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Diamante y desierto: las claves del milagro económico en Botsuana

El Banco de Botsuana apunta que las exportaciones se basan mayoritariamente en el sector minero, sobre todo diamantes (más del 86%)

29 DE enero DE 2020. 07:20H Manuel Gutiérrez

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Botsuana se localiza en el sur de África. Limita con Namibia, Zimbabue, Zambia y Sudáfrica. Pero tiene poco que ver con muchos de sus países vecinos. Su crecimiento económico en las últimas décadas ha sido un hito, pasando de un PIB que asciende a 3,79 mil millones de dólares en 1990 a los 18,62 mil millones de 2018, según datos recogidos por el Banco Mundial.

El ritmo de crecimiento ha sido alto durante décadas. Hace 30 años era del 6,8% por año, a principios de siglo del 8,6% y en 2018 esta cifra ascendió al 4,5%. Pero el milagro tiene su origen mucho tiempo atrás. Concretamente, desde su independencia formal de los británicos en 1966.

En 1964, Gran Bretaña aceptó la libertad de Botsuana para declararse como un autogobierno democrático. La democracia más antigua del continente llevó a cabo una política prooccidental, basada en la prudencia, que propició la estabilidad política. Y todo esto fue acompañado con dos bazas fundamentales a nivel económico: los depósitos de diamante y el turismo.

El Banco de Botsuana apunta que las exportaciones se basan mayoritariamente en el sector minero, sobre todo diamantes (más del 86%).  Les siguen, a mucha distancia, el níquel y cobre con el 3,7% ambos. Con estos datos, se puede decir que es el tercer mayor productor de diamantes del mundo, después de Australia y la República Democrática del Congo.

Por otro lado, Botsuana debe también este crecimiento al repunte del turismo. El 70% de su superficie está cubierta por el desierto de Kalahari, brindándole de un atractivo especial para las visitas. Alberga la mayor concentración mundial de elefantes africanos y alrededor del 38% de la superficie del país está dedicada a parques nacionales, reservas y áreas de conservación.

En el momento actual, con un PIB per cápita de 18.843 dólares, el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé un crecimiento en 2020 del 4,3%. Pero ahora el reto está en un cambio estructural de su economía, tal y como informan desde la institución: “Lograr los objetivos de Botswana de pasar a una economía basada en el conocimiento a un estado de altos ingresos para 2036 requerirá cambiar el modelo de crecimiento de un modelo liderado por el gobierno y la minería al sector privado y orientado a la exportación”.

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