martes, 15 octubre 2019
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Economía

El turista tendrá que pagar su daño ecológico

Luchar contra el cambio climático concierne a todos. El turismo low cost tiene sus días contados.

05 de abril de 2019. 13:55h Stefanie Claudia Müller
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Con lo que se han quedado los sevillanos del World Travel & Tourism Council (WTTC) que ha tenido lugar del 2 al 4 de abril en su ciudad, ha sido sobre todo con la visita de Barack Obama y su encuentro con Pedro Sánchez. El WTTC, con un toque muy americano, es el único organismo internacional que agrupa a los principales agentes de viajes y turismo, un sector que genera el 10,4% del PIB mundial y emplea 313 millones personas. Obama que ya ha declarado su “amor” por España en varias ocasiones, fue recibido por centenares de fans en su hotel en Sevilla. También en el congreso, el ex presidente americano podía presenciar cómo le apreciaba el público. De manera espontánea la gente se levantaba para aplaudir y demostrar su aprecio hacia el carismático Obama.

Después de aquel momento especial los visitantes del WTTC tuvieron que aprender una lección muy dura: si nos gusta viajar y si ganamos dinero con ello, todos tendremos que pagar un gran precio en el futuro. Ryanair, y el turismo low cost en general, tienen sus días contados. Además, va a ver cada vez más impuestos ecológicos. Y posiblemente lo peor: el turista tiene que acostumbrarse otra vez al hecho de que viajar es algo especial y que un viaje largo se hace quizás una vez al año. “Es un factor contaminante y la sostenibilidad es ahora el foco de todos los inversores, por ello hay que cambiar el chip en la industria”, alerta Geoffrey Lipman, cofundador de la ONG Sun que promueve un turismo ecológicamente menos impactante. Lipman, que también ha creado el organismo de investigación y promoción Greenearth.travel, explica cómo podemos ser exploradores sin dañar.

El turismo ecológico es un sector de inversión cada vez más atractivo

El turismo innovador y sostenible atrae dinero, explica el Managing partner del fondo americano Certares en Sevilla: “Estamos muy especializados en la industria y vemos que todas las tecnologías de movilidad van a tener, sobre todo en el turismo, un enorme impacto”, dice Greg O’Hara. Un cambio de cultura es, según él, necesario no solamente en el mundo del transporte aéreo, también en la propia industria turística. Los hoteles, cruceros, aerolíneas y las propias ciudades y países tendrán que invertir cada vez más en movilidad y gestión ecológica. O’Hara deja claro que no valdrá solamente el impacto económico que tiene la llegada de viajeros.

Se contrapesarán con los cambios socio-ecológicos que provocan. Eric Resnick, CEO de KSL Capital Partners también alerta del turismo espacial que se pone de moda entre los ricos: “Es mucho más contaminante un viaje al espacio que miles de viajes en la tierra”. De la misma opinión es Jörg Lindner del fondo alemán 12.18. Investment Management. El alemán apuesta por el turismo sostenible como sector estrella de sus inversiones. En este contexto hay, para él también, una relación importante a cuidar entre el drama de la inmigración ilegal y el enorme crecimiento turístico: “Es uno de los sectores que más empleos creará. En este contexto, Europa no debe renunciar a la inmigración, pero deberíamos ordenarla mejor y facilitar la entrada de refugiados al mercado laboral”.

Más vida, más dinero, más turismo y más contaminación

Es complicado ser coherente con lo que uno predica, esto lo demuestra la organización del propio congreso del WTTC en Sevilla. A pesar de un impacto económico de 3.000 millones de euros, tiene un balance negativo para el medioambiente por los vuelos del alrededor de 1650 asistentes que venían en avión, taxi o coche a Sevilla, por la basura que se ha producido en el evento y el aire condicionado a tope en el mes de abril. Y no es suficiente tener algunos envases de papel o basuras de reciclaje. “Es la masa de personas y su logística – por el momento contaminante- que es destructiva en su misma”, dice Fiona Jeffery, Founder & Chairman de la ONG “Just a drop”. Ella cree que todavía no es suficiente el esfuerzo de la industria para salvar el planeta: “El turismo es una fuente de ingreso, es un importante factor en el desarrollo, pero también es destructivo. Hay que dar la vuelta”.

