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Los desafíos para Francia en el aniversario de Macron

Pasado el primer año de la presidencia de Emmanuel Macron, aún tiene muchos desafíos por delante que pueden repercutir en los mercados.

25 DE mayo DE 2018. 09:15H Héctor Chamizo

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Pasado el primer año de la presidencia de Emmanuel Macron, la lista de los cambios implementados incluye reformas en el mercado laboral, educación, y formación profesional; desafíos hacia los sindicatos ferroviarios y las pensiones públicas; reducción en la deuda pública y una revisión del impuesto a la riqueza. Todo ello favorecido por una economía en expansión, y ayudada a su vez por el crecimiento de la Eurozona, el comercio mundial y las bajas tasas de préstamo para los consumidores y las empresas.

Desde Lombard Odier apuntan a que todavía queda mucho por hacer para dar un giro a la economía francesa. En este sentido, el presidente Macron quiere persuadir a sus colegas europeos para que respalden una Unión Europea más segura de sí misma y más federal. Por el momento, se ve prácticamente solo entre sus compañeros a la hora de promover una visión para el bloque. Para tener éxito dentro de la UE, el autodenominado estilo de Macron “favorable a los negocios”, necesita ir más allá en Francia, reduciendo el desempleo y fomentando una expansión continúa en la inversