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Las inversiones alternativas encuentran refugio en las nuevas tecnologías

Las fintechs se presentan como una opción para los pequeños patrimonios

09 DE junio DE 2021. 13:07H Isabel Garrido

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Inmuebles, metales preciosos, start-ups, préstamos, arte, vino o criptomonedas son algunas de las inversiones alternativas más comunes en la actualidad. Su uso funciona de forma paralela a las tradicionales acciones, bonos y depósitos bancarios, pero encuentran su razón de ser en la posibilidad que ofrecen a las personas de buscar otras vías que les proporcionen una rentabilidad adicional. Esta clasificación todavía no cuenta con el mismo volumen que en otros países de nuestro entorno. A pesar de esto, “en la última década ha habido un aumento provocado por la bajada de los tipos de interés”, señala Eloi Noya, profesor de capital markets, fintech y entrepreneurial finance en ESADE, al tiempo que menciona dos de las ventajas principales que ofrecen: la diversificación de la cartera y su protección frente a la incertidumbre del mercado. 

A la hora de analizarlas es complicado encontrar un punto en común. Por ello, el experto diferencia entre aquellas entendidas como “refugio”, tales como los inmuebles o el oro, en el sentido de que son una buena defensa ante altas volatilidades de los mercados, frente a las consideradas como “agresivas”. En este segundo conjunto se agruparían otras como las criptomonedas o el crowdfunding de start-ups, debido a que ofrecen mayor rentabilidad, aunque “sus caídas también pueden ser muy notables”. 

Algunos analistas aconsejan que la asignación ideal en activos alternativos debe agrupar entre un 7% y un 12% como máximo del capital total de una persona, cediendo la mayor parte a activos de bolsa y bonos, en torno a un 70%. Para entender este porcentaje, Noya explica a DIRIGENTES que podría extenderse, incluso, hasta un 20%, en función de las características de cada patrimonio. Es decir, cuanto más grande sea este, el porcentaje también puede ser mayor.

Poniendo el foco en la obtención de una cartera diversificada, “siempre es un buen momento para invertir”. No obstante, aquí también entra en juego la importancia de tener en cuenta los “riesgos y rentabilidades” de cada una de ellas, debido a su carácter heterogéneo. En este contexto y ante la dificultad que tradicionalmente los pequeños patrimonios han encontrado para acceder a este tipo de inversiones, las fintechs se erigen como una vía democratizadora que abre la puerta a un escenario antes solo reservado a los grandes ahorradores.

La cartera inmobiliaria, entendida como la más habitual dentro de estas alternativas, presenta una doble utilidad. Por una parte, puede ser el hogar donde vivir y, también, una inversión al poder ampliarla con el fin de rentabilizarla. Aquí las fintechs aparecen, por ejemplo, a través de las plataformas de crowdfunding, al permitir acceder con importes muy bajos en una alta diversidad de proyectos. Muchos de ellos comienzan con una aportación de 500 euros, por lo que esta actividad, habitualmente reservada a grandes patrimonios ofrece varias opciones. Entre ellas sobresale la financiación de obra nueva, a través de un préstamo que será devuelto con intereses una vez que se consiga comercializar, o la compra de un inmueble para su reforma y posterior alquiler o venta, con la que se consigue una revalorización.

Posibilidades ante la incertidumbre

La inversión en metales preciosos representa el segundo grupo más importante en cuanto a volumen. Históricamente, el oro, la plata, el platino y el paladio no han ofrecido una gran rentabilidad y no pueden revalorizarse de forma constante. Sin embargo, son una buena opción en circunstancias de alta incertidumbre económica y escenarios de elevada inflación o depreciación de la moneda. Así, en los últimos años, “el oro ha tenido una evolución positiva y se prevé que continúe su tendencia alcista”. Por esto, tal y como comenta Noya, al igual que ocurrió durante la crisis del petróleo de los años 70, este metal podría actuar de refugio ante la previsible inflación a la que se enfrenta el mercado como consecuencia de la COVID-19. 

Algunas plataformas en línea posibilitan a los inversores adquirir cualquier cantidad en gramos, en lugar de un lingote entero, permitiendo realizar un desembolso de sumas más asequibles, desde 100 o 200 euros. En esta misma línea se presenta el arte, entendida como un activo tangible que tampoco se ha resistido a los nuevos entrantes del fintech. Tradicionalmente, estaba considerado un refugio de valor importante en tiempos de fuerte expansión monetaria, con alto riesgo de inflación y reservado esencialmente a un conjunto elitista, debido al alto valor unitario de cada pieza. No obstante, el impulso de nuevas iniciativas de crowdfunding posibilita dividir la propiedad de las obras convirtiendo a múltiples inversores en copropietarios. Sus aportaciones suelen comenzar entre los 500 y los 1.000 dólares, y permiten rentabilizar las piezas al vendérselas a coleccionistas privados unos años después de su adquisición. Un ejemplo de estas fórmulas es Masterworks, donde a través de su marketplace han pasado trabajos de artistas tan importantes como Monet, Warhol o Banksy.

A las vías ya mencionadas también podrían sumarse otras como el vino o la inversión en start-ups, en las que las fintechs también ofrecen alternativas accesibles para un conjunto más amplio de ahorradores. Y este grupo no está cerrado. En los últimos meses, se ha colado también un fenómeno emergente conocido como token no fungible o TNF, que, poco a poco, está comenzando a comercializarse. Ante la aparición de estos nuevos activos, Noya augura que podrían llegar a tener una gran repercusión, aunque pide “prudencia” por los riesgos existentes que presentan estos mecanismos.


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