martes, 17 septiembre 2019
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Desaceleración: ¿Que pueden hacer los bancos centrales?

Las grandes economías disfrutan en la última década de un periodo inusitado de activismo de los bancos centrales. Desde la explosión de la crisis de 2008, unos antes otros después, se han puesto a la obra de reforzar la economía y los mercados financieros. Ahora, cuando ya nadie discute que el mundo camina hacia una desaceleración, ¿qué herramientas tienen para atajarla?

23 de febrero de 2019. 00:01h Rocío Arviza
  • Desaceleración: ¿Que pueden hacer los bancos centrales?

El debate está sobre la mesa. Los más pesimistas ven clara la llegada de una recesión a medio plazo. Los menos confían en que la cosa quede en la desaceleración de la que se viene hablando desde hace meses. Entre los primeros está la boutique de gestión de activos suiza Unigestión. Consideran que en “EE.UU. hay nubes que se están acumulando en este momento y que auguran una recesión típica. Señalan factores como que es probable que el mercado de la vivienda en el país genere cifras de crecimiento negativas por primera vez en mucho tiempo. Y apuntan a otro dato: observan que las intenciones de inversión están retrocediendo. “Un buen ejemplo de ello es que la tasa de utilización de la capacidad en los Estados Unidos ya ha registrado su primera caída y es probable que la FED le preste a ello mucha atención”. Hay que tener en cuenta que esta tasa es el porcentaje de los recursos disponibles que se utilizan en las fábricas, minas y servicios públicos del país y refleja la capacidad de crecimiento global y la demanda de la economía.

Y tampoco hay que perder de vista los datos de la última encuesta de Bank of America Merrill Lynch entre inversores de bonos corporativos: casi una tercera parte de ellos señalan como su principal dolor de cabeza una recesión global, el mayor porcentaje para un único miedo desde 2017.

¿Recesión no?

Muchas otras casas de análisis, gestoras y analistas lo tienen menos claro: hablan tan solo de desaceleración, aunque evidente. De hecho desde el propio BCE, Benoit Coeure, miembro del Comité ejecutivo del organismo, ha reconocido esta semana que “es claramente más fuerte y amplia de lo que se esperaba", por lo que el Banco Central Europeo está discutiendo la puesta en marcha de nuevas subastas de liquidez a largo plazo. Pero, ¿es esta la única opción de actuación?

Alexis Ortega, socio director de Finagentes Gestión, cree que “después de 10 años de políticas de extrema laxitud muchos bancos centrales se han quedado prácticamente sin armas". Los programas de quantitative easing han llevado sus balances en Europa hasta prácticamente el 40 por ciento del PIB y en Japón prácticamente al 100 por cien. No tenemos datos de China, pero va en la misma línea”. El único que ha podido reducirlo mínimamente algo es la FED y ha logrado subir un poco los tipos de interés, con lo cual “de alguna manera el banco central estadounidense es el único que ahora mismo tiene alguna disposición para hacer más”.

Creatividad de los bancos centrales

Hasta la fecha y tras la estela de la Reserva Federal, que fue quien abrió la veda en 2009, las máximas instituciones monetarias mundiales han demostrado una impresionante capacidad de innovación. Desde bajadas del precio del dinero, tipos negativos, compras directas de bonos soberanos y corporativos, etc. “Una extensa lista de nuevas técnicas creativas para tratar de apuntalar la economía”, según subrayan desde Unigestión. Pero ahora, “no vemos solo desaceleración en la Zona Euro como en 2011, como en China en 2015. Esta vez EE.UU., el gigante asiático y la eurozona muestran signos simultáneos”. Por eso cabe preguntarse, ¿queda algo en manos de los bancos centrales por hacer?”.

Desde Finagentes Gestión, Alexis Ortega cree que “lo que pueden hacer es lo mismo que hasta el momento: programas de incremento de la masa monetaria que permitan mantener vivo un modelo de crecimiento vía deuda y de burbujaque veo prácticamente agotado”. Y esta suerte de “trampa” en la que se encuentran los bancos centrales es – a juicio de Ortega- el ejemplo más claro de que este modelo no funciona.

Pese a todo, cree que lo más efectivo en China sería que su banco central vuelva a hacer algún tipo de aumento de su liquidez vía reducción de las reservas y se aumente el gasto público por parte del gobierno. Y estima que en EE.UU la FED tiene en sus manos frenar el proceso de reducción de su balance, luego subir tipos y posiblemente pensar en un nuevo quantitative easing o QE.

Siguen con poder

Mucho más optimista sobre los ases bajo la manga de los responsables de las políticas monetarias de las grandes potencias es Álvaro Sanmartin, cogestor del fondo Alinea Global. “Los bancos centrales ya han demostrado que solo variando un poco el tono pueden hacer mucho. Por ejemplo, ha bastado el cambio de discurso de la FED en su último encuentro para revertir el comportamiento negativo de la renta variable y del crédito americanos en el último tramo de 2018”. Defiende que “tienen mucho más margen de maniobra del que parece, menos que en épocas pasadas, pero tienen”. Y aprovecha para lanzar la idea de que puede que estemos obsesionados con la desaceleración porque están muy a la orden del día riesgos como el Brexit o la guerra comercial. “Cuando esos riesgos se aclaren se verá que los fundamentos macroeconómicos ni en EE.UU ni en Europa son tan malos como se está diciendo”. Si eso ocurre, para entonces, el debate será otro.