Las marcas de la vergüenza

A todo el mundo le gusta vestir ropa de marca, tener el mejor smartphone del mercado y decorar la casa con clase y elegancia. Pero, ¿conocemos todas las caras del bienestar? Mantener nuestro nivel de vida tiene un precio muy alto que nunca pagamos nosotros… 

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Obligados a trabajar horas extras, sin poder reunirse en sindicatos, o incluso amenazados con ser despedidos sólo por estar enfermos; así trabajan muchos de los empleados de grandes marcas textiles en sus fábricas de Camboya, China, Tailandia, Marruecos, etc. El empleo de menores de edad, muchas veces niños, también es habitual en estas ‘naves’ donde se realiza la moda que nosotros compramos.

Hace apenas unos meses, la cadena británica BBC reabrió el debate sobre la explotación laboral. En el videoreportaje que publicaron se mostraba una fábrica de Apple en China, donde las condiciones de trabajo no son precisamente las mejores. Un periodista de la cadena televisiva vivió en primera persona las jornadas intensivas de 18 días seguidos sin días libres haciéndose pasar por un trabajador más.

Sin embargo, esta no es la primera vez que tanto Apple, como otras compañías son señaladas por explotar a sus trabajadores para producir bienes para las naciones occidentales. En muchas ocasiones los empleados trabajan sin descanso, expuestos a máquinas y sustancias peligrosas, e incluso son menores de edad.

Según el Foro Internacional del Trabajo, fabricantes de ropa como Abercrombie&Fitch, Mango, Dolce&Gabanna o Burberry no han respondido a las normas laborales justas o no han mejorado las condiciones de trabajo de sus empleados. La última compañía en sumarse a esta lista ha sido Gucci, que se ha visto obligada a despedir a varios de sus gerentes en China, después que trabajadores de su mayor tienda en el país publicaran en Internet una carta de denuncia a la empresa por trato inhumano y otras violaciones de sus derechos laborales.

Marcas de ropa deportiva, como Nike y Adidas, se basan en el trabajo de los empleados de Indonesia para producir sus zapatillas. Estos trabajadores viven en la pobreza extrema y sufren incluso agresiones físicas. En las 11 fábricas que Nike tiene en Indonesia se producen 55 millones de zapatos cada año, calzado que estas personas no se pueden permitir. Un auténtico sin sentido que no solo se da en países subdesarrollados.

Inditex, la corporación española propiedad de Amancio Ortega, ya ha sido denunciada varias veces por abusos a sus trabajadoras y por explotación laboral por ejemplo, en sus talleres de Tánger y Marruecos. Según un estudio de la ONG Campaña Ropa Limpia, sus empleadas trabajan 12 horas diarias sin paga adicional, humillaciones físicas y verbales, a cambio de un salario de 200 euros mensuales.

Primark también ha estado algunos meses en el punto de mira después de que algunas personas publicasen fotografías donde mostraban la etiqueta de prendas compradas en esta tienda. En ellas, trabajadores habían borrado mensajes de auxilio como: "Degradantes condiciones en fábrica explotadora".

Desgraciadamente estas prácticas no solo las llevan a cabo empresas de ropa, sino que ahora la explotación va mucho más allá. Tiendas de muebles, como Ikea y Walmart, cadenas de restauración como McDonalds o tiendas en línea como Amazon también están incluidas en esta ‘lista negra’ de explotación. El caso más sorprendente, si cabe, es el de Amazon, cuya tienda en línea en Alemania ha resultado ser toda una pesadilla donde los empleados están intimidados por guardias y sufren condiciones laborales extremas. La televisión pública alemana, ARD, emitió un documental en el que se revela que empleados temporales reclutados para la campaña navideña fueron obligados a trabajar largas jornadas, incluso durante 15 días seguidos.

Un útimo informe titulado ‘Human Rights Watch. Trabaja más rápido o vete; violación de derechos laborales en el sector de la indumentaria en Camboya’. Las leyes laborales del gobierno de Camboya son muy poco rigurosas y, además, las marcas obstaculizan que haya una supervisión de las condiciones de trabajo.  El sector de la indumentaria y el textil son cruciales en la economía del país. Las exportaciones de ropa y textiles también.

En 2013, las exportaciones mundiales de Camboya ascendieron a alrededor de 6.480 millones de dólares, de los cuales las exportaciones de prendas de vestir y textiles representaron más del 76%. Algunas señales dieron la voz de alarma para que Human Rights Watch, junto con multitud de asociaciones como la Coalición Social Democrática de Trabajadores del Sector de Indumentaria en Camboya o Better Factories Cambodia (BFC), decidieran comenzar a investigar.

Protestas salariales, trabajadores que se desmayan o complicados procesos para inscribirse en sindicatos mostraron la necesidad de profundizar en la situación laboral camboyana, que ha resultado ser un foco de explotación.

En el informe se citan algunas conversaciones mantenidas con empleados de fábricas de distintas marcas, entre las que se incluyen Adidas, Armani, H&M o Gap. Un caso es el de Devoum Chivon, que ayudó a crear un sindicato en su fábrica y fue elegido presidente a finales de 2013. A los pocos días, los dirigentes de la fábrica le presionaron para abandonar el sindicato y le ofrecieron un soborno, que él rechazó. La gestión entonces criticó el empeño laboral de los líderes sindicales y los despidió. O

tro ejemplo es de Leouk Thay, trabajadora de una fábrica textil con contrato de cuatro meses que le iba siendo renovado. Un día de noviembre de 2013 tuvo una severa hemorragia en la nariz y pidió ir al médico. Aunque sus jefes le dijeron que volviese al trabajo, ella fue a un médico y volvió al día siguiente con un certificado para una operación de nariz. Thay fue despedida inmediatamente.

Según explica el informe de HRW, "contrariamente a las afirmaciones de la Asociación de Fabricantes de Ropa de Camboya (GMAC en inglés), de que las fábricas que usan contratos a corto plazo repetidamente son "ovejas negras", BFC informa que el número de fábricas encuestadas que cumplían la regla de los contratos cortos de dos años bajó de un 76% en 2011 a un 67% en 2014. Desde 2011, BFC ha encontrado que cerca de un tercio de las fábricas usan estos contratos cortos para evitar el pago de prestaciones de maternidad y antigüedad".

Estas prácticas son más comunes en fábricas pequeñas que son subcontratistas de otras más grandes dedicadas a la exportación, lo que obstaculiza el que los trabajadores reivindiquen sus derechos por miedo a ser despedidos fácilmente.

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