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Los problemas de Thyssen-Krupp son ejemplares para la vieja industria

El gigante de acero tiene problemas de gestión, de rentabilidad y también de cuotas de mercado. La alianza con Tata está todavía en el aire

15 DE febrero DE 2019. 12:40H Stefanie Claudia Müller

Thyssen-Krupp es el símbolo de la industria alemana del acero, pero el gigante, tan poco flexible, representa también todos los problemas que afronta ahora la economía germánica sobre todo basada en producir máquinas y componentes de todo tipo para el sector de automóvil. Aunque el negocio no va mal, el futuro es inseguro por los enormes cambios en la economía, el consumo y también en el sector de acero.

Excluyendo las actividades siderúrgicas, Thyssen-Krupp pudo aumentar en el primer trimestre de su año fiscal (termina 31. de septiembre) sus pedidos en un 6% a 8.100 millones de euros y subir las ventas en un 3% a 7.900 millones de euros. Pero el grupo que fue creada a partir del matrimonio de dos empresas metalúrgicas en 1999 – Krupp y Thyssen - tiene muchos retos a superar. Con 161.000 empleados y una facturación que supera los 43.000 millones de euros Thyssen-Krupp vale en bolsa unos 17.300 millones de euros.

Ya históricamente las dos empresas que forman el grupo provocaron polémicas y eran un símbolo de la economía nacional: Mientras los fundadores de Thyssen estaban abiertamente en contra del antisemitismo, la familia Krupp era un gran colaborador de Adolf Hitler, por lo que las lenguas populares la llamaban también la “manufactura de armas del Reich”.

El ahora posible Joint Venture del gigante germánico con el grupo indio Tata que es compuesto por 98 empresas, también provoca polémicas, aunque sin duda dará más sinergias y fuerzas a Thyssen-Krupp. Pero el futuro de este es igual de inseguro como el de todo el grupo que a partir del 1 de octubre de este año se va a dividir en dos - en Thyssen-Krupp industria y Thyssen-Krupp materiales.

La división en dos está controvertida

Una estrategia que muchos de los accionistas no comparten, porque no ven que arregla los problemas de rentabilidad. Hasta ahora el conjunto Thyssen-Krupp opera con tres divisiones corporativas: acero, bienes de inversión y servicios.

Después de muchos meses de dudas y cambios de personal en la gestión y supervisión CEO Guido Kerkhoff parece decidido seguir con su estrategia que acaba de presentar a los accionistas. Pero Kerkhoff todavía no ha recibido el visto bueno por parte de la autoridad antimonopolio de la UE para la alianza con Tata que será importante para el futuro de la empresa. Bruselas se quejó recientemente de una posición de mercado posiblemente dominante en las áreas de automoción y hojalata, así como en el acero eléctrico. Hasta abril, ambos grupos tienen tiempo de presentar sus planes para posibles desinversiones.

Pero como si esto ya no fuera suficiente confusión y reto, el sindicato quizás más poderoso de Alemania, IG Metall, advierte a Thyssen-Krupp: "Una fusión con Tata a cualquier precio no se puede hacer con nosotros", dijo Markus Grolms, secretario del sindicato poderoso IG Metall y vicepresidente del Consejo de Supervisión de Thyssen Krupp. "Siempre hemos definido una línea roja para nosotros con respecto al proceso de control de la fusión. Si se supera, ya no estaremos de acuerdo".

Y sin los sindicatos no se puede hacer nada en Alemania y tampoco en Thyssen-Krupp, donde el Consejo de Supervisión de debe finalmente votar sobre las concesiones. Los representantes de los empleados constituyen la mitad de este órgano. Miles de trabajadores siderúrgicos de Thyssen-Krupp tomaron ya las calles al inicio de las conversaciones de fusión con Tata hasta llegaron al acuerdo de que este acuerdo o podría tocar los 27.000 puestos de trabajo en juego en este segmento.

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