bolsas y mercados

La divergencia disruptiva llega a los mercados en otoño

Witold Bahrke, responsable sénior de estrategia macroeconómica de Nordea AM, analiza los puntos más candentes para las bolsas en los próximos meses.

03 DE septiembre DE 2018. 13:09H Héctor Chamizo

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La economía global se encuentra sumida en una "ralentización desincronizada" en la que Estados Unidos va por delante del resto del mundo. El resultado es un efecto doblemente negativo del endurecimiento de la política monetaria, en forma de subidas de tipos de interés y una apreciación del dólar estadounidense. En última instancia, esta divergencia disruptiva genera un equilibrio inestable: es necesario que el crecimiento en Estados Unidos se ralentice o que se acelere en China y el resto del mundo.

Desde el punto de vista de Witold Bahrke, responsable sénior de estrategia macroeconómica de Nordea AM, por ahora, "la divergencia ha llegado para quedarse, pues la propia fortaleza del dólar consolida esta tendencia al perjudicar a todas las regiones fuera de EE. UU". Em este sentido, sería probable que "más adelante el crecimiento estadounidense se ralentice, ya que parece que los factores que limitan el crecimiento chino son de carácter más estructural que los factores que impulsan la economía estadounidense".

De igual modo la renta variable se acerca a sus máximos históricos. El dólar puede ser clave, puesto que una nueva apreciación sería "probablemente suficiente para endurecer las políticas monetarias y causar máximos en los mercados bursátiles en los próximos seis meses". En vista de los crecientes riesgos macroeconómicos, los sectores y las regiones defensivas deberían registrar rendimientos superiores en la renta variable, mientras que los activos refugio deberían recibir una atención cada vez mayor.

El crecimiento superior de Estados Unidos tiene un precio

El relato macroeconómico ha pasado de «recuperación sincronizada» en 2017 a «ralentización desincronizada» en 2018. Creemos que la economía global superó el «punto máximo de crecimiento» en el primer semestre de 2018, como resultado del doble efecto negativo de la política monetaria: no sólo subieron los tipos reales a corto plazo en EE. UU. (a pesar de una mayor inflación), sino que además el dólar estadounidense se apreció. Los efectos de la política monetaria están ganando fuelle lenta pero inexorablemente a medida que la inflación repunta en Occidente, lo que confirma nuestra visión de que el equilibrio entre el crecimiento y la inflación se está deteriorando. En julio, la inflación subyacente de EE. UU. alcanzó su nivel más elevado desde la crisis financiera.

La divergencia disruptiva que presentan las principales economías (véase el siguiente gráfico) constituye un catalizador clave para continuar con el endurecimiento de las políticas monetarias. Estados Unidos está creciendo a un buen ritmo, en parte gracias a los recortes fiscales de Trump. Sin embargo, China se sitúa en el extremo contrario. Su economía se está ralentizando como resultado de la reducción de los flujos de crédito y los efectos asimétricos de las medidas proteccionistas sobre la economía global. Parece que EE. UU. está saliendo relativamente victorioso de su actual conflicto con China, dado que su economía es fuerte y está relativamente blindada. Por el contrario, a pesar de que China fue uno de los principales ganadores de la globalización de la década pasada, actualmente se está viendo perjudicada.

Esta divergencia genera problemas en los mercados, siendo las divisas el principal «canal de disrupción». Más concretamente, esto se puede traducir como la fortaleza del dólar (véase el gráfico izquierdo a continuación). Un dólar fuerte conlleva un endurecimiento monetario adicional principalmente fuera de EE. UU. y, en concreto, en los mercados emergentes, donde se han emitido ingentes volúmenes de deuda denominada en dólares. Por tanto, la apreciación del dólar supone un incremento de los costes del servicio de la deuda para los países emergentes. Los mercados individuales y la economía en general se están comportando como un bucle de retroalimentación disruptivo, lo que supone un riesgo: la divergencia en el plano macroeconómico propicia la fortaleza del dólar, que afecta principalmente a los mercados emergentes (véase el gráfico derecho a continuación), lo que, a su vez, impulsa una mayor divergencia macroeconómica, dando lugar a una nueva apreciación del dólar, y así sucesivamente.

“El mercado está caro, descuenta expectativas de una recuperación demasiado optimista”