miércoles, 20 febrero 2019
ZONA PREMIUM
Fondos

Las carteras de los fondos de renta variable se preparan para la rotación sectorial

La previsible volatilidad que va a bañar la renta variable en este ejercicio provoca que haya más precaución a la hora de ejecutar la toma de posiciones.

16 de enero de 2019. 00:01h Héctor Chamizo
  • Image

En 2018 la volatilidad reapareció en los mercados de renta variable y, en el futuro, tendremos que convivir con esta situación. Los factores que pesan en el mercado como el Brexit, los presupuestos de Italia, la guerra comercial, el pico en las tasas de crecimiento, o el ajuste cuantitativo; y los factores de apoyo (crecimiento continuo de los beneficios empresariales, una economía sana, tipos de interés bajos, potencialmente más estímulos fiscales), están más o menos equilibrados.

De esta forma, tanto los inversores optimistas, como los pesimistas, tienen suficientes razones para justificar sus respectivas posiciones. Después de las correcciones de octubre y noviembre, las valoraciones se han normalizado y en Europa y Asia en algunos casos están alcanzando rangos más bajos que hemos visto en el pasado.

Sin embargo, las valoraciones no proporcionarán un apoyo significativo a las bolsas mientras las incertidumbres sigan aumentando. A juicio de Christian Schmitt, gestor del fondo Ethna-DYNAMISCH, los catalizadores más importantes para recuperar un estado de ánimo más positivo en la renta variable son variados. La principal fuente de presión en Estados Unidos ha sido “la subida de los tipos de interés” y, más recientemente, “el temor a una desaceleración económica”.

Con este contexto, ¿la volatilidad puede continuar en 2019? Tal y como apunta Didier Saint-Georges, miembro del Comité de Inversión de Carmignac, seguiremos teniendo “las influencias negativas de la reducción de la actividad de los bancos centrales, un menor crecimiento económico y las incertidumbres políticas”, especialmente en los aranceles, por lo que los mercados de renta variable pueden “seguir siendo volátiles”, y posiblemente negativos si la Fed mantiene “su ritmo de ajuste planeado en 3 subidas de tipos adicionales”.

Para Ignacio García y Magdalena Bassi, del equipo de A&G Asset Management esto no quiere decir que el año tenga rentabilidades negativas, sino que “tengamos mayor dispersión en el comportamiento de los activos, y un comportamiento menos tendencial”.

Además, Álvaro Antón, Country Head de Aberdeen Standard Investments en Iberia, añade que el hecho de que la renta variable se vea penalizada en 2019, no quiere decir que constituya el presagio de una “recesión inminente”. Ciertamente, “no antes de 2020 o 2021”, en todo caso. A menos que Estados Unidos o China cometan “serios errores políticos”.

Pese a todo, la incógnita es si, pese a estas previsiones, aún es momento de tomar posiciones en fondos de renta variable si se realiza una exhaustiva selección de activos. En opinión de ClearBridge, filial de renta variable de Legg Mason los flujos de efectivo fuertes y las recompras sólidas podrían respaldar “las acciones y que las acciones orientadas a la calidad superen a la de 2019”.

¿El escenario invita a un cambio en las carteras?

Con este clima en el que parece que las incertidumbres se van a mantener, y que en los mercados aún puede haber algunas oportunidades, la cuestión clave es si es momento de hacer una reconfiguración en las carteras por parte de los gestores de fondos de inversión. Sobre todo, en relación con el enfoque de los sectores en los que invertir.

A este respecto García y Bassi argumentan que el posicionamiento ha de ser más defensivo, basado en “empresas de calidad”. La gestión ha de ser más activa, ya que creen que será un año de “rangos amplios”.

Álvaro Fernández Arrieta y Mario González, directores de desarrollo de negocio de Capital Group para España, concretan que si hemos aprendido una lección es la derivada de la observación de los mercados, no sólo de este año, sino en el largo plazo, puesto que no debemos “temer a los mercados en caída”. Las mejores decisiones de inversión no se basan en consideraciones macroeconómicas, sino en “los fundamentales de cada empresa”.

Así las cosas, según afirma Stefan Hofrichter, economista jefe de Allianz Global Investors siguiendo este hilo, nos encontramos en el momento de “reducir la beta en las carteras”, es decir, disminuir gradualmente “el riesgo”. Dicho de otra forma, optar por sectores de “precios moderados y menos cíclicos, en general”.

Esa dinámica táctica se está convirtiendo en un sentir más general. De hecho, Antón desvela que en los últimos tiempos han incluido “algunos activos refugio y protección contra la inflación” ya que hay riesgos para sus predicciones “del ciclo económico global”. Por tanto, el cambio de rumbo en las carteras se está empezando a producir.

Por otra parte, otro enfoque es de la inversión vía dividendos. Y es que, como relata Nick Clay, jefe de renta variable global, Newton, parte de BNY Mellon, si la empresa en cuestión también proporciona una rentabilidad por dividendo decente y sostenible, “se convierte en un fuerte contribuyente a la rentabilidad de inversión”. Si dicha renta se reinvierte cuando cae la cotización, “las pérdidas de capital pueden recuperarse con mayor rapidez”.