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La perpetua transición en China repercute a los activos

30 DE enero DE 2018. 09:00H Funds & Markets

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Las empresas estatales combinan un alto nivel de apalancamiento y una baja productividad en sectores donde el exceso de capacidad es extremo. A raíz de la crisis financiera mundial, el crédito a las entidades no financieras ha pasado del 100% del PIB al 165% en la actualidad. Esta inyección masiva de crédito impulsada por el gobierno ha estimulado la economía y explica en gran medida el sólido comportamiento económico de los últimos diez años. El alto nivel de endeudamiento y la baja productividad se consideran actualmente un riesgo. Reformar las empresas estatales solo significa cerrar las menos productivas y reestructurar las demás con el fin de crear las empresas líderes del mañana y, en última instancia, prepararlas para la competencia mundial. Esta transformación generará tanto un coste social como un coste financiero, ya que algunos empleados perderán sus empleos y algunos créditos no serán reembolsados. Los cuatro bancos propiedad del Estado, que también son los mayores bancos del mundo³, han financiado las empresas estatales con crédito y ahora se centran en una gran concentración de préstamos dudosos que deben ser absorbidos por el sistema financiero. En este contexto, es importante destacar que algunos de estos préstamos dudosos están siendo transferidos a entidades especiales que no aparecen en los balances de estos mega-bancos. Dichos préstamos son retitulizados y vendidos a inversores dispuestos a obtener un mayor rendimiento de lo que normalmente reciben en cuentas corrientes. Estas entidades son instituciones financieras no bancarias, conocidas asimismo como bancos en la sombra o alternativos, y están sujetas a una regulación poco estricta. Para el sistema financiero en su conjunto, esta dispersión del riesgo fuera del sistema bancario estrictamente regulado representa un riesgo sistémico. A pesar de que esto es de dominio público en todos los estamentos del gobierno chino, sigue siendo un riesgo. El gobierno también está reforzando su control en otro sector importante de la economía china. Los precios de la vivienda han aumentado a un ritmo frenético en los últimos años, especialmente en las ciudades de nivel 1. En China, la falta de oportunidades de inversión ha animado a los ciudadanos a comprar un apartamento, una «unidad en el cielo», contribuyendo a la aparición de una clase media y al desarrollo del consumo masivo. Los precios de la vivienda no pueden seguir subiendo así porque «las casas se construyen para ser habitadas, no para especular», ha declarado Xi Jinping. A medida que la asequibilidad disminuye a consecuencia del aumento de los precios, los compradores de una primera vivienda son gradualmente excluidos de este mercado. Además, la especulación y la formación de burbujas van de la mano, con consecuencias dramáticas para los hogares y el sistema financiero cuando estallan. Moderar la inflación del precio de la vivienda sin provocar una venta masiva, es la ambiciosa meta que el gobierno está encarando en estos momentos. Además de los dos objetivos descritos anteriormente, que son sin duda restrictivos en términos de crecimiento, China está pasando de manera brillante del crecimiento dirigido a una mejor calidad de crecimiento. La expresión «China hermosa», sinónimo de medio ambiente limpio y bienestar creciente en palabras de Xi Jinping, significa que el crecimiento a toda costa ya no es una meta. Todas estas reformas señalan que el crecimiento cíclico se ralentizará en los próximos años. No solo se está desacelerando el sector de la construcción, sino que la estabilidad del precio de la vivienda también pone un tope a la creación de riqueza de muchos hogares y, por lo tanto, actúa como freno al consumo. Cabe señalar que el gobierno está desarrollando el crédito al consumo para contrarrestar esta tendencia.
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