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La política fiscal pide paso

Después de una década de miles de millones de dólares, euros y yenes en estímulos monetarios, esta receta parece exhausta. Cada vez más voces se unen para señalar que ha llegado el tiempo de la política fiscal pero, ¿ qué medidas se necesitan? Y sobre todo, ¿hay posibilidad real de que quien tiene mayor margen en Europa las ponga en marcha?

17 de septiembre de 2019. 08:00h Rocío Arviza
  • La política fiscal pide paso

El BCE siempre hace alusión a la política fiscal en sus comunicados posteriores a cada uno de sus encuentros. Insiste en ello desde hace años, le da el recado a los gobiernos para que pongan de su parte pero no concreta a la hora de marcar el camino hacia un incremento del gasto público, hacia una bajada de impuestos o hacia una suma o combinación de ambas medidas. Entretanto, la realidad es tozuda y, tras años de políticas monetarias expansivas -que acaba de reforzar esta semana- se comprueba que ni la economía crece como debería ni aumenta el IPC lo pretendido. Además, pese a que se considera que los programas de compras de activos (QE) pueden ser “infinitos” tienen límites, como recuerda Alexis Ortega, socio director de Finagentes Gestión. “No se puede comprar más allá del 33 por ciento de la deuda de cada país" y hay que ajustarse al peso de cada uno de ellos en el capital del BCE.

Es por ello que comienza a haber casi unanimidad a la hora de señalar que hace falta otra línea de actuación. “La política monetaria no puede hacer mucho para contrarrestar la ralentización del crecimiento en Europa y en el resto del mundo. Es necesaria una relajación concertada de la política fiscal”, destaca Paul Diggle, economista de Aberdeen Standard Investments.

Cierto que en Europa todavía no hay consenso para seguir por este camino pero es cierto también que los alemanes vienen hablando de esta posibilidad de manera más abierta en las últimas semanas. De hecho, desde Fidelity, sus analistas Ian Samson y Jeremy Ocasey señalan que "ahora que parece hablarse de que Alemania podría abandonar su política presupuestaria equilibrada es posible que asistamos a un mayor énfasis en el estímulo fiscal". Y hay bastante consenso a la hora de pensar que la próxima presidenta del BCE, Christine Lagarde, presionará por esa vía.

Razones para que tome las riendas la política fiscal

Para Hans Bevers, Chief Economist de Bank Degroof Petercam, existen varias razones para que los países europeos preparen su artillería fiscal. Una son los excedentes de ahorro. “La UE se apoya ahora en un superávit por cuenta corriente del 3% del PIB. En Alemania, alcanza el 7-8%. Este superávit afecta a la demanda económica de toda la región. Además, crea un desequilibrio porque un superávit en un país sólo puede financiarse con un déficit en otro” subraya. Bevers considera que la hazaña del equilibrio presupuestario germano no tiene sentido cuando la economía se está debilitando.

La segunda razón es la evidente trampa de liquidez. “Cuando la política monetaria está atrapada en una trampa de liquidez, es decir, una situación en la que el banco central se vuelve incapaz de estimular la economía, la política fiscal debe tener prioridad, como nos enseñó Keynes”. Pero apunta también a otras razones.

Otra de ellas pasa por el convencimiento de que “la idea de que la deuda pública es el enemigo de los gobiernos europeos no tiene sentido cuando los tipos son negativos y, como resultado, el coste de la deuda pública está cayendo drásticamente”.

Además, este experto de Bank Degroof Petercam subraya que “nuevos estudios muestran que el multiplicador fiscal, es decir, el efecto total sobre la economía cuando se realiza la inversión pública, es elevado cuando la política monetaria ya no funciona. Este efecto aumenta aún más cuando la política fiscal está bien orientada”. De ahí que aconseje aprender de los errores de los norteamericanos, que recientemente “han introducido un recorte de impuestos para los ricos, basado en una teoría que no se aplica bien en la práctica, la de la segunda vuelta. Una estrategia más beneficiosa para su economía habría sido invertir en infraestructura”, concluye.

¿Qué política fiscal?

Los expertos de Pimco Nicola Mai y Peder Beck-Friis han estudiado 54 expansiones fiscales en 20 países de la OCDE. La conclusión o el mensaje general es que “la fiscalidad expansiva reactiva las economías”. Sin embargo, advierten de que esos efectos suelen ser de “corta duración”, por lo que el enfoque de una política fiscal expansiva debería ser de largo plazo. Dicho esto, ¿qué medidas de política fiscal se necesitan?

Los dos principales instrumentos de la política fiscal son el gasto público y los impuestos. Alexis Ortega asegura que, dado que “el tema es un tema de falta de demanda agregada, quien puede generarla -visto que el sector privado no lo puede hacer- son obviamente los Estados a través de bajadas impositivas, por un lado, o bien con aumento del gasto en infraestructuras, modernización, etc”. Es decir, esto se traduciría en déficits mayores y en abandono de superávits por parte de los países que los tengan.

Sin embargo, como recuerda Ignacio Díez, gestor de renta fija en Credit Suisse Gestión, aquí “el problema es que con el volumen de deuda que acumulan los diferentes países de la Unión Europea, no hay margen de actuación (salvo en países como Alemania u Holanda)”, al menos si se respeta el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Llegados a este punto, Ortega entiende que “dado que se está pidiendo que hagan algo estos únicos países que lo pueden hacer y que no tienen intención de hacerlo estamos en un pequeño callejón sin salida”.

¿Qué solución queda entonces? Para el socio-director de Finagentes Gestión ésta pasaría por empezar a ver las cosas no bajo el prisma de la necesidad de generar demanda sino por el lado de la oferta. “Existe la vía de ir hacia políticas de oferta, que consisten en aumentar el crecimiento potencial de las economías a través de reformas y de ajustes en los sectores”. Sin embargo, eso no se contempla. Es harina de otro costal.