación que le produjo la belleza que allí contempló probablemente se acumuló a la que venía experimentando a lo largo de su paseo por la ciudad, y simplemente no pudo más. De repente, sintió palpitaciones, vértigo y confusión. “Me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme», escribió. Desde entonces, estos síntomas se conocen con el nombre de “Síndrome de Stendhal”, el seudónimo con el que Beyle escribía.

Muchas personas que visitan Florencia en particular, y la Toscana en general, coinciden en afirmar que es un lugar mágico, una rara estrella en el firmamento de la creación, donde la belleza puede llegar a conmocionar. Por eso es interesante preguntarse qué pudo provocar el desencadenamiento de una fuerza creativa tan arrolladora, de hecho la única manifestación de belleza que es capaz de provocar psicopatología.

Un análisis ciertamente superficial seguramente diría que el genio creativo se desarrolló debido a la financiación que proporcionaban los mecenas. Sin embargo, esto solo explica la condición, no la causa, pues es muy evidente que los recursos económicos, por sí mismos, no necesariamente fomentan la creatividad.

Una hipótesis mucho más interesante es que el talento creativo surgió por lo que conocemos como el “efecto Medici”, que nos dice que las ideas innovadoras surgen en la intersección entre distintas esferas del conocimiento y el arte. Según esta visión, lo que realmente potenció la creatividad durante el Renacimiento fue la fricción entre distintas disciplinas, como la filosofía, la ciencia o la arquitectura. De la misma manera que, mucho tiempo más tarde, la gastronomía molecular surgió entre la cocina, la física y la química, que la biomimética apareció entre el diseño y la observación de la naturaleza o que el psicodrama nació en la intersección entre el arte dramático y la psicología.

Desde el ideal renacentista del genio que sabía de todo hasta el paradigma de la superespecialización que acampó entre nosotros a finales del siglo XX se extienden casi quinientos años de evolución, en los que la ciencia ha ido creciendo de un modo abrumador. Tanto que en un momento casi llegamos a creer que el éxito profesional solo podía venir del dominio profundo de un área del conocimiento. Así apareció la idea de que los profesionales tenían que cavar en sus respectivas áreas de conocimiento todo lo profundo que pudieran, hasta obtener un altísimo grado de maestría. Sin embargo, hoy día observamos fenómenos que parecen querer acabar con ese paradigma, o al menos cuestionarlo.

El primero de ellos deriva precisamente de la idea de que existan profesionales en la empresa que han cavado tan profundo en sus áreas de especialización que son incapaces de comunicarse con otros, que viven en otras cuevas: profesionales de las finanzas que no entienden el marketing, especialistas en marketing que no entienden la tecnología, y expertos en tecnología que no saben hablar el lenguaje de las finanzas.

El segundo tiene que ver con el trepidante dinamismo de la economía y su influencia sobre los perfiles profesionales. Incluso la más superficial mirada sobre el mercado de trabajo nos devuelve la rotunda conclusión de que muchos de los empleos que son hoy tendencia hace algunos años ni siquiera existían: desarrollador de apps, wedding planner, bloguero, personal shopper, community manager, monitor de zumba, personal trainer o especialista en SEO. Todas ellas son profesiones que no se han encontrado al final de una larga trayectoria de especialización, sino que simplemente han surgido de manera paralela, de ideas e iniciativas nuevas.

La única manera en que los profesionales que viven en silos pueden comunicarse entre sí, y también la única forma en que otros pueden dar el salto a profesiones diferentes es el conocimiento transversal. Hace no tanto un estudio demostraba que los científicos poseedores del Nobel muestran una afición al arte y a las manualidades superior al de otros científicos. Si incluso en el mundo de la ciencia, único reducto donde la superespecialización parece ya posible, el conocimiento transversal potencia las habilidades de investigadores de primera línea, cuánto más no ayudará a cualquier otro tipo de profesional.

Tal vez el paradigma de la superespecialización haya muerto. O al menos tal y como lo conocemos. Tal vez, quinientos años después, tengamos que volver a mirar y a admirar a aquellos genios renacentistas y pensar que ni la ciencia ni el progreso pueden evolucionar desde silos donde no es posible el diálogo con otros ámbitos ni la reinvención profesional. Tal vez estemos en la era del necesario regreso de Da Vinci.

Jesús Alcoba, director La Salle International Graduate School of Business

deunvistazorojo

  • El déficit comercial se incrementó un 50,5% hasta abril

Las exportaciones españolas de mercancías en el periodo enero-abril crecieron un 9,8% respecto al mismo periodo del año anterior y alcanzaron los 91.537,7 millones de euros, máximo histórico de la serie para el acumulado en este periodo. Las importaciones crecieron un 12,4% hasta los 99.935,9 millones de euros. Como resultado, el déficit comercial de los cuatro primeros meses del año alcanzó los 8.398,1 millones de euros, un 50,5% más que el registrado en el mismo periodo de 2016.


  • La inflación en la Eurozona cayó al 1,4% en mayo

Los precios de la zona euro descendieron del 1,9% en abril al 1,4% en mayo, según los datos publicados por Eurostat. Irlanda, Rumanía y Dinamarca registraron las menores tasas, mientras que Estonia, Lituania y Reino Unido las mayores. Las caídas experimentadas en el grupo telecomunicaciones y en textil y calzado fueron los principales motivos del descenso.


  • El coste laboral de las empresas se estanca en los 2.500 euros

El coste laboral medio de las empresas por trabajador y mes (sueldo y cotizaciones) ascendió a 2.481,75 euros en el primer trimestre, por lo que permanece neutral respecto al mismo periodo de 2016. Con esta congelación se pone fin a cuatro trimestres consecutivos de caídas.


  • El PIB del G20 creció un 0,9% en el primer trimestre

La actividad de los países miembros del G20 experimentó un crecimiento del 0,9% hasta marzo, similar al del cierre de 2016, según los últimos datos de la OCDE. En tasa interanual, la variación fue del 3,4%. India fue la economía que más creció (1,5%), por delante de China (1,3%) e Indonesia (1,2%). Sudáfrica (-0,2%) y Reino Unido (0,2%) registraron las peores evoluciones del periodo.    

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