bolsas y mercados

Qué puede pasar con los mercados emergentes ante la actuación de la Fed

Pese a que la Fed ha reiterado su apoyo a la economía nuevamente, el miedo de los inversores a que se produzca un escenario parecido al de 2013, donde los mercados emergentes registrado unas caídas sin precedentes, inquieta. Desde Schroders apuntan cuáles son las razones por las que consideran un contexto más optimista.

26 DE febrero DE 2021. 08:30H Alejandra Gómez

516645f36e988c8060cf6afe5b52aab1.jpg

El mercado está ahora mismo en un punto animado, aunque lo cierto es que el fantasma de la inflación sigue pesando, sobretodo tras el discurso del pasado miércoles de Jerome Powell, el presidente de la Reserva Federal estadounidense. 

Pero no sólo preocupa la inflación y cómo podría afectar esta a los mercados, sino que aunque las palabras del mandatario de la Fed aseguraban nuevamente que el banco central no endurecerá por el momento su política monetaria, ahora muchos están inquietos sobre qué puede pasar en los mercados emergentes si se retira esa política de apoyo extremo antes de lo previsto. 

Para los expertos estos mercados serían menos vulnerables a este tapering o las fuertes caídas en los mercados tras la retirada de estímulos monetarios. Así al menos lo considera David Rees, economista senior de mercados emergentes de Schroders, y analiza las razones. 

“Los mercados financieros del mundo emergente sufrieron una inestabilidad a principios de enero. Esto fue consecuencia de la tardía "ola azul" de las elecciones estadounidenses, que parecía despejar el camino para un gran estímulo fiscal y provocó ventas en el mercado de bonos soberanos americanos”, apunta el experto, recordando que esta volatilidad ha recordado precisamente a ese ‘Taper Tantrum’, que afectó a los mercados emergentes en el año 2013 y que se caracterizó por fuerte caídas en los mercados tras esa retirada de estímulos. 

El temor al desastre de 2013 para los mercados emergentes

“El aumento de los tipos sin riesgo como consecuencia de una nueva venta de bonos del Tesoro americano a 10 años frenaría el entusiasmo por los activos de riesgo, como los de los mercados emergentes”, apunta Rees pero añade: “Sin embargo, la mejora de los fundamentales macroeconómicos sugiere que los mercados emergentes se recuperarán más rápidamente que en 2013.

Y es que la venta de los treasuries o bonos soberanos estadounidenses coindió el pasado mes de enero con el deseoso de los mercados de países emergentes, algo que hizo sonar las alarmas. Y es que ese año, esto provocó una venta masiva de bonos del Tesoro estadounidense, “que vio cómo los rendimientos nominales a 10 años subían unos 100 puntos porcentuales en el espacio de tres meses, mientras que los rendimientos reales se disparaban”, constata el entendido para añadir: “El temor a que la era del dinero fácil, que había impulsado la búsqueda de rendimientos y los fuertes flujos de entrada en los mercados emergentes durante los tres o cuatro años anteriores, estuviera a punto de terminar, hizo que los inversores huyeran y desencadenó una venta masiva en los mercados financieros. La renta variable cayó, los diferenciales de crédito se ampliaron y la presión en los mercados de divisas obligó a los bancos centrales de varios países emergentes a subir los tipos de interés para proteger sus cuentas de capitales”. 

Las consecuencias fueron desastrosas en Brasil, India, Indonesia, Sudáfrica y Turquía, que había acumulado déficits por cuenta corriente financiados con entradas de capital a corto plazo, algo que los hizo vulnerables a una "parada repentina" de los flujos de capital.

Las tres razones por las que no se espera esa debacle en el contexto actual

Sin embargo, y a pesar de que la inquietud esté presente en muchos inversores y de que el escenario sigue siendo de riesgo, desde la gestora aportan tres razones por las que no esperan que se repita esa volatilidad del mercado y la hecatombe de 2013 en los emergentes. 

La primera de ellas es que la Fed no está a punto de retirar la ayuda a la economía, por lo que es probable que el banco central actúe esta vez con más precaución que en el año 2013. 

“Por supuesto, hay dudas acerca de cuánto tiempo la Fed puede realmente mantener una protección sobre los rendimientos de los bonos extremadamente bajos a medida que la economía se recupera. Y siempre existe el riesgo de que una mala comunicación por parte de los miembros del Comité Federal de Mercado Abierto desestabilice a los inversores en algún momento. Sin embargo, el nuevo marco de objetivos de inflación media (AIT por sus siglas en inglés) de la Fed implica que los responsables políticos querrán ver el progreso de la inflación antes de retirar el estímulo político y parece probable que la represión financiera continúe mientras las necesidades fiscales dominan la agenda en EE.UU”, expresa Rees. 

Todo ello señala que los rendimientos reales de los bonos de la potencia continuarán siendo negativos durante un tiempo “para apuntalar la demanda de activos de riesgo como los de los mercados emergentes”, asumen desde la gestora. 

El segundo de los factores es que, según Schroders, el flujo hacia los mercados emergentes ha sido más moderado y por lo tanto, menos excesivo que en el 2013. 

Aunque la apuesta por los emergentes es una de las perspectivas que han dado los expertos para este 2021, lo cierto es que las entradas de capital han sido escasas estos últimos años. “Las enormes salidas de capital durante la crisis del Covid-19 demuestran que esto no es excluyente de una grave huida hacia los activos refugio en caso de un gran golpe externo. Sin embargo, sí sugiere que hay menos riesgo de que un tapering provoque un periodo prolongado de salidas de capital. En términos sencillos, cuanto menos capital fluya hacia los mercados emergentes, menos saldrá”, indica el experto. 

El tercer factor que nos indica que nos nos enfrentaríamos a ese llamo tapering es que la crisis de la Covid-19 ha saneado las posiciones de la balanza de pagos de los mercados emergentes. 

Y es que esa disminución de los flujos de capital hacia estos mercados significa que “las economías no han tenido los medios para financiar grandes déficits por cuenta corriente y acumulan el tipo de grandes desequilibrios externos que quedaron al descubierto en 2013”, indica la gestora para apuntar que eso ha saneado las posiciones de la balanza de pagos en la mayoría de estos mercados, “ya que las profundas recesiones han provocado el colapso de las importaciones y el superávit de las cuentas corrientes”. 

Para Rees, los déficits estructurales por cuenta corriente volverán a surgir a medida que las economías se recuperen, pero eso sí, en la actualidad la mayoría de las economías de los mercados emergentes están relativamente bien situadas para resistir la fuga de capitales. “Esto sugiere que las monedas no están especialmente sobrevaloradas en este momento y también reduce la necesidad de que los bancos centrales suban inesperadamente los tipos de interés para reforzar la cuenta de capital”, puntualiza.

Así, y aunque todo esto no puede blindar el riesgo a los emergentes, lo cierto es que la gestora explica que esta mejora de los fundamentales sugiere que las consecuencias macroeconómicas y de mercado deberían ser menos graves que en 2013. 

Aunque puntualizan de cara a más largo plazo sobre el 2022 y en adelante: “si la AIT conduce a un período prolongado de flujos de capital hacia los mercados emergentes, es probable que esto siente las bases para algún tipo de crisis en el futuro a medida que se acumulen los desequilibrios económicos”. 

MIFL: "En estos momentos estamos más sesgados a Europa por las valoraciones"