La situación actual considerando el impacto para el medio ambiente es dramática, porque la población mundial crece. Además, según un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) la esperanza de vida superará los 90 años en algunos países desarrollados para el 2030. “Vamos a tener cada vez más dinero y tiempo para viajar”, dice Jeffery. España no solamente es uno de los países con la esperanza de vida más alta del mundo, sufre al mismo tiempo el cambio climático con gran intensidad. Falta lluvia, las estaciones son cada vez menos acentuadas, lo que afecta a su agricultura y se disminuye el ancho de las playas. Además, un calentamiento de las aguas produce plagas de medusas cada vez más agresivas. Con alrededor de 83 millones de turistas extranjeros y unos ingresos de casi 180.000 millones de euro al año España es un lugar de inversión muy interesante, sobre todo a nivel de turismo inteligente, aplicando nuevas tecnologías.

El turista tendrá que pagar su daño ecológico

Limitar los daños: el auge de las tasas ecológicas

El éxito de políticas de economía social en los ayuntamientos de Valencia, Madrid y Barcelona tiene también su origen en que los españoles, que reciben a todo el mundo con mucha tolerancia, tienen ahora la sensación qué quieren reconquistar su terreno un poco, buscan más zona verde, playa tranquila y naturaleza. Saben que deben al turista muchos puestos de trabajo, pero tampoco quieren ceder en todo. En Cataluña, que es destino número 1, ya se han encontrado maneras eficaces para limitar el turismo y hacer participar a los viajeros en el coste ambiental. En Barcelona por ejemplo un turista que se queda en un hotel de 5 estrella paga ya 2,25 euros al día como impuesto.

Además, los alquileres turísticos ya son muy limitados en la ciudad para luchar contra la falta de vivienda. El dinero recaudado se destina en zonas verdes, en autobuses eléctricos, en la recuperación de parques, zonas infantiles etc. Igual pasa en Baleares dónde la tasa turística se encuentra ya entre 2 y 4 euros diarios según el establecimiento. Cuanto más rico es el turista más paga, suponiendo que quien quiere lujo usa más agua, luz y deja en general una huella ecológica más grande. Es una tendencia ya global medir el daño ambiental con la riqueza de una sociedad o una persona. En Bruselas ya son 4 euros al día que hay que pagar para estar en la ciudad y en París, dependiendo de la categoría de lujo, son hasta 4,40 euros.

El volumen de viajeros aumentará pero será cada vez más un capricho

No solamente la administración pública, también las empresas turísticas van a hacer pagar al cliente las crecientes obligaciones que tendrán que cumplir con la cada vez más estricta legislación medio ambiental. En el Congreso de Sevilla nadie lo quería decir claramente pero es la lógica consecuencia de todo lo que se ha dicho sobre el impacto del turismo en la naturaleza: viajar será un lujo. Lo más positivo es que por redirigir los flujos de los centros urbanísticos se puede desarrollar un turismo rústico como como ha hecho un destino no tan atractivo como Inglaterra con la creación de centros de compra de marca. Es el caso de “Bicester Village” en Oxfordshire que se ha creado en 2018 lejos del turístico Londres.

“Esto nos ayudará también a reactivar zonas rurales”, dice Gloria Guevara Manzo, presidenta del WTTC. Se crea alrededor de esta oferta comercial el turismo gastronómico y cultural y se generan trabajos dónde no los hay. Conceptos similares se están pensando para Barcelona y Palma donde se lucha ya con firmeza contra los flujos de los cruceros que se añaden ya a los millones de turistas que andan, circulan o conducen cada día por la Ciudad Condal. Además, se ha establecido el concepto de “homestay village” que, por ejemplo, tiene mucho éxito en Malasia. Son pueblos casi solamente creados o recuperados para que el turista pueda disfrutar la vida rural del país, lo que puede ser también un interesante concepto para las muchas zonas rurales españolas que sufren la despoblación. “Sin duda el turismo de este tipo es también una herramienta poderosa para luchar contra la pobreza”, dice la Primer dama de Kenia, Margaret Kenyatta en Sevilla.

Top 10 países con mayor crecimiento turístico en 2018

1. Etiopía

2. Ecuador

3. St. Kitts and Nevis (Caribe)

4. Egipto

5. Turquía

6. Ruanda

7. Uzbekistán

8. Túnez

9. Macau

10. Sri Lanka

Fuente: WTTC