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Diez años de la quiebra de Lehman Brothers: ¿Se ha aprendido de todo?

Los inversores y las autoridades han aprendido lecciones, pero podríamos estar mirando en la dirección equivocada en busca de las próximas turbulencias.

07 de septiembre de 2018. 10:43h Héctor Chamizo
  • Diez años de la quiebra de Lehman Brothers: ¿Se ha aprendido de todo?

Ya ha pasado una década desde que el hundimiento de Lehman Brothers desencadenara una oleada de deflación en los precios de los activos que no solo provocó sacudidas en las bolsas y también en los mercados inmobiliarios y en la economía real. La cuestión es si sigue habiendo daños colaterales y si se ha conseguido extraer un aprendizaje.

Según Paras Anand, gestor de activos de Fidelity, Sus efectos secundarios siguen sintiéndose en todos los ámbitos, desde la política hasta la mentalidad de los inversores, por lo que los cataclismos de 2008 parece que sucedieron ayer.

En opinión de Nick Clay, gestor principal del Newton Global Income, fondo de BNY Mellon IM, “no hemos aprendido nada y la adicción simplemente se ha intensificado”. El experto añade que la deuda mundial, ya sea gubernamental, financiera, de los hogares o de las empresas, tanto del mundo desarrollado como en desarrollo, “ha aumentado de forma considerable desde el estallido de la crisis financiera”.

Además, la deuda continúa viéndose respaldada en gran medida por el valor de los activos en vez de por la solvencia de los prestatarios, lo que inevitablemente nos recuerda a la burbuja inmobiliaria previa a la crisis. Esta idea de que el valor de ciertos activos 'siempre sube' está a punto de verse cuestionada, una vez más, con el paso de la expansión cuantitativa a una gradual restricción cuantitativa (QT).

El experto de BNY Mellon explica que si se demuestra que es posible retirar los estímulos de la última década sin provocar una nueva crisis, podremos afirmar que “la expansión cuantitativa es la nueva herramienta que los bancos centrales usarán de facto para gestionar su política monetaria en el futuro”. Pero si, por el contrario, la restricción monetaria pone de relieve lo insostenible de esta adicción, “nos daremos cuenta de que no hemos aprendido nada”.

Clay, por su parte, piensa que no parece probable que “se pueda producir otro colapso financiero como el desencadenado por la quiebra de Lehman”. En primer lugar, las causas últimas parece que se han atajado: los bancos mantienen unos niveles de capital mucho más altos para cubrir sus carteras de créditos, las normas de concesión de préstamos se han endurecido y los precios de los activos se han recuperado.

Una de las enseñanzas, argumentan Thomas Herbert y Michael Blümke, gestores de cartera de ETHENEA Independt investors, es "reducir significativamente los riesgos" y, si no es posible, "evaluar totalmente el alcance de una crisis". También es importante ver las decisiones que "se tomaron en aquel momento". En su caso, la reducción sustancial del riesgo en los fondos "no fue una decisión fácil", aseguran pero, en retrospectiva, "fue la correcta".

Así las cosas, a pesar de la fuerte revalorización de los activos durante los últimos años, los inversores han mantenido la cautela y han huido del optimismo inherente que llevó a tantas personas a apalancarse para exponerse a las alzas de los precios de los activos.

Un aspecto interesante es que los actores del mercado hacen hoy en día más hincapié en los análisis macroeconómicos y geopolíticos a la hora de determinar su estrategia de inversión. Estas inquietudes, concreta Clay, “no eran tan visibles en el periodo previo a la crisis, pero ahora dominan el debate en lo que constituye una consecuencia directa de la crisis financiera y otras crisis acaecidas desde entonces, desde la crisis de deuda pública de Europa hasta las perturbaciones actuales en Turquía y otros mercados emergentes”.

A largo plazo, la correlación entre las evoluciones macroeconómica, geopolítica y política, y la dirección de los mercados de activos es, cuando menos, difusa. A menudo, estas turbulencias se expresan de formas aparentemente contradictorias como sucedió, por ejemplo, en 2016, cuando los mercados de bonos y acciones siguieron comportándose bien a pesar del resultado del Brexit y la elección de Donald Trump.

Agencias de calificación crediticia

Si algo nos enseñó la quiebra de Lehman Brothers fue la cautela a la hora de valorar los activos o no de riesgo. El papel de las agencias de calificación quedó en entredicho. Por tanto, ¿se habrá revertido la situación?

Como opiniones independientes que no se ven afectadas por los conflictos de intereses, las calificaciones crediticias, según Torsten Hinrichs, COO of Scope Group, "deberían ayudar a los inversores a evaluar mejor los riesgos asociados con sus inversiones". Así pues, deben "estimular el pensamiento y ayudar a conciliar las expectativas de riesgo retorno".

La inclusión de calificaciones en los requisitos regulatorios, como el cálculo de la carga de capital para las inversiones en bonos o el requisito previo de ciertas calificaciones para el programa de compras del BCE, opina, "aumenta aún más la importancia de las calificaciones".