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¿Cómo han de invertirse en renta fija con la normalización?

08 de junio de 2018. 09:00h
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En los Estados Unidos, la eurozona y el Reino Unido, la narrativa dominante de los bancos centrales es de normalización de la política monetaria: subidas de los tipos de interés, contracción de balances y fin de los programas de QE. Según Paul Brain, jefe de renta fija en Newton, este cambio de política obligará a los inversores en renta fija a cambiar su forma de pensar. A primera vista, los bancos centrales operan a distintas velocidades. La Reserva Federal estadounidense está firmemente establecida en el carril rápido: tras haber revisado al alza el precio del dinero en seis ocasiones desde fin de 2016, tiene previsto realizar hasta seis nuevas subidas de tipos en los próximos doce meses. Le sigue el Banco de Inglaterra (BdI), con un alza de tipos en 2017, otra prevista para mayo, y otra más a finales de año. Algo más rezagado, el Banco Central Europeo (BCE) tiene previsto recortar su programa de QE en septiembre, antes de comenzar a considerar subir su tipo de intervención desde el 0% actual el año que viene. En último puesto tenemos al Banco de Japón (BdJ): con el tipo de interés a corto plazo fijado en el -0,1%, la entidad se ha comprometido a continuar ampliando la base monetaria hasta el índice de precios de consumo supere el 2,0%. Pero en opinión de Paul Brain, jefe de renta fija en Newton, si uno mira más allá de esta diversidad no cabe duda del sentido en el que gira el carrusel monetario: “El sentido de marcha –ya sea en la eurozona, en Japón, en Estados Unidos o en el Reino Unido– es el contrario al de las políticas que definieron la respuesta a la crisis financiera global de 2008. El énfasis previo en políticas expansivas y un estímulo fiscal ajustado está cediendo, y los bancos centrales muestran una línea cada vez más dura incluso cuando los gobiernos empiezan a sucumbir a la presión populista de soltar las riendas del gasto.” La Fed –con sus múltiples subidas de tipos– ha adoptado la postura restrictiva más obvia, pero no está ni mucho menos sola: otros bancos centrales están comenzando a adoptar un enfoque similar. Entretanto, sus balances están menguando. La Fed vuelve a ser el ejemplo más ilustrativo: su ritmo de contracción actual es de 20.000 millones de dólares mensuales, y según Brain continuará acelerándose: de cara a los próximos doce meses, se anticipa que volverá al mercado un volumen de bonos de 500.000 millones de dólares. No obstante, el rumbo fuera de los Estados Unidos también está claro: los bancos centrales de todo el mundo comienzan a frenar la liquidez y a desmantelar sus programas de compras de activos. Este contexto plantea la cuestión de lo que Brain describe como “desfase fiscal”: la adopción, por parte de los gobiernos, de políticas populistas susceptibles de estimular al conjunto de la economía. En el Reino Unido, esto podría traducirse en subidas salariales en el Servicio Nacional de Salud (NHS)2, y en Estados Unidos podría significar un aumento sin precedentes del déficit en forma de salarios de funcionarios, defensa e infraestructura3. En Francia y Alemania, de igual modo, las recientes huelgas en el sector público ponen de relieve lo difícil que es mantener la disciplina fiscal en la eurozona4. En teoría, afirma Brain, este cambio en la coyuntura del mercado, que incluye mayores tipos de interés y el retorno de la inflación, no augura nada bueno para la renta fija. Sin embargo, esto no significa que los inversores tengan que empezar a acumular efectivo. En lugar de ello, quienes desean invertir en deuda tienen varias formas de adaptarse al entorno actual. Divergencias entre países En primer lugar, la propia diversidad del paisaje de política puede ser favorable para los inversores globales, al permitirles elegir su exposición a distintos tipos de interés y enfoques de estímulo fiscal. Brain: “El paradigma de distintas velocidades de política monetaria le brinda libertad para ajustar sus asignaciones de forma matizada. Los inversores cautos se verán probablemente atraídos hacia países con mayores calificaciones de crédito (representados en el cuadrante superior derecho de la figura 3). De igual modo, si uno obtiene suficiente remuneración por asumir más riesgo, podría optar por asignar parte de su cartera a países con peores balanzas por cuenta corriente o presupuestaria. En última instancia, todo se reduce a si la rentabilidad al vencimiento (TIR) que ofrece una emisión compensa de forma suficiente cualquier aumento del riesgo.”