ESG

Decrecimiento o crecimiento ‘verde’, esa es la cuestión

Luchar contra el cambio climático es un objetivo a nivel mundial y las dos alternativas que se pueden tomar es la de dejar de consumir y crecer para ralentizar la producción o apostar por seguir creciendo, pero reduciendo el nivel de emisiones. Esto último representa, además, una interesante oportunidad para los inversores.

30 DE marzo DE 2022. 08:00H Patricia Malagón

Una de las soluciones para evitar el cambio cambio climático se conoce como "decrecimiento". El término "decrecimiento" de término "decrecimiento" se remonta a 1972 y se atribuye al filósofo social André Gorz, que creó la palabra original - "décroissance" - en francés. El término inglés entró posteriormente en el debate después de que se celebrase una conferencia sobre decrecimiento en 2008. Pero, el concepto francés con el prefijo "dé" indica que el concepto es sobre lo opuesto al crecimiento, es decir, el crecimiento negativo. 

Wikipedia resume el objetivo del movimiento de la siguiente manera: "El decrecimiento hace hincapié en la necesidad de reducir el consumo y la producción globales y aboga por una sociedad socialmente justa y ecológicamente sostenible social y medioambiental que sustituya al PIB como indicador de prosperidad".

Este enfoque se justifica de la naturaleza finita de los recursos naturales y apareció por primera vez en Los límites del crecimiento: Un informe para el Club de Roma sobre el Predicamento de la humanidad en 1972. Tras varias actualizaciones el Club de Roma publicó Reinventar la prosperidad en 2016 y su mensaje subyacente era: "el 1% (de crecimiento) es suficiente".

Sin embargo, y tal y como explica Hans-Jörg Naumer, Director Global de Mercados de Capitales e Investigación en Allianz Global Investors, esta no es la solución para combatir el cambio climático ni para afrontar los objetivos que el mundo tiene por delante. “El decrecimiento no puede ser la respuesta. Además, sería contraproducente teniendo en cuenta el crecimiento de la población a nivel mundial, que se traducirá en un aumento de la demanda”. 

En este mismo sentido, en el del crecimiento de la población mundial, tampoco hay que olvidar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ODS), entre los que se encuentran lograr la reducción de los niveles de pobreza a nivel mundial. “Aunque ya se ha conseguido mucho, como la reducción de la proporción de personas que viven en niveles de extrema pobreza, aún no hemos alcanzado nuestro objetivo final. Al mismo tiempo, la población mundial sigue creciendo sin cesar, y las zonas más pobres del mundo representan la mayor proporción de este crecimiento”, asegura Naumer. Por todo ello, el experto establece que buscar el decrecimiento no tiene mucho sentido y sería casi imposible de lograr quedando, así como única alternativa el crecimiento sostenible.

La alternativa: un crecimiento sostenible

La transición a una economía sostenible parece ser la única vía para acompasar el crecimiento de la población, con el crecimiento económico y un aumento de la demanda de bienes derivada de la reducción de la pobreza, de una mejor calidad de vida y del propio aumento de la masa poblacional. Para ello, según el Director Global de Mercados de Capitales e Investigación en Allianz Global Investors, deberíamos buscar “innovaciones que garanticen que el crecimiento se desvincule aún más del consumo de recursos”, añade. El experto recuerda que, desde hace tiempo, se puede observar este fenómeno a escala mundial. “Mientras que la población ha crecido a más de 2,5 veces el tamaño que tenía en 1960, la producción económica se ha multiplicado por 7,5. Sin embargo, las emisiones de CO2, "sólo" se han cuadruplicado, mientras que la intensidad de CO2 ha disminuido más de la mitad, es decir, se emite menos de la mitad de lo que entraba en la atmósfera en 1960 por unidad de producto interior bruto”, señala el experto. La explicación a todo esto es “la innovación tecnológica desde muchos puntos de vista. Por ejemplo, en la búsqueda de fuentes renovables, de intensidad de la energía que ha conseguido producir más con menos y esto es algo fascinante”, comenta.

Lo cierto es que, si se observan las cifras por países, queda claro hacia dónde nos dirigimos: hacia intensidades de CO2 cada vez más bajas y, por extensión, hacia una desvinculación cada vez mayor del crecimiento y los gases de efecto invernadero. Por ejemplo, Estados Unidos, China, Alemania y Francia han conseguido reducir su intensidad de dióxido de carbono a aproximadamente una cuarta parte desde 1960. El Reino Unido ha conseguido reducir su intensidad de dióxido de carbono a cerca del 15%, lo que significa que se puede crear siete veces más valor con las mismas emisiones de CO2 que en 1960.

Una oportunidad para los inversores

Esta transición más sostenible, en la que el mundo ya está inmerso y está logrando producir más con menos supone una oportunidad para los inversores. “Se habla mucho de los costes de la transición, pero más que cuestión de costes hay que verlo más como una inversión”, comenta Naumer. Este cambio supondrá una renovación en las fuentes de energía que se utilizan, en las infraestructuras y en muchos otros aspectos para lograr las cero emisiones de carbono. “Los inversores pueden contribuir en esta transición y recibir interesantes retornos. Es claramente una oportunidad, ya que tenemos la innovación tecnológica por un lado y el apoyo de los gobiernos de diferentes regiones del mundo por otro. No solo se está impulsando esto desde la Unión Europea, por lo que es una oportunidad muy interesante y representa un incentivo muy fuerte para los inversores”, puntualiza el experto.


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