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Bonos verdes e inversión de impacto para mejorar el medioambiente

Es la estrategia más efectiva para que la inversión consiga, además de rentabilidad económica, impacto social y medioambiental.

05 DE diciembre DE 2019. 08:00H Patricia Malagón

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Dentro de lo que es la Inversión Socialmente Responsable (ISR) hay diferentes activos y estrategias. Uno de los más eficaces se encuentra en los bonos verdes. Estos productos de inversión son similares a un bono corporativo tradicional, pero con la diferencia que son emitidos para sufragar proyectos determinados que buscan mejorar la sostenibilidad de la empresa. De esta manera, si una compañía necesita construir una planta de producción más sostenible y con bajas emisiones puede emitir bonos verdes para sufragar su construcción.

“Estos bonos son muy similares a los demás. Tienen una rentabilidad parecida y un yield igual de parecido”, comenta Julien Bras, cogestor del fondo Allianz Green Bond. Sin embargo, la principal diferencia es que se emiten para proyectos concretos, en la mayoría de las ocasiones.

Estos bonos verdes llevan en el mercado desde 2007, aunque no se reaccionó de forma notable ante ellos hasta el 2013, el primer año en el que una empresa privada emitió un ‘green bond’. Desde entonces, el mercado de bonos verdes ha experimentado un fuerte crecimiento, alcanzando un nuevo récord de emisiones por valor de 167,3 mil millones de dólares.

Además, para garantizar que estos activos son realmente ISR, deben cumplir con los Green Bond Principles (GBP), que garantizan que todos los bonos que cuenten con esta denominación son destinados a proyectos verdes. Por parte de la Unión Europea, se está trabajando en el desarrollo de una normativa más extensa para aportar aun mayor transparencia a estos activos.

¿Qué es la inversión de impacto?

La primera en hablar de inversión de impacto, de hecho, es la que acuñó el término, fue la Fundación Rockefeller. Esta inversión de impacto hace referencia a aquellas estrategias de inversión más directas y que hacen cambiar realmente a la empresa en la que se invierte. En lugar de invertir por exclusión, que es la estrategia principal que siguen las gestoras en España.

La estrategia que consiste en la exclusión lo que hace es no invertir en empresas que no cumplen con los criterios ASG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza). Por ejemplo, no se invierte en empresas armamentísticas, en compañías con altas emisiones de carbono o que no respeten una serie de derechos internacionales. Sin embargo, la mayoría de los expertos consideran que, aunque esta estrategia es la más sencilla de aplicar en primera instancia, no es la más efectiva.

“Hemos de entender la inversión de impacto como aquella inversión cuyo objetivo es generar un impacto social o medioambiental positivo y medible, y que al mismo tiempo genere un retorno económico”, explican en la guía de Sostenibilidad y Gestión de activos elaborada por Afi y Allianz GI.


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