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El descontento social pone en riesgo la recuperación

Las protestas de los chalecos amarillos en Francia en 2018 restaron un punto porcentual al PIB de aquel año

29 DE julio DE 2021. 08:10H Mario Talavera

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La última década ha visto nacer numerosos movimientos sociales que reclamaban cambios y mejoras a los gobiernos de todo el mundo. Las consecuencias de la Gran Recesión así como las situaciones concretas de cada país han prendido la mecha de las protestas.

El último Índice de Paz Global detalla que los disturbios, huelgas generales y manifestaciones contra los gobiernos han aumentado un 244% durante la última década. La mayoría de estos movimientos exigen reformas, si bien otras solo muestran el descontento social.

Según recoge el Fondo Monetario Internacional (FMI) en una publicación reciente, la frustración, el aumento de la desigualdad y la corrupción están entre las causas que incrementan la tensión social. Con todo, las restricciones de movimientos y el miedo a los contagios han atenuado una tendencia que, no obstante, resurge conforme la pandemia da un respiro.

El FMI advierte de que "en los períodos posteriores a pandemias anteriores han dado lugar a tensiones sociales". El foco de la organización internacional es el impacto en la economía de la tensión social. "Los costos económicos de la pandemia se verán agravados por los costos de la tensión resultante", apunta.

El análisis pone como ejemplo diversas protestas que han tenido lugar durante la última década. En primer lugar, las manifestaciones que siguieron a la elección del expresidente de México, Enrique Peña Nieto, en 2012. También se mencionan las elecciones presidenciales de Chile de 2013. En esos casos, las protestas tuvieron un impacto menor, de aproximadamente 0,2 puntos porcentuales sobre el PIB.

Sin embargo, las manifestaciones de carácter social y de gran magnitud pueden acabar impactando en 1 punto porcentual sobre el PIB un año y medio después de suceder. Eso es lo que se desprende de las protestas que tuvieron lugar en 2019 en Hong Kong, así como las de los chalecos amarillos en 2018 en Francia. En ambos ejemplos, la tasa de crecimiento del PIB se redujo en un punto porcentual.

En esas circunstancias, el consumo se reduce, al igual que lo hace la producción de manufacturas y la venta de servicios de todo tipo. Según el FMI, "la tensión social afecta a la actividad debido a la disminución de la confianza y al aumento de la incertidumbre".

El efecto de este tipo de tensiones es más acusado en países en los que las instituciones son débiles y la política económica tiene un margen de maniobra limitado. Desde el FMI se señala que los países que más sufrirán serán aquellos que enfrentaron la pandemia en una peor posición de partida.

Lo que recomienda el organismo que dirige Kristalina Georgieva es anticiparse a esas demandas sociales. "Los gobiernos deben escuchar y responder, pero también, intentar anticipar las necesidades de la gente con políticas dirigidas a proporcionar una oportunidad justa de prosperidad para todos", explica el FMI. En particular, se pide impulsar el empleo, frenar el impacto de la crisis y proteger a los más golpeados en las crisis.

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