economia

El sector alimentario, inmune a la guerra comercial

Los problemas sanitarios o el impacto del clima aparecen como los mayores riesgos para el sector

19 DE diciembre DE 2018. 11:52H Mario

Segmentos de actividad como el acero o la química sufren su particular calvario por los efectos de la guerra comercial. Los aranceles y sus correspondientes represalias han frenado el impulso de un buen número de actividades, algo que, por otra parte, ha tenido secuelas menores en sectores como la maquinaria o en el de la alimentación.

El de la maquinaria está viviendo un momento marcado por el aumento de las inversiones y de la demanda, en un entorno con una transformación tecnológica que alienta la producción. Por su parte, el de la alimentación mantiene un curso “razonablemente bueno”, según el último análisis de Crédito y Caución.

La incertidumbre no ha repercutido en este sector, que ha tenido que combatir las disputas comerciales. Sin ir más lejos, España ha sufrido los aranceles en productos como la aceituna negra. No obstante, según el informe, “los mercados de alimentos se han mantenido hasta ahora relativamente estables”.

Una de las razones de que la alimentación se las haya arreglado en este contexto es que el suministro de productos básicos ha conservado unas “buenas condiciones”. Así, una vez aislada la cuestión de la guerra comercial, aparecen otras incógnitas que no están sujetas a las decisiones de los gobiernos.

Se trata de cuestiones como la volatilidad de precios, los problemas sanitarios y eventualidades como un comportamiento inusual del clima. Frente a estos riesgos, el sector “se está adaptando bien a los cambios de hábitos del consumidor”, según se explica en el estudio.

Las crecientes exigencias de los consumidores no han supuesto un gran obstáculo para los productores. “La desconfianza generalizada ha aumentado la necesidad de que los fabricantes de alimentos y bebidas sean más transparentes sobre sus ingredientes, procesos de producción y cadenas de suministro”, explica el informe.

A pesar de ese nuevo contexto, la estructura actual del mercado se encuentra lejos de cambiar. Aunque “la tecnología tiene una importancia creciente” para el suministro mundial, no se prevé un impacto a corto plazo. Según se expresa en el informe “faltan años” para que puedan desarrollarse alimentos por medio de ingeniería científica.

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