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Inversión en mercados emergentes: Qué esperar en 2020

Nick Price, gestor de fondos de renta variable emergente de Fidelity International

10 DE febrero DE 2020. 08:00H Nick Price

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Los inversores están sopesando qué podría deparar 2020 en las bolsas de los mercados emergentes. Como en años anteriores, en 2019 no faltaron grandes titulares: desde el giro de Argentina a la izquierda hasta la guerra comercial entre EE.UU. y China. Todos ellos provocaron fuertes vaivenes con alternancia de fases de tolerancia e intolerancia al riesgo. Aunque los mercados emergentes registraron rentabilidades absolutas positivas en dólares, no ha pasado desapercibido el hecho de que estas fueron netamente inferiores a las de los mercados desarrollados. Sería incorrecto afirmar que el futuro de los mercados emergentes está asegurado: se trata de una clase de activo volátil que es adecuada para los inversores dispuestos a adoptar una visión a largo plazo. Pero si los miramos desde una perspectiva diferente encontramos razones para el optimismo de cara a la próxima década, que comento a continuación. 

No debe subestimarse la importancia de la política monetaria  

Las autoridades monetarias de los países desarrollados realizaron durante 2019 pequeños recortes de tipos, mientras que sus homólogas en los mercados emergentes los recortaron de forma contundente, apoyadas por unos tipos reales elevados. Y se podrían producir nuevos recortes en 2020. Aunque no deberían percibirse como una panacea, los tipos más bajos podrían estimular la actividad e impulsar la demanda: la financiación más barata puede reducir el lastre que supone la devolución de la deuda y, a su vez, ayudar a las empresas a financiar la inversión productiva. En cuanto a las consecuencias de los recortes de tipos de la Fed, con el tiempo estos deberían reducir la presión sobre el dólar, sobre todo si consideramos los efectos perniciosos del proteccionismo, del déficit doble que no deja de crecer y de la incertidumbre política que se deriva de las elecciones estadounidenses (mientras que en otras partes del mundo se observa una mayor claridad). 

El cambio está en marcha, pero Roma no se construyó en un día 

El cargado calendario electoral de los mercados emergentes en 2018 y 2019 ha comenzado a dar pistas a los inversores sobre la evolución futura de las políticas de los gobiernos. Eso no quiere decir que todos los gobiernos apuesten por una agenda favorable al sector privado, pero sí se aprecia que algunos mandatarios desean tomar medidas valientes y decisivas para apuntalar las finanzas públicas y colocar a sus países en una senda de crecimiento más sostenible. En este sentido, se necesita paciencia, ya que sabemos que los mercados suelen penalizar a la bolsa o celebrar apresuradamente el éxito, mientras que los progresos reales llevan tiempo. 

La agitación geopolítica ha asestado un fuerte golpe a la confianza y los mercados emergentes se han llevado la peor parte de las malas noticias con el deterioro de las relaciones entre países. La guerra comercial (o tecnológica, como muchos la han denominado) está enquistada y no debería desdeñarse como algo irrelevante. Sin embargo, en otras áreas del mundo emergente hemos visto pruebas de que las disputas prolongadas pueden solventarse, y un buen ejemplo es el conflicto entre EE.UU. y México

A medida que EE.UU. y China van dando pequeños pasos hacia una solución (como el acuerdo comercial de “Fase 1”), sigue habiendo oportunidades para que las bolsas emergentes reduzcan su desventaja tras un periodo caracterizado por un comportamiento relativo marcadamente inferior. 

Cuidado con la brecha 

La brecha de valoración entre los mercados emergentes y los desarrollados se encuentra en su punto más alto en 15 años: -35% atendiendo al ratio precio-valor en libros.  

Si consideramos lo anterior junto con las perspectivas de beneficios, existen buenas razones para pensar que los mercados emergentes podrían atraer a los inversores. Las estimaciones de consenso colocan el crecimiento de los beneficios de los mercados emergentes por encima de los mercados desarrollados; así, los cálculos oscilan entre el 11% y el 13% en 2020 y entre el 12% y el 13% en 2021 (en dólares), lo que brinda motivos reales para encarar el próximo año con optimismo.  

2020 es un año para ser estructuralmente optimistas 

Los mercados emergentes no han eludido y no eludirán la desaceleración del crecimiento y varias de las economías más grandes, como la India y China, nos darán pruebas de que las tasas de crecimiento hace tiempo que tocaron techo y giraron a la baja.  

Sin embargo, muchos países emergentes siguen mostrando los mayores niveles de crecimiento económico del mundo y algunas de las incertidumbres y dificultades que han afectado a esta clase de activo a lo largo de los últimos años podrían estar disipándose.  

Sostenemos desde hace tiempo que, a pesar de las noticias, los mercados emergentes ofrecen abundantes oportunidades de crecimiento estructural que sostienen una visión positiva sobre esta clase de activo. Existen áreas con trayectorias de crecimiento de larga duración que justifican una postura estructuralmente optimista y albergan empresas que operan en categorías con unas tasas de penetración considerablemente bajas. 




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