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Trabajo digno para un tiempo de cataclismos económicos y transformaciones aceleradas

Gobierno, Iglesia, patronal y sindicatos debatieron en el congreso “Iglesia y sociedad democrática. El mundo que viene” sobre la nueva economía y el futuro del trabajo

11 DE marzo DE 2022. 11:55H Bernardo Álvarez-Villar

En el marco del II Congreso “Iglesia y sociedad democrática. El mundo que viene”, celebrado estos días en Madrid por iniciativa de la Fundación Pablo VI, y con la certeza de un panorama económico sombrío en los meses por venir, gobierno, clero, sindicatos y patronal se sentaron a hablar sobre “la nueva economía y el futuro del trabajo”. Moderaba el debate Julián Quirós, director de ABC, y a la mesa se sentaron el Monseñor Joseba Segura, obispo de Bilbao, el vicepresidente de la CEOE Lorenzo Amor y el secretario general de UGT Pepe Álvarez. Estaba previsto que estuviese también presente Yolanda Díaz, Vicepresidenta del Gobierno y Ministra de Trabajo, que finalmente se limitó a mandar un vídeo con una breve intervención.

“Necesitamos espacios para el intercambio de ideas, porque así se refuerza la democracia”, saludó Díaz, “soy una firme defensora del diálogo en todos los ámbitos. Gracias al diálogo, hemos firmado con organizaciones empresariales y sindicatos trece grandes acuerdos de país que sitúan el trabajo digno y decente en el centro de nuestras preocupaciones”. Para ello, añadió la ministra, es necesario “pararle los pies a un modelo de precariedad laboral que ha lastrado el futuro de tantas personas y familias” y considerar “la igualdad como el eje vertebrador de todas las políticas”.

Díaz recordó que se cumplen estos días 55 años de la publicación de la encíclica “Populorum Progressio”, del Papa Pablo VI. En ella, el Pontífice cargaba contra “la brecha entre ricos y pobres, y clamaba por la erradicación de las perversidades de un orden económico injusto”. La ministra citó una frase muy elocuente de Pablo VI: “Este liberalismo sin freno conduce a la dictadura”. Para la ministra, en esa encíclica late “un llamamiento a la igualdad y a la solidaridad”.

Tomó la palabra el moderador para dejar constancia de los numerosos interrogantes que se ciernen sobre “la nueva economía”, más aún con los tambores de guerra retumbando en un rincón de Europa. El Monseñor Segura recalcó que, por más incertidumbre que nos asole, no dejará de ser necesario abordar el trabajo como “un elemento esencial de la vida humana en el que es importante tener condiciones dignas”, y añadió un matiz a las palabras de la vicepresidenta: “No sé si la igualdad debe ser tanto en el resultado del trabajo, en salarios por ejemplo, como en cuanto al acceso a oportunidades y bienes necesarios en la vida humana”.

Para Lorenzo Amor, de la CEOE, “el futuro del trabajo es una entelequia, pero está claro que hay que marcar las reglas del juego que garanticen trabajo digno y decente. Y hemos visto que el diálogo social ha dado resultados para eso. Por ejemplo, con la Ley Rider”.

Precisamente la cuestión de las plataformas digitales, y la forma de regular los empleos asociados a estas. El propio Amor denunció que el gran problema de estas plataformas es que “se han convertido en una forma de competencia desleal con otras empresas que sí dan empleos dignos y pagan sus cotizaciones a la Seguridad Social”. Álvarez, de UGT, advirtió que estamos “ante cambios muy radicales en muy poco tiempo, y tenemos que ver cómo los regulamos para proteger a los trabajadores”.

Un cambio cultural para que nadie quede atrás

Quirós, director de ABC, propuso a los ponentes tratar de responder una pregunta: ¿ofrecen nuestros institutos y universidades una formación adecuada para el mercado laboral? Tomó entonces la palabra Pepe Álvarez, del sindicato UGT, para reconocer que “el sistema educativo español necesita cambios muy importantes. Nuestra gran asignatura pendiente es la Formación Profesional y, si queremos hacer el cambio de modelo productivo, hay que hacer una revolución en la FP”. Para el sindicalista, “si resolvemos eso, gran parte del problema del paro juvenil quedará arreglado”.

El obispo de Bilbao concede que la FP “es fundamental”, y que lo idónea sería que esa formación mantuviese “una relación directa y que implique a las empresas”. Pero añade que no comparte esa “tendencia a tecnificar la educación dejando en segundo o tercer plano las asignaturas que contribuyen a la formación integral, como la historia o la filosofía”. Para Segura, la educación actual peca de formar a personas “que saben mucho de un aspecto determinado, en relación con su trabajo, pero de otras cosas saben muy poquito”.

Amor también cree que la FP ha sido injustamente despreciada en las últimas décadas, y entona el mea culpa: “Mi generación de padres hemos creído que una buena educación implicaba un título. Sin embargo, ahora vemos que no hay demanda de empleo para títulos universitarios, y sí para FP. Creo que trabajo y formación tienen que ir de la mano, no como pasa ahora. Las facultades están llenas de gente que jamás va a trabajar para aquello en lo que se está formando, mientras que en España faltan soldadores y muchos otros técnicos. Necesitamos un cambio cultural”.

Y un cambio cultural con vistas largas, porque señala Monseñor Segura que vamos hacia un horizonte en el que “los tipos de trabajo se están fragmentando”. Esto es, “hay gente con formación especializada que podrá mantener buenos sueldos y un buen trabajo, otro grupo de gente que se quedará sin trabajo y, un tercer grupo, de gente haciendo trabajos de servicio humano, como sanitarios o comercios locales, cuyos servicios solo podrán permitírselos los que pertenecen al primer grupo”.

También el sindicalista hizo un llamamiento a que “nadie se quede atrás, porque no es algo que le vaya a pasar solo a la gente mayor. La gente joven también tiene riesgo de caer en la exclusión social”. Ante esta situación, el obispo de Bilbao reivindicó el papel de la Iglesia como institución “que se hace cargo de aquellos que se quedan en una gran vulnerabilidad. Participamos en el esfuerzo de tener una sociedad más justa y una economía a medida de la dignidad humana”.

El acto terminó con la certeza de que se avecinan tiempos difíciles, cataclismos económicos y transformaciones aceleradas. Pero también con una vaga esperanza de que, mediante el diálogo y el acuerdo, será posible embridar tanto terremoto.

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