domingo, 19 mayo 2019
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El futuro en torno a la economía circular

03 de mayo de 2019. 00:00h Cristina Rodríguez (Nueva York)
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La economía circular es un nuevo modelo económico que apunta a hacer un uso más efectivo de los recursos de nuestro planeta a través de sistemas que son “restaurativos” y “regenerativos”. Estados Unidos, una economía altamente competitiva, ya está buscando las mejores formas de poner en práctica dicho modelo económico.

El consumo de recursos naturales está creciendo a un ritmo alarmante, se están agotando rápidamente y los ecosistemas de los que dependen las empresas y las sociedades se están degradando o destruyendo. Las estimaciones de Naciones Unidas sugieren que el nivel al que la humanidad está utilizando dichos recursos, como el agua, la tierra, el aire, los bosques y los minerales, se duplicará para el año 2050.

Con una estimación de más de 9.000 millones de personas en el planeta para 2030, incluidos 3.000 millones de nuevos consumidores de clase media que habrá en el mercado global, los desafíos para satisfacer la creciente demanda de bienes y servicios no tendrán precedentes.

Y, a largo plazo, nuestro voraz consumo de recursos nos lleva a un rumbo hacia graves consecuencias económicas, sociales y geopolíticas, que van desde una degradación del nivel de vida, a la desaparición de tierras habitables, e incluso a la guerra.

Una transformación de los modelos económicos puede ser la solución. En la actualidad, la mayor parte de la producción y el consumo siguen el modelo lineal de “tomar-hacer-disponer”.

Pero las tendencias globales indican que la capacidad del modelo lineal tradicional para producir un crecimiento económico se está volviendo un desafío cada vez más grande, lo que provoca una búsqueda de enfoques alternativos que puedan funcionar a largo plazo.

La opción alternativa más sostenible puede ser el modelo circular de “reducir-reutilizar-reciclar”. Y parece, según varios estudios, que los beneficios potenciales de cambiar a la economía circular son tremendos. Algunos evidentes, usando un sistema basado en la reutilización, como es la reducción de residuos y emisiones. Pero incluso más allá de esto, la economía circular reduciría la dependencia de las importaciones y estimularía el crecimiento económico al crear empleos nuevos y estimular el desarrollo de tecnologías verdes.

Según un informe de Accenture, un cambio a la economía circular podría suponer un crecimiento económico adicional de 4,5 billones de dólares para el año 2030, al mismo tiempo que “se restauraría el capital natural y los servicios de los ecosistemas que son la base de sociedades y economías saludables a nivel mundial”.

ORGANISMOS EN PRO DE LA ECONOMÍA CIRCULAR

La economía circular ha captado la atención de muchas empresas que están buscando activamente enfoques alternativos y ven las oportunidades económicas de un modelo viable para abordar con éxito los desafíos de sostenibilidad, impulsar el rendimiento, la competitividad y la innovación, y estimular el crecimiento y el desarrollo económico.

Los empresarios se están involucrando, cada vez más, en seguir un modelo económico de tipo circular y en Estados Unidos algunos organismos les están ayudando a llevar a cabo este cambio de modelo.

De una parte el gobierno, con iniciativas como la que en 2016 puso en marcha el Departamento de Energía de los Estados Unidos que asignó 70 millones de dólares en fondos federales al Instituto REMADE (que ayuda a las empresas a reducir las emisiones), con el objetivo declarado de “reducir el costo de las tecnologías esenciales para reutilizar, reciclar y remanufacturar materiales”. Sin embargo, más allá de esto, ha habido pocas iniciativas federales comparables a las que están llevando a cabo en otros lugares como China y la Unión Europea.

Por otra parte, instituciones privadas como la Fundación Cámara de Comercio estadounidense que ha puesto en marcha un ‘Programa de Sostenibilidad y Economía Circular’ (CCC) que ayuda a las compañías comprometidas a contribuir con soluciones empresariales para los desafíos globales.

Entre otras cosas, les informa sobre cómo enfrentar los problemas de sostenibilidad, además de los nuevos modelos de negocio o la innovación de la cadena de suministro y les ayuda a aprovechar las nuevas oportunidades de crecimiento, rendimiento y competitividad que también ofrecen resultados sociales y ambientales positivos. El CCC tiene el ‘Centro de Ciudadanía Corporativa’ que proporciona una plataforma poderosa para aprender, compartir, establecer redes y colaborar para ayudar a las empresas a lograr su economía circular y sus objetivos de sostenibilidad.

Además, desde hace cuatro años, la fundación celebra una cumbre anual sobre sostenibilidad y economía circular (este año será del 9 al 10 de mayo en Washington D.C.) que atrae a cientos de líderes de opinión, profesionales de negocios, miembros del gobierno y la universidad y organizaciones sin ánimo de lucro. Este año el evento explorará cómo implementar con eficacia estrategias sostenibles y circulares.

La fundación Ellen MacArthur es otra iniciativa que trabaja para ayudar a los empresarios y empresas de vanguardia a diseñar la circularidad en sus modelos de negocios y para descubrir cómo pueden permitir la transición a la economía circular.

Este organismo define la economía circular como “desacoplamiento gradual de la actividad económica del consumo de recursos finitos y el diseño de residuos a partir del sistema”. Y, según ellos, este modelo es restaurador o regenerativo por su diseño e intención y en el que los productos, componentes y materiales se mantienen en su valor más alto en todo momento.

La Fundación Ellen MacArthur colabora con los gobiernos de las ciudades y les ayuda a comprender cómo se puede implementar la economía circular en entornos urbanos dinámicos y diversos, y cómo se beneficiarán los ciudadanos, el medio ambiente y la economía de cada región. La fundación tiene en marcha, entre otros proyectos, la ‘red CE100’ que proporciona un espacio precompetitivo para promover agendas individuales a través de enfoques colectivos. Esta plataforma facilita la creación de mercado al proporcionar oportunidades de colaboración y precompetitivas que reúnen a empresas, innovadores, ciudades y gobiernos, universidades y líderes de opinión.

Además la fundación ha lanzado la ‘Guía de Diseño Circular’ porque considera que el diseño es un componente clave de la economía circular, y un área en la que cada vez más empresas de EEUU están empezando a experimentar. Y consideran que éste es un recurso que puede ayudar a las personas y organizaciones a adoptar una mentalidad de diseño circular.

EL INFORME DE ING SOBRE SOSTENIBILIDAD Y ECONOMÍA CIRCULAR

En 2018, el banco ING realizó una encuesta a 200 ejecutivos de Estados Unidos y concluyeron que la sostenibilidad es una característica bien establecida en la agenda corporativa estadounidense y que las empresas con iniciativas más maduras lo consideran un impulsor de ingresos. En 2019, la misma entidad financiera entrevistó a 300 directivos en cuatro sectores distintos (automotriz, electrónica de consumo / telecomunicaciones, alimentos / agricultura y salud) y han visto que cada vez más empresas están adoptando enfoques para incorporar prácticas relacionadas con la sostenibilidad en sus modelos de negocios, incluyendo en su núcleo la economía circular.

Según el estudio, “las empresas tradicionales han operado bajo modelos económicos ‘lineales’ que toman, hacen, usan y desperdician materiales”. “La estructura del modelo económico circular se enfoca en negocios que desarrollan propuestas innovadoras para clientes que les permiten usar productos por más tiempo, devolver o reemplazar productos o incluso compartir un producto con otros consumidores”. Este proceso conduce a un nuevo tipo de relación entre la empresa y el cliente: uno que sea menos transaccional, más a largo plazo y guiado por soluciones.

Además descubrieron que la economía circular está cada vez más en la agenda, pero las empresas estadounidenses están luchando para entender su verdadero valor e implementarlo de manera efectiva. La investigación de ING muestra que si bien solo el 16% de las compañías estadounidenses han adoptado el marco económico circular, el 62% dice que avanzar hacia esto es parte de su estrategia comercial.

Otras conclusiones del estudio son las siguientes:

1. Al priorizar la sostenibilidad, las empresas estadounidenses están creciendo: este 2019 el doble de compañías estadounidenses que en 2018 está incorporando la sostenibilidad en la toma de decisiones estratégicas. Así lo afirma el 85% de los directivos entrevistados, en comparación con el 48% del estudio del año anterior.

2. Las empresas ven futuro en la economía circular: las compañias estadounidenses están adoptando prácticas circulares, aunque de una manera fragmentada. A pesar de que solo el 16% de las empresas de Estados Unidos dice que ya han adoptado un marco de economía circular, existe una intención estratégica de hacerlo para el 62% de las empresas encuestadas. Actualmente hay más iniciativas de tipo circular en el ciclo de producción que en el de transformar modelos de productos.

3. Identificar el concepto de economía circular: para las empresas de Estados Unidos, “circular” sigue siendo una idea de valor no identificado en economía. Las percepciones actuales sobre las prácticas circulares tendrán que evolucionar para ayudar a las empresas estadounidenses a obtener recompensas circulares.

La mayoría de las compañías estadounidenses encuestadas se centran en los aspectos de ahorro de costos de las iniciativas circulares en lugar de la retención y creación de valor que puede lograrse con el ciclo circular. Una minoría de empresas con estrategias circulares más avanzadas apuntan que responder a las tendencias de consumo en evolución es un factor clave para que se puedan emprender iniciativas circulares.

4. El pensamiento circular requiere nuevas relaciones con los consumidores: éstos exigen prácticas circulares cada vez más exigentes. El 33% de las empresas que han adoptado un marco circular en Estados Unidos lo hicieron debido a la demanda de los clientes. Pero aún hay partes del modelo y estándares de procedimientos que tienen que establecer, especialmente con la relación entre la empresa y el cliente, como las nuevas formas de reutilizar y reciclar productos y materiales. El 32% de las compañías encuestadas dijeron que “la dificultad para recuperar los materiales para reciclar” era la mayor barrera para la adopción del modelo de economía circular.

5. La importancia de la colaboración: la implementación exitosa de modelos circulares no es algo que una empresa pueda hacer por sí misma. Para alcanzar el máximo potencial, las compañías deben trabajar con socios de la cadena de suministro, clientes, socios financieros e incluso con competidores.

NEW YORK: ´ZERO WASTE´

El reciclaje para dar una nueva vida a los recursos naturales es uno de los cimientos de la economía circular. Pero según los datos de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (PDF, en sus siglas en inglés), aún queda mucho por hacer, ya que desde 2010 las tendencias en el reciclaje y vertido de residuos sólidos se han mantenido estáticas en el país. Tan solo un pequeño número de ciudades y organizaciones se han comprometido con los principios y los objetivos alineados con la visión de la economía circular. A la cabeza se sitúa Nueva York.

La ciudad de Nueva York quiere convertirse en un líder mundial en la gestión de residuos y lograr el objetivo de “Cero Residuos” (Zero Waste) para 2030, a través de distintos programas e intervenciones municipales. El consistorio se compromete a ello a pesar de no ser un reto fácil, ya que en la ciudad viven más de 11 millones de personas.

Ya desde el año 2013 están trabajando en ello, cuando el Departamento de Sanidad de la ciudad de Nueva York (DSNY) puso en marcha un programa piloto para 3.200 residentes a los que se les distribuyeron contenedores marrones para los desechos orgánicos (restos de comida, papel sucio y desechos de jardín). Desde entonces se han distribuido miles de estos contenedores a residencias unifamiliares y multifamiliares, llegando a más de 3,3 millones de habitantes en la ciudad. Se trata del programa más grande de este tipo en el país.

Los desechos orgánicos representan aproximadamente un tercio de todo lo que los neoyorquinos tiran. Cuando se envían a los vertederos, se descomponen y generan gas metano, un gas de efecto invernadero de 28 a 36 veces más potente que el dióxido de carbono cuando se libera a la atmósfera. En cambio, Nueva York está eliminando la necesidad de enviar residuos a vertederos de otros estados y minimizando el impacto ambiental general de la basura de la ciudad y está convirtiendo los desechos orgánicos en compost para reconstruir los suelos de los diferentes barrios y en energía limpia para calentar los hogares.

En abril de 2018, la ciudad lanzó su cuarto estudio de caracterización de desechos (NYC Residencial) que muestra que los neoyorquinos están produciendo menos desperdicios en el hogar que nunca antes.

En 2005, la recogida de basura llegó a casi 3,5 millones de toneladas, 2,8 millones de las cuales se desecharon. En 2017, la misma recogida se redujo a menos de 3,1 millones de toneladas, con 2,5 millones de toneladas dispuestas como basura. Un estudio de 2017 también encontró que aproximadamente un tercio de todo lo que descartan los neoyorquinos consiste en papel reciclado, metal, vidrio y plástico. Otro tercio de todos los descartes se compone de materiales orgánicos adecuados para el compostaje, lo que representa la mayor oportunidad para los neoyorquinos de desviar los desechos de los vertederos.

Otros de los programas puestos en funcionamiento en 2013 es el e-cycleNYC que ha ofrecido a los residentes de edificios de apartamentos con diez o más viviendas, la recolección de residuos electrónicos en el edificio. Desde abril de 2015, el Departamento de Sanidad de Nueva York ha ampliado el programa, con 11.555 edificios nuevos a bordo y 3.800 toneladas de equipos electrónicos en residuos recogidos.

En febrero de 2015, el NYCHA (la autoridad encargada de la vivienda de protección oficial de la ciudad) lanzó un plan integral de implementación de reciclaje llamado NYCHA Recycles! Desde entonces, el personal ha trabajado con residentes de bajos y medianos recursos y con distintos socios para brindar servicios regulares de reciclaje y programas educativos a más de 400.000 residentes.

Además, en la actualidad la ciudad está desarrollando un plan de implementación para los residuos de las zonas comerciales con el objetivo de reducir la cantidad de desechos comerciales en un 90% para 2030 creando un sistema seguro, eficiente, de alta calidad y bajo costo que ponga al sector comercial de Nueva York en un camino para alcanzar sus objetivos de cero desechos.

Si bien los esfuerzos de la ciudad para ayudar a los neoyorquinos a reducir, reutilizar y reciclar están funcionando, un estudio también muestra que hay más progresos que hacer mientras la ciudad trabaja para cumplir su objetivo de enviar cero desechos a los vertederos para el 2030.