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China: objetivo 2049

China, tras Estados Unidos, ha asumido un liderazgo claro dentro de lo que muchos expertos han acertado a denominar como ‘La Cuarta Revolución Industrial’

15 de abril de 2019. 00:00h Alberto Lebrón (China)
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Hasta principios del siglo XIX, China había sido la primera potencia económica mundial, por delante de otras regiones como Europa o Norteamérica. Sin embargo, las invasiones de Japón e Inglaterra dejaron el país reducido a cenizas, sobre todo una vez finalizada la IIGM. La dictadura comunista posterior provocó otras grandes tragedias humanitarias, como ‘El Gran Salto Adelante’, una política industrial irracional que causó, aproximadamente, sesenta millones de muertos. Tras la muerte del dictador, Mao Zedong, el régimen se reinventó con las celebérrimas reformas aperturistas de 1978. El objetivo fundamental, desde siempre, era volver a recuperar la grandeza perdida del gigante asiático. En 1980, China creó una zona económica especial, clave para la liberalización posterior del comercio exterior: Shenzhen. Y, cuatro décadas después, China se ha convertido en la primera potencia manufacturera del planeta.

UNA REFORMA OBLIGADA DEL SISTEMA FINANCIERO

La reforma del sistema financiero es clave para canalizar eficientemente el ahorro hacia los sectores económicos más productivos e innovadores. En 2013, China ha designado a Shanghai como zona económica especial para testar la liberalización del renminbi, su divisa. ‘Podría ocurrir, como en los años ochenta, que esta zona económica termine situando al gigante asiático entre las primeras potencias financieras del mundo, desbancando incluso a EEUU’, analiza Xu Jin, economista independiente, en conversación con DIRIGENTES.

China afrontará un periodo crítico en torno al año 2020, cuando debería liberalizar los movimientos de capitales, total o parcialmente. Liberalizar la balanza de capitales es condición necesaria para que el renminbi termine siendo una moneda plenamente convertible en los mercados internacionales. Su intervencionismo, desde el estado, lleva tiempo degenerando en una notable inflación de activos bursátiles e inmobiliarios. ‘El ahorro, por decirlo de una manera sencilla, no se puede asignar eficientemente’, señala Xu.

El objetivo, por tanto, es abrir la balanza de capitales para inducir una reforma en profundidad del sector financiero. Dicho con otras palabras, evitar fugas masivas de capitales exigirá ofrecer alternativas atractivas a ahorradores e inversores desde el propio sistema financiero chino. Por ejemplo, poniendo en marcha unos mercados de capitales donde las firmas chinas más innovadoras puedan encontrar financiación sin tantas dificultades como hasta ahora, o facilitar el crédito bancario al sector privado, entre otras muchas medidas. ‘Todo esto requiere abrir el sistema financiero chino a la competencia internacional’, coinciden los analistas consultados por DIRIGENTES.

UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO

El plan "Made in China 2025’’, por otra parte, deberá profundizar sobre un modelo económico basado en más tecnología, productividad e I+D. En 2025, la automatización de los procesos productivos mediante big data, cloud business, blockchain e inteligencia artificial deberá haber alcanzado una proporción total del 85% (frente al actual 58%). Y también se espera, entre otros objetivos, alcanzar un ratio de 100 robots por cada 10.000 empleos manufactureros (frente a los actuales 36). Al mismo tiempo, China superará a Estados Unidos como el primer inversor mundial de I+D en 2020. Y la contribución de los diferentes avances científico-técnicos al PIB chino ascenderá al 60% en 2025.

‘El modelo tradicional de exportaciones con bajo va-lor añadido e inversiones masivas está agotado’, coinciden los economistas consultados por DIRIGENTES. Los vehículos alimentados por energías limpias, en estos momentos, solamente suman el 0,6% del parque automovilístico chino. Ahora bien, en 2025, las autoridades chinas esperan que dicho porcentaje suba hasta el 20%. Y los automóviles impulsados por gas natural pasarán de 1,5 hasta casi 5 millones en 2030. El coche eléctrico Qiantu K50, que pretende competir con Tesla, tiene previsto llegar a EEUU en 2020.

BYD, la primera empresa china que ha desarrollado autobuses eléctricos en Brasil, también ha diversificado sus inversiones hacia el sector fotovoltaico brasileño, con nuevas plantas para producir paneles solares, junto a nuevos centros de I+D. Y, dentro del sector de las telecomunicaciones, las marcas chinas llevan al menos una década ofreciendo alto valor añadido. Por ejemplo, dos de los tres teléfonos móviles más vendidos en España, ahora mismo, son chinos. Xiaomi, el tercero en discordia tras la china Huawei, incrementó sus ventas un 280% durante 2018. En supercomputadoras, China es líder mundial con 206 máquinas, casi el doble que EEUU, y, en cloud service, Alibaba se encuentra entre las primeras firmas del planeta, solamente superada por la estadounidense Amazon. El cloud service plantea introducir la inteligencia artificial automatizando industrias u ofreciendo servicios comerciales sin necesidad de tener empleados. En Shenzhen, Alibaba ha abierto concesionarios sin vendedores humanos, a los cuales es posible acudir para probar un coche, todo mediante una sencilla aplicación del teléfono móvil.

ECONOMÍA Y REVOLUCIÓN DIGITAL

Según datos ofrecidos por la consultora especializada, Kantar Media, las transacciones realizadas desde dispositivos móviles superan los dos millones de euros, cada sesenta segundos, solamente en China. Esto es, casi tres mil millones de euros al día. Alibaba, además, permite desde llamar a un taxi (con otra aplicación asociada llamada ‘Didi’) hasta hacer la compra o pedir comida para llevar. En el caso de los taxis, u otros vehículos destinados a transportar pasajeros, cada minuto se cierran casi 56 mil pedidos. Y, en ese mismo periodo tiempo, se suelen reservar 166 habitaciones de hotel. Esta nueva economía digital, en definitiva, lo que hace es incrementar notablemente la velocidad de circulación del dinero, otorgando más estabilidad al agregado monetario M2. Por el lado de los precios, además, la enorme competencia actúa conteniendo las presiones inflacionistas. Lo que aumenta gracias a esta innovación tecnológica, sencillamente, es el PIB.

El economista estadounidense, Irving Fisher, estableció hace casi un siglo lo siguiente: solamente puede haber inflación (P) si aumentan los agregados monetarios (M), al estar la economía siempre en pleno empleo (Y), con el dinero circulando a velocidad constan- debe resultar de esta innovación tecnológica es un incremento del PIB. Tiene sentido si se considera que, reduciendo notablemente los costes de transacción, el consumo será más fluido. Ahora bien, el crecimiento económico a largo plazo viene determinado por la inversión, que depende fundamentalmente del ahorro. Pero esta mejora del consumo introduce eficiencia en los mercados, reduciendo con ello los stocks acumulados de oferta. El futuro, en China, no parece querer esperar hasta 2049.