domingo, 19 mayo 2019
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La ISR, más que una inversión

La Inversión Socialmente Responsable (ISR) o ESG es una tendencia que arrancó hace algo más de una década, pero que va más allá de las modas. Se trata de una filosofía de inversión que promueve la apuesta por el medioambiente, el buen gobierno y la igualdad de género, entre otros criterios.

29 de abril de 2019. 00:01h Patricia Malagón
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La inversión ESG o ISR no es solo una moda, es una tendencia que se ha afianzado en los últimos años y que lo seguirá haciendo. En esencia, se trata de una inversión socialmente responsable, en la que se elige a los activos en función de criterios previamente fijados. Estos criterios tienen que ver con el medioambiente, con la igualdad de género y con el buen gobierno de la empresa, entre otros.

Sin embargo, la utilización de estos criterios “no impide la utilización de filtros financieros y estratégicos de inversión convencionales. Además, permite generar alfa adicional evitando áreas de alto riesgo e identificando otras potenciales de rendimiento superior”, comenta Nina Lagron, CFA Senior Portfolio Manager de La Française AM. Aparte de ello, el uso del ESG en la inversión “permite cambiar las conversaciones con el equipo directivo de temáticas a corto plazo para pasar a factores a largo plazo que generan valor”, agrega.

"A nivel mundial, la penetración de la ISR es sustancial en términos de volumen aunque la integración de estos criterios ESG es todavía incipiente en los procesos de inversión. Según datos de GSIA, a finales de 2016 las inversiones socialmente responsables suponían un 25% de la industria total de gestión de activos. ", señala Irene López, Senior Sales en DWS Iberia y especialista en ESG para vuestro especial de ISR.

El ESG y la rentabilidad

Una de las grandes preocupaciones que se suele tener a la hora de invertir en activos catalogados como ESG es si son más o menos rentables. El último estudio de la gestora Amundi trató de comprobar cómo afectan estos criterios a la rentabilidad de la cartera. Para ello, analizaron datos propios desde 2010 a 2017 y observaron el comportamiento en 1.700 compañías correspondientes a los índices MSCI: MSCI North America, MSCI EMU, MSCI Europa-ex EMU, MSCI Japan y MSCI World.

La primera conclusión que se refleja en el estudio es que los criterios ESG tuvieron poco impacto en el riesgo de la cartera – que mide la volatilidad y el drawdown – pero, descubrieron que sí influyeron en la rentabilidad. En general, la inversión ESG penalizó a los inversores entre los años 2010 y 2013. Sin embargo, en el periodo 2014-2017 estos criterios mejoraron la rentabilidad. En el texto, además, explican que comprando las acciones best in class (20% mejor clasificadas en cuanto a criterios ESG) y vendiendo las acciones worst in class (20% peor clasificadas en estos criterios) se habría generado una rentabilidad anualizada del 3,3% en Norteamérica y del 6,6% en la Eurozona en el periodo 2014-2017; siendo estas cifras -2,70% y -1,20% respectivamente entre 2010 y 2013.”, explican en Amundi.

Un cambio filosófico

Los primeros cimientos de la inversión ESG se pusieron en 2007 con el lanzamiento de los Principios de Inversión Responsable (PRI) de las Naciones Unidas, que “exigían una financiación que integrara los principios fundamentales de los tratados o convenciones internacionales de derechos humanos, la lucha contra la corrupción y la protección del medio ambiente”, cuenta Nicolas Jacob, Head of ESG Research ODDO BHF AM.

"El impacto de la ISR en el futuro de las gestoras es una realidad, que vendrá impuesta por regulación. En la situación actual existen 3 tipos de gestoras de fondos de inversión: aquellas que integran al 100% factores financieros junto con factores extra-financieros (medioambientales, sociales y de gobernanza corporativa), aquellas que únicamente integran factores extra-financieros en equipos dedicados únicamente a inversiones ISR y aquellas que no tienen en cuenta los factores extra financieros. La regulación requerirá en los próximos años que las gestoras integren factores extra-financieros al 100% y aquellas que no lo hagan serán desplazadas del mercado.", agrega López.

Sin embargo, hasta el Acuerdo de París sobre el Clima en 2015 no se consolidó la inversión responsable como un tema de gran importancia para los principales gestores. Pero más allá de la regulación, “la opinión pública y las generaciones más jóvenes ya no aceptan la inevitabilidad del calentamiento global, y los grandes inversores también creen ahora que la búsqueda de beneficios financieros a corto plazo es potencialmente destructiva de valor a largo plazo”, añade Jacob.

Este cambio entre los inversores se ve contrastado en la última encuesta realizada por Legg Mason, cuya principal conclusión señala que el 50% de los inversores españoles aumentará la inversión en activos ESG en los próximos cinco años. Además, en la actualidad, el 44% de los inversores encuestados aseguran que tienen en cuenta estos criterios para elegir en qué fondos invierten.

El boom de los bonos verdes

Aunque dentro de la inversión ESG hay disparidad en la clase de activos, los llamados bonos verdes están multiplicándose exponencialmente. En 2016, se superaron los 87.000 millones de dólares en emisiones de estos bonos, mientras que en 2015 la cifra fue de 42.000 millones y en 2017 de 123.000, según Bloomberg.

Un bono verde es cualquier bono cuyos fondos se destinen a financiar proyectos verdes, que deben estar alineados con los Green Bond Principles (GBP). Solo dentro de la Unión Europea, “se estima necesario alrededor de 180.000 millones al año de inversiones adicionales en eficiencia energética para lograr los objetivos climáticos para 2030”, señala Jon Wallace, analista de Jupiter Asset Management.

La importancia de la regulación

La inversión ESG es un fenómeno más o menos reciente, quizá por ello la regulación que hay sobre el papel sobre esta nueva forma de invertir es escasa. Pero, en los próximos años tanto los países como los organismos supranacionales, principalmente la Unión Europea, comenzarán a perfilar leyes que inviten a este tipo de inversión.

Francia ha sido la pionera con una ley de 2015 sobre transición energética y crecimiento verde, en el artículo 173 “se exige específicamente a los inversores institucionales y a los gestores de activos que publiquen cómo integran los criterios de la ESG en sus procesos de inversión. El componente ambiental de esta ley va bastante lejos, ya que pide a los inversores que publiquen una huella de carbono de las carteras y expliquen cómo pretenden compatibilizar sus inversiones con una trayectoria climática a largo plazo que limite el calentamiento global a 2°C para 2100.”, explica Nicolas Jacob.

En España, no existe por el momento una ley especifica como tal, pero organismos como Spainsif están trabajando en elaborar unos criterios marco para que, en función de ellos, un fondo se pueda catalogar como ESG. Por otro lado, la circular ISR de 2014 de la Asociación de Inversión Colectiva y Planes de Pensiones INVERCO, explica que sólo las ICCs que cumplan los requisitos establecidos podrán incluir las siglas ISR o ESG en su denominación.

En cuanto a la regulación que está por venir es un “tsunami regulatorio llamado Plan de Acción de la Unión Europea para unas Finanzas Sostenibles que cuando finalice su elaboración en 2022, aproximadamente, ya tendremos más claro este tema, aunque hasta entonces se estén dando grandes mejoras parciales en ese campo”, comenta Luis Hernández, gestor de fondo Esfera II Sostenibilidad ESG Focus.

Sin embargo, el riesgo de una regulación excesiva “podría frenar la innovación”, señalan desde Amundi. Estas regulaciones que la Unión Europea y algunos países quieren implantar “no deben ser demasiado restrictivas para garantizar que los actores financieros aún puedan innovar”, agregan desde la gestora. Al mismo tiempo, Amundi recomienda a los gobiernos de todo el mundo que la mejor manera para promover el ESG es a través de leyes de transparencia para que se conozcan mejor los datos de las empresas.

Siguiendo la senda regulatoria, Carlo Fassinoti, especialista de ESG en Nordea AM, comenta que, aunque no hay nada sobre el papel todavía, es posible que a los inversores ESG se les de algún tipo de beneficio fiscal a la hora de declarar las rentas obtenidas. Es decir, que en el momento de retirar capital de un fondo catalogado como ISR se paguen menos impuestos.

El gran reto del ESG

El principal objetivo de esta inversión es hacer ver a los inversores que “no hay creación de valor a largo plazo para los accionistas sin tener en cuenta los intereses de todos los stakeholders, desde el empleado, los proveedores y los clientes.”, señala Nicolas Jacob. De igual manera, sino se toman medidas concretas sobre el clima, “al reasignar los flujos financieros hacia una economía con bajas emisiones de carbono, el mundo tendrá que abordar cuestiones importantes que generarán grandes pérdidas para los accionistas y los tenedores de bonos. Por lo tanto, la prioridad es asegurar que la conciencia sea real y que los retos a largo plazo sean bien entendidos”, finaliza el experto.

"Sinceramente, queda mucho por hacer. Lo más difícil es cambiar la conciencia de toda la cadena de valor que interviene en un fondo de inversión. Desde analistas para que integren estos factores extra-financieros, pasando por los gestores de los fondos de inversión para que antes de comprar una compañía para la cartera del fondo exijan que las compañías cumplan unos criterios mínimos de sostenibilidad y por último que los inversores entiendan si el producto que están comprando integra la combinación de factores financieros y extra-financieros.", concluye la Senior Sales en DWS Iberia y especialista en ESG