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Vino de Mallorca hecho por extranjeros

Las uvas de la isla germanizada siguen siendo un nicho, aunque los alemanes quieren cambiar eso

08 DE enero DE 2019. 09:39H Stefanie Claudia Müller

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Christina Schallock se ríe cuando se le pregunta si su pequeña bodega cerca de Pollença es rentable: "Cubro los gastos", dice rápidamente y reconoce que su idea nunca fue enriquecerse con la viticultura: "Me encantó beber vino durante toda mi vida y luego, en 2001, tuve el deseo de hacer un vino yo misma". Sigue una tendencia que fascina, cada vez a más y más extranjeros y, sobre todo, a los alemanes. Muchos no tienen ni idea del negocio, por lo que algunos mallorquines los descartan. Pero Schallock y sus “Bodegas Xaloc” se han ganado el respeto de los locales, lo que no todos pueden decir.

En Mallorca hay un total de 90 bodegas, pero solo alrededor del 20% están organizadas al 100% de forma sostenible, según la opinión del experto y especialista en ventas de este vino Jaime Sancho. Schallock no rocía las uvas y ni siquiera las riega, pero no tiene ninguno de los certificados existentes comunes para el cultivo bio-dinámico u orgánico como "Demeter": "El esfuerzo administrativo es demasiado grande para mí. Pero garantizo un producto limpio de pesticidas. Para esto tengo la última tecnología de bodega y hago todo directamente in situ". Debido a que las uvas de la isla requieren mucha experiencia en el campo, la mayoría de los vinos "extranjeros" en Mallorca consisten principalmente en Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonnay y Sauvignon Blanc. El vino rosado y blanco es el más vendido, especialmente a los turistas que son los principales clientes.

ENÓLOGO POR PASIÓN, NO POR TRADICIÓN

Los alemanes aterrizan como Schallock en la viticultura cuando deciden quedarse en la isla, pero no quieren quedarse cruzados de brazos. Todos sueñan con su finca. Como la construcción en el campo se permite solamente a partir de un terreno de dos hectáreas, los inversores tienen que pensar en un proyecto para que quede rentable su aventura. Solo unos pocos viticultores extranjeros han comenzado como Schallock desde cero. Ya que otras bodegas "hechas en Alemania" lo tuvieron más fácil al principio porque compraron un equipo y solo cultivan el vino. Entre ellos el ex alto directivo alemán y consejero de varias empresas Klaus Heinemann, que produce aceite de oliva y vino en cooperativa con sus vecinos mallorquines Joan Buades y Javier Garau. Bajo la etiqueta GHB, las iniciales de los tres apellidos de los propietarios, quieren traer diferentes vinos al mercado. El Clos D'Almudaina Rosado es el primero. Les ayuda otro mallorquín, Carlos Feliu, un experimentado enólogo y vinicultor de la isla.

Heinemann, que también alquila yates y apartamentos en Mallorca, adquirió su finca en Montuïri en 2011: "Supe de inmediato que para mantener esa propiedad teníamos que participar activamente en la agricultura". Actualmente está produciendo vino y aceite de oliva en pequeñas cantidades, "pero nuestro enfoque no es desperdiciar el dinero aquí, sino rápidamente llegar a un punto de equilibrio". Por ello, no prensa la uva y el embotellado también se produce en otro lugar.

CADA VEZ MÁS MUJERES EN EL NEGOCIO DEL VINO

De todos modos, el negocio del vino mallorquín solo funciona debido al enorme éxito turístico de la isla y de las Baleares en general, que recibe alrededor de 14 millones de turistas extranjeros cada año. Gran parte de la producción extranjera se vende literalmente de boca en boca. Se consume en las degustaciones en la finca, como en el caso de Xaloc, y se vende a los centenares de yates en la isla, a restaurantes y a hoteles que exigen cada vez más vinos locales buenos y exclusivos con una historia detrás. Así, el turismo del vino se está convirtiendo en una nueva fuente de ingresos para la isla, donde los alemanes también quieren involucrarse.

Se agregó un nuevo factor interesante: el éxito del vino mallorquín hasta ahora se debe principalmente a la experiencia de las mujeres. "Muchos de los buenos enólogos en la isla y de los vinicultores son mujeres no solo en Xaloc, sino también en Can Majoral (Mireia Oliver), Ribas (Araceli Cervera Ribas), Miquel Oliver (María Oliver), Mesquida Mora (Bàrbara Mesquida) o Vins Nadal (Esperanza Nadal)" dice el experto y distribuidor de vinos mallorquines Jaime Sancho: “El negocio del vino es en realidad muy difícil, pero las mujeres lo entienden cada vez mejor. Esto ya ha sido probado por grandes bodegas españolas como Torres, Murrieta, Vega Sicilia o Cune”. El empresario alemán de medicina natural Michael Popp también trabaja en su bodega mallorquin Castell Miquel con una enóloga, con Nuria Tudurí.

EL VINO MALLORQUÍN SIGUE SIENDO UN PRODUCTO DE NICHO

A pesar de las inversiones millonarias, el vino mallorquín sigue siendo un nicho y es para muchos consumidores demasiado caro. El vino de Schallock varia entre 24 y 40 euros la botella. Pero esto no frena a los extranjeros de probar su suerte. El inversor más grande hasta ahora fue el alemán Peter Eisenmann, quien construyó su fortuna con cabinas de pintura para la industria automotriz. En Mallorca no solamente invirtió en vino, sino también en caballos. En su Finca "Es Fangar" cría hannoverianos. Su vino es ya uno de los mejores de la isla. Aunque a Sancho le impresionan las personas como Eisenmann, que no provienen del negocio de la vinificación y, sin embargo, invierten millones de euros en la aventura de su propio vino, advierte posibles imitadores: "Las condiciones climáticas no son óptimas en Mallorca y el vino no es fácil de vender".

Aquellos que hacen muchas ventas pueden usar nuevas tecnologías que controlen estos factores de riesgo y tienen una mejor posición de partida, dice Rafael Álvarez, especializado en sondas y sensores precisamente en esta área. Sin embargo, fuertes vientos y aguaceros podrían arruinar la cosecha de un año en pocas semanas. Schallock, que no utiliza ningún sistema de riego, ya ha perdido dos años por el temporal. Debido a su baja rotación, no puede permitirse una tecnología como la de Álvarez. Sin embargo, la bodega tradicional de José Luis Ferrer, que opera en el negocio desde 1931, tiene instalado un control sobre sus cultivos. Su bodega, que trabaja mucho con uvas autóctonas, se considera una referencia en vinos mallorquines. Schallock no está en este punto, pero está satisfecha con lo que tiene: uno vino ya premiado varias veces a nivel internacional: "Después de muchas noches sin dormir, mi bodega finalmente está funcionando".

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