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Cómo calcular si te puedes permitir una hipoteca

La previsión financiera es fundamental para poder hacer frente a los pagos.

05 DE noviembre DE 2020. 18:13H HelpMyCash

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La pandemia mundial de la covid-19 coincide, paradójicamente, con un buen momento para comprar una vivienda: los precios de los inmuebles están bajando y los préstamos hipotecarios tienen unos intereses muy bajos. En este contexto, es más que probable que muchos se planteen adquirir un inmueble, pero ¿podrían permitirse contratar un crédito teniendo en cuenta la situación actual? Una manera sencilla de averiguarlo es utilizar un simulador de hipotecas como el de HelpMyCash.com para calcular cuál sería el importe de las mensualidades y valorar si se podría afrontar su pago y el de los otros gastos relacionados con la operación.

Calcula si podrías pagar las cuotas

Con la calculadora del comparador financiero HelpMyCash se puede saber qué cuota tendría un préstamo hipotecario con un importe, un plazo y un interés determinados. Tras obtener el importe de esa posible futura mensualidad, hay que asegurarse de que esta no supere el 35% de los ingresos mensuales netos de los titulares, que es el porcentaje que el Banco de España aconseja dedicar como máximo al pago de las deudas financieras (hipoteca, préstamos, tarjetas de crédito…).

Pongamos, por ejemplo, que dos personas quieren contratar una hipoteca conjuntamente: una de ellas cobra 1.600 euros al mes y otra tiene un salario de 1.300 euros. En este caso concreto, la mensualidad del préstamo hipotecario, junto a las cuotas de las otras deudas, no debería superar los 1.015 euros, que es el 35% de la suma de los ingresos de los titulares (2.900 euros).

Al calcular la cuota de la futura hipoteca, eso sí, hay que tener en cuenta que esta podría encarecerse a lo largo del plazo si en algún momento no se cumplen las condiciones de bonificación o si el interés es variable y el índice de referencia (el euríbor) sube. Es importante, por lo tanto, valorar si podrían pagarse las mensualidades si se dieran esas circunstancias. 

Asegúrate de disponer de los ahorros suficientes

Poder pagar las cuotas es imprescindible, pero también lo es poder hacer frente a los gastos iniciales asociados a la adquisición de una vivienda con una hipoteca. En este punto conviene recordar que, por lo general, los bancos financian hasta el 80% del valor del inmueble, así que el comprador debe tener ahorros para abonar el 20% restante. A esto hay que sumar, además, un 10% adicional que equivale al precio de las costas de formalización de la compra (aranceles notariales y registrales, impuestos, etc.).

Pongamos, por ejemplo, que un potencial comprador quiere adquirir, con financiación bancaria, una vivienda de unos 200.000 euros. Para que una entidad le diera una hipoteca tendría que aportar, de su bolsillo, el 30% del precio de la operación, lo que serían unos 60.000 euros en total.

No disponer de esos ahorros reduce considerablemente las probabilidades de conseguir financiación para hacer frente a la compra. Es cierto que hay bancos que cubren algo más de ese 80%, pero no es lo más habitual y suelen hacerlo solo en situaciones especiales (si el cliente tiene muy buen perfil, si se adquiere uno de sus pisos, etc.). 

Ten en cuenta los gastos extra

Finalmente, hay que tener presentes todos aquellos gastos adicionales asociados a la compra de una vivienda y a la contratación de una hipoteca. En esta categoría se incluye el coste de la tasación, el de los impuestos y tasas para propietarios (el IBI, la tasa de residuos, comunidad…), el de la posible comisión de apertura del préstamo y el de los productos adicionales que se suscriban (las primas del seguro de hogar, por ejemplo).

Con todos estos gastos en mente, el potencial comprador deberá valorar si podría hacer frente tanto a los gastos iniciales de la operación como a los mensuales y anuales que abonaría durante la vida de la hipoteca. En caso de verse capaz de abonarlos sin problemas, también es aconsejable, según HelpMyCash, que se asegure de cumplir los requisitos de solvencia que exigen los bancos: tener unos ingresos más o menos elevados, contar con una situación laboral estable y tener pocas deudas.

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