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La tecnología cosmética española que cautivó a Warren Buffet

Lo que el experto en investigación química García Antón sostiene es que para que la cosmética consiga sus efectos tiene que alcanzar la consideración de ciencia

16 DE mayo DE 2021. 08:13H Mario Talavera

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Ante un “nicho oportunístico”, José María García Antón defiende la investigación, la ciencia y la química. Cuenta su experiencia por décadas en el sector de la investigación cosmética y, por eso, cree que los tratamientos para la piel deben tener un estudio y un soporte científico detrás.

En la televisión, en las revistas, en el supermercado y en las conversaciones cotidianas aparece la preocupación por el cuidado de la piel y por su apariencia. Cuidar los signos del envejecimiento es otro de los temas de moda, así como los remedios naturales, por lo que no dejan de crecer las oportunidades de hacer negocio en este sector.

“Hay quienes hablan de un extracto natural de una hierba… Eso es lo que vemos hoy en día”, se queja José María García Antón, una de las voces autorizadas en la investigación cosmética en España. Más de 30 años le avalan para afirmar que su campo está lleno de “gente que se apunta al carro porque tiene un buen margen bruto”.

Lo que García Antón sostiene es que para que la cosmética consiga sus efectos tiene que alcanzar la consideración de ciencia. “Vemos cada día empresas que han creado algo nuevo, productos cosméticos sin saber nada de la piel ni de cosmética”, se lamenta el investigador. Incide en que se los nuevos competidores tratan de oponer el producto natural como contrapunto a la química: “No es así”, sentencia.

“Mi tarea es convencer a la gente de que para poner un producto en el mercado hay que conocer bien la morfología de la piel, el mecanismo y el principio activo por el que actúa ese producto”, argumenta este experto. De esa manera, cree que la cosmética molecular -un concepto que trata de introducir en España- trata de identificar el activo apropiado para iniciar un tratamiento. Así, la clave está en conocer las moléculas “como se hace en farmacia” por medio del estudio de su mecanismo de acción.

En cambio, lo que está sucediendo en los últimos tiempos es que las formulaciones de la cosmética actual “tienen entre 30 y 50 ingredientes”. “La piel lo aguanta todo”, comenta, pero compara el uso de estos productos con la efectividad de un antibiótico para un dolor de cabeza.

Por eso, su filosofía es creer “más en los compuestos y en la química de los que conocemos su toxicidad, su actuación y su funcionamiento”. Ello lo llevó a fundar Lipotec en 1987, una compañía pionera en España en la investigación en cosmética y en el desarrollo de nuevos productos. Hace apenas 9 años, el grupo inversor de Warren Buffet puso sus ojos en esta empresa española.

Berkshire Hathaway, el brazo de inversión del magnate estadounidense, compró la compañía, lo que en opinión de García Antón fue “un gran reconocimiento”. “Para mí fue una gran satisfacción que tuviera tanta consideración de un inversor de primerísimo nivel”, resume el investigador. Añade que “Warren Buffet hace gala de saber lo que compra” y, a día de hoy, esta empresa de origen español forma parte del selecto grupo de líderes a nivel mundial.

Siguiente paso: cosmética genómica

Aquel logro de García Antón no fue un freno a sus investigaciones, sino que le permitió continuarlas. En 2008 fundó junto a Antonio Parente Prima-Derm, con el objetivo de poner sobre la mesa la importancia que tienen los genes para el desarrollo de la piel. La cosmética genómica sirve para “llegar al centro del problema”, resume García Antón.

“Consiste en analizar el ADN de la persona para detectar los problemas que tiene o tendrá en su piel y corregirlos adecuadamente”, explica el experto. Con esos datos, se puede crear una fórmula personalizada para hacer un tratamiento adaptado a esas necesidades. Según García Antón, esta línea de investigación se encuentra entre las más potentes del sector cosmético.

Al margen de eso, en 2020 puso en marcha el vivero de empresas INNER, destinado a potenciar la investigación y el desarrollo de cosméticos con la misma filosofía. Un 10% de sus ingresos se dedican a I+D, y uno de sus sellos de identidad es poner el contenido por encima del continente: “Hemos querido transmitir que la gente pague por el producto, por la ciencia, no por el envase”. Por ello, los envases y las etiquetas son lo de menos en el caso de estos productos.

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