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La experiencia de BMO en el activismo accionarial

Este 2020 BMO Global Asset Management celebra 20 años de activismo accionarial. Dos décadas en las que la gestora ha colaborado con más de 5.500 empresas en cuestiones ASG.

20 DE octubre DE 2020. 10:55H Funds & Markets

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La gestora canadiense BMO Global Asset Management conmemora este ejercicio veinte años de activismo accionarial. Un hito del que se muestra orgullosa su consejera delegada, Kristi Mitchem. Veinte años en los que ha abordado los temas ASG ( sociales, medioambientales y de gobierno corporativo) más relevantes y de mayor impacto para sus negocios con más de 5.500 compañías, para conseguir más de 3.700 cambios positivos

El activismo accionarial ha ido cambiando. Nacido como un enfoque minoritario y limitado en gran medida a los inversores «con propósito», el activismo accionarial (engagement) se ha convertido en una práctica generalizada. El éxito de la iniciativa Climate Action 100+, que reúne a inversores con cerca de 40 billones de dólares en activos, refleja cuánto hemos avanzado.

La participación activa (active ownership) ha demostrado ser una herramienta financiera legítima y valiosa. En BMO, el activismo no es solo una herramienta para identificar y gestionar los riesgos, sino que también representa una vía para lograr un impacto positivo en el medioambiente y la sociedad. En la próxima década, la gestora canadiense quiere poner el énfasis en los resultados tangibles de este activismo a medida que nos acercamos a 2030, fecha límite para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). «Atrevernos a marcar la diferencia, tanto en los negocios como en la vida», no es tanto un título publicitario sino el verdadero propósito corporativo de BMO. 

Entrevista a Luis Martín, BMO Sur de Europa y Latam sobre activismo accionarial

BMO está haciendo realidad este propósito gracias a su compromiso con la inversión responsable e intenta aportar su granito de arena para que las finanzas sean un factor de cambio positivo.  

Por su propia naturaleza, la inversión responsable abarca distintos conceptos relacionados:

Administración responsable (stewardship): Asignar, gestionar y supervisar de forma responsable el capital con el objetivo de crear valor a largo plazo para los clientes y beneficiarios y generar beneficios sostenibles para la economía, el medioambiente y la sociedad.

Participación activa (active ownership): Usar los derechos que nos otorga nuestra posición como partícipes para influir en las actividades o el comportamiento de las empresas en las que invertimos. La participación activa, puede ejercerse de forma diferente en cada clase de activo. En el caso de las acciones cotizadas, incluye el activismo accionarial y la política de voto.

Activismo accionarial (engagement): Colaborar con las empresas para que mejoren su gestión de las cuestiones ASG, lo que incluye la divulgación de las mismas. Puede hacerse de forma individual o en colaboración con otros inversores.

Política de voto (proxy voting): Expresar formalmente nuestra conformidad o nuestro desacuerdo mediante la votación de resoluciones y la propuesta de resoluciones de los accionistas sobre determinadas cuestiones ASG. 

Primeros años de participación activa

En sus inicios, la participación y el activismo se restringían al ámbito de los inversores con propósito o religiosos. A medida que conceptos como los derechos de los accionistas y el desarrollo sostenible adquirieron mayor importancia, la participación activa empezó a ganar relevancia entre los inversores, aunque, en la década de los 1990, siguió siendo una actividad relativamente minoritaria que a menudo se limitaba a asuntos relacionados con el gobierno corporativo y el voto.

Los inversores más concienciados usaron su posición como partícipes para presionar a las empresas ya en los años 1970, cuando los accionistas de Dow Chemical presentaron una resolución para restringir la venta de napalm. Aunque se trataba de un enfoque poco común, en los 1970-80 las resoluciones de los accionistas se habían vuelto algo habitual y se presentaron varias resoluciones contra la segregación racial (apartheid) en empresas que mantenían vínculos con Sudáfrica, destinadas a intensificar la presión mediante una campaña de desinversiones.

La ausencia de estándares y de una definición común de la sostenibilidad supuso un obstáculo importante para la generalización de este tipo de acciones. Esto cambió a finales de los 1980, cuando las Naciones Unidas lideraron el camino y establecieron algunas de las instituciones y de los conceptos clave que han guiado las medidas sobre sostenibilidad desde entonces.

El caso de Dow y el napalm

El napalm fue ampliamente utilizado por el ejército estadounidense en la guerra de Vietnam. Las imágenes de los efectos de esta arma química en la población civil provocaron la indignación generalizada y los grupos activistas buscaron formas de prohibir su uso. 

Uno de estos grupos, el Medical Committee for Human Rights, compró acciones de Dow Chemical Company, la empresa que fabricaba el napalm y se lo vendía al gobierno de EE. UU. En 1968, el grupo intentó presentar una resolución de accionistas para prohibir la venta de napalm, una propuesta que dio lugar a una prolongada batalla legal, ya que Dow rechazó la resolución, con el respaldo de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) estadounidense. Sin embargo, en 1970, una histórica sentencia del Tribunal de Apelación le dio la razón de forma unánime al Medical Committee, citando el principio de la democracia de los accionistas.

La resolución finalmente se sometió a votación durante la Junta General de Accionistas de 1971. Aunque fue rechazada por la abrumadora mayoría de los accionistas, el caso demostró que los accionistas podían apoyar objetivos sociales y abrió la puerta a lo que vendría en el futuro.

Sigue leyendo la próxima etapa del activismo accionarial de BMO: Años 2000-2010







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