miércoles, 20 febrero 2019
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Economía

El sector del ocio quiere “reinventar” su modelo de negocio

España se sitúa como la primera potencia mundial en el sector del ocio y espectáculos

12 de febrero de 2019. 17:13h Javier Rodríguez
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No hay ningún país en el que se disfrute del día como en España. Y también de la noche. Y para satisfacer esa demanda existen 25.000 empresas en nuestro país que se reparten entre discotecas, salas de fiestas, bares de copas, tablaos, salas de conciertos, teatros, musicales, festivales y verbenas.

Por esa razón, España es la primera potencia mundial en ocio y espectáculos, además del principal destino turístico de ocio, según las cifras que ha presentado la Federación de Asociaciones de Ocio Nocturno de España (FASYDE). Diecisiete millones de españoles y cuarenta millones de extranjeros -la mitad de los que visitan España- consumen ocio nocturno.

La aportación de este sector a la economía española es reseñable. Da trabajo a 200 mil personas, sobre todo jóvenes, representa el 1,8% del PIB e ingresa 20 mil millones de euros. No obstante, enfrenta cambios que desafían el modelo actual de ocio nocturno.

El presidente de FASYDE, Ramón Mas, afirma que este negocio es “cada vez más diurno, cultural y familiar”. De esa forma, considera que “necesita reinventar su modelo de negocio”. En ese sentido, los próximos años en el sector estarán marcados por la moda del tardeo, el fenómeno del brunch, la programación de espectáculos, así como la unión entre ocio y gastronomía.

Entre otras prioridades, la “refundación” de este sector pasa por adaptarse a “los profundos cambios en las tendencias del consumo del ocio, la evolución demográfica y el envejecimiento de la población”. Junto a eso, esta organización reconoce que necesita implicarse para proteger el entorno urbano en las ciudades españolas.

Desde el punto de vista de esta organización, es necesario que las administraciones renueven la regulación. En particular, las empresas de ocio reclaman la flexibilización de sus horarios, categorizar los establecimientos, y normas que ayuden a reducir la competencia desleal, un capítulo en el que incluyen el botellón o las fiestas clandestinas.