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Los riesgos de invertir en una nueva Colombia

Colombia inicia en agosto una nueva administración que enfrentará el doble desafío de avanzar en los acuerdos internacionales firmados por el presidente Santos y consolidar el -aún frágil- equilibrio interno logrado tras medio siglo de violencia. ¿Cómo de fiable es este escenario para las inversiones extranjeras?

06 DE octubre DE 2019. 00:00H Dirigentes Digital

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“El riesgo es que te quieras quedar”. Ese fue el mensaje con el que el ministerio de Turismo de Colombia inició, en noviembre de 2007, una campaña para desmontar la asociación directa con el peligro que el nombre del país provocaba y desarmar el estereotipo de nación latinoamericana asolada por el narcotráfico, la guerrilla y la corrupción para promover al país como un destino seguro.

Más de 2 millones de extranjeros entraron a Colombia en 2014, una cifra un 37% más alta que la registrada en 2010. Tres de cada cinco de aquellos ingresantes dijeron llegar, justamente, por turismo. Los otros motivos declarados eran trabajo, negocios y estudios, según las estadísticas del organismo gubernamental de migraciones.

DE LAS ARMAS A LAS URNAS

En 2018, el país tuvo sus primeras elecciones legislativas con candidatos de las FARC, sigla que la guerrilla más antigua del país (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) conservó en su versión actual de partido político (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común) tras el acuerdo de paz firmado en 2016.

Este año, The New York Times coloca a Colombia en el segundo lugar de una lista de “52 lugares para visitar” y afirma que el país, que tuvo un aumento del 250% en el flujo turístico en la última década, “está dispuesto a convertirse en el punto de atracción cosmopolita y aventurero que merece ser”, enfatizando en los hoteles que han abierto, la escena gastronómica y los complejos ecológicos “ahora que el conflicto armado terminó”.

El próximo 7 de agosto, el presidente Juan Manuel Santos -que recibió el Nobel de la Paz precisamente por ese acuerdo- dejará el cargo tras una gestión de ocho años durante la que ha querido colocar al país en la senda del crecimiento económico y en concordancia con normas internacionales de buenas prácticas.

Más allá del impacto simbólico que tiene la extinción del conflicto armado y del empeño oficial en mostrar al país no sólo como destino turístico, sino también como un escenario de expansión económica, ¿se ha tornado Colombia en un país fiable para las inversiones extranjeras y un ambiente de negocios sostenibles?

LAS BUENAS PRÁCTICAS

La OCDE considera que sí, o al menos que está en vías de serlo. Eso es lo que supone la aprobación que su Comité de Comercio le ha dado, en mayo, al ingreso de Colombia a la organización, convirtiendo al país del realismo mágico, los paisajes exuberantes y la cumbia en la tercera nación latinoamericana en ser parte de ese club (después de Chile y México).

“Tal vez en muchas áreas, cuando nos midan, no nos va a ir muy bien. Pero eso no importa, lo relevante es avanzar y progresar”, dijo el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, tras conocer la noticia y en alusión a los cuestionamientos que la propia OCDE, a partir de vetos de Estados Unidos, le había hecho en materia de medicamentos, propiedad intelectual y chatarra.

Superadas esas últimas vallas y ya aceptada para ser la nación número 36 miembro del club de las buenas prácticas, Colombia se enfrentará, a partir de agosto, con la asunción del nuevo presidente, el desafío de mantener internamente vigente el aún frágil equilibrio entre quienes apoyaron y quienes se oponen a los giros y reformas que implementó Santos.

REALISMO BÉLICO

El propio jefe de Estado -que combatió con fuego a la guerrilla cuando fue ministro de Defensa de su exjefe político, Álvaro Uribe- dijo recientemente que "derrotar a las Farc, aniquilarlas de la faz de la tierra, como algunos hubieran querido, era imposible”. El tema es que los “algunos” conquistaron una representación significativa en las elecciones parlamentarias de marzo.

Si un nuevo riesgo existe para la consolidación de la nueva Colombia, esa discordia -que remite a enfrentamientos de extrema violencia entre conservadores y liberales locales- puede ser el pabilo. Por ello, al aludir a los acuerdos que deja en marcha, el mandatario saliente ha insistido sobre la paz como un “oportunidad histórica”.

"Hemos fijado un plazo de quince años para esta tarea y ningún presidente podrá rehuirla", dijo el mes pasado, buscando con ello eliminar cualquier suspicacia sobre la solidez de su obra y propósito de atraer el apoyo internacional.

De no ocurrir cualquier giro inesperado -como aquellos del realismo fantástico consagrado por el otro Nobel colombiano, el escritor Gabriel García Márquez- la paz tiende a ser la nueva narrativa local. Literario también, un nuevo slogan acorde a la época podría ser: “la paz, el riesgo es que pueda funcionar”.

UN VECINO PROBLEMÁTICO

La elección presidencial de Colombia es la antepenúltima del calendario latinoamericano de 2018. Las próximas son las de México (1 de julio) y de Brasil (27 de octubre), las dos economías más fuertes de la región, después de Estados Unidos.

Colombia y México, junto con Chile y Perú, imprimen dinamismo a la Alianza del Pacífico, mientras que Brasil y Argentina -los fuertes del Mercosur- aún buscan su lugar, el primero con una economía que no termina de reaccionar y el segundo en medio de una alta volatilidad.

En cualquier caso, lo cierto es que la mayoría -tanto gobiernos constituidos como candidatos que irán a las urnas- condena el rumbo que ha tomado Venezuela, el vecino problemático, como consta en la declaración del 21 de mayo de los 14 países del Grupo de Lima.

Tras no reconocer la elección de Nicolás Maduro, el grupo ha decidido limitar las relaciones diplomáticas y financieras y alertar “sobre las amenazas y riesgos de lavado de dinero y corrupción que han identificado en Venezuela y que afecten a la región”.

El viraje hacia el centro-derecha que se viene observando en los gobiernos latinoamericanos podría acelerar nuevos tratados de libre comercio entre esos países después de que la actualización del Nafta (México, Estados Unidos, Canadá) no fue concluida este año.

LAS OPORTUNIDADES PARA ESPAÑOLES

“Colombia es un país abierto y seguro para hacer negocios y se encuentra ante una encrucijada histórica que precisa el apoyo de todos”, resumió ICEX al presentar, en febrero, su reporte “Colombia, el momento de la paz”, reseñado por DIRIGENTES en su edición online.

La entidad elaboró un panorama de las oportunidades abiertas tras el acuerdo de paz con las FARC y la inversión de 25.500 millones de euros anunciada por el Gobierno para aplicar al turismo, agricultura, infraestructura y tecnología de la información en la próxima década.

“Lo interesante es que los sectores que están llamados a ser la locomotora económica son aquellos en los que las empresas españolas tienen una gran experiencia”, dijo Elisa Carbonell, consejera económica de la embajada de España allí.

CONTRATOS Y BUROCRACIA

“Los colombianos son extremadamente legalistas”, agregó la economista, para advertir que “todo tiene que estar sobre el papel y hay que cumplir el contrato a rajatabla” para que los negocios puedan desarrollarse.En esa línea, el modelo más simple de empresa es el de sociedad limitada (llamada SAS en Colombia), que goza de beneficios tributarios y ciertas facilidades en licitaciones, apuntó ICEX. A pesar de que Colombia figura en el puesto 59 de la lista de 100 países donde es más fácil realizar negocios, ello puede no resultar tan sencillo.“Trámites burocráticos para obtener un registro pueden demorar hasta siete meses”, dice Rafael Montesinos, de la firma Denominación de Origen (alimentación). Nacho Tortosa, de la firma Hawkers, refuerza lo complicado que son las primeras importaciones. “Es muy complejo, uno de los mayores obstáculos para poder vender en el país”, concluye.

PERSPECTIVAS DE INVERSIONES Y DESARROLLO

El Banco Mundial (BM) proyecta que Colombia crecerá 2,9% este año “gracias al consumo privado, el crecimiento de las exportaciones y reformas estructurales para mejorar la competitividad”. En ese escenario, los sectores que la entidad señala para invertir son:

• Transporte: incluye el desarrollo de vías de Cuarta Generación (construcción y rehabilitación de 8000 kilómetros en total), un sector que “se está afianzando”, según Philippe Neves, especialista senior en infraestructura del BM.

• Minería: a partir de la reforma tributaria para estimular las inversiones, se espera una aceleración de la inversión gracias también a una recuperación que se espera en el segundo semestre.

• Energía: surgen los proyectos solares y eólicos, favorecidos por la exoneración de aranceles de importación, así como del IVA y la renta, decidida por el Gobierno para impulsar su desarrollo.

El FMI, por su parte, prevé una expansión del 2,7% este año, considerando también un aumento del consumo, además de un mayor gasto público y una política fiscal “levemente expansiva”, según su panorama actualizado en mayo.

OBRAS URBANAS EN LA CAPITAL

Avanzada en Bogotá, donde actúa bajo el nombre de Valoriza, la española Sacyr ganó un contrato por 170 millones de euros para atender, con un servicio de limpieza urbana, a 1,5 millones de habitantes hasta 2026.

La firma se ocupa, desde febrero, de “la recolección de residuos no aprovechables, barrido, limpieza de vías y áreas públicas, corte de césped, poda de árboles, lavado y transporte de los residuos a los sitios de disposición final”.

En 2017, había caducado la concesión que la firma que preside Manuel Manrique tenía de una autopista de 202 kilómetros. Este nuevo contrato se suma a otras tres concesiones obtenidas en Bogotá: la rehabilitación de la Zona Rosa (10,8 millones), la ampliación del corredor peatonal (18 millones) y la restauración de la avenida Bocayá (10 millones).

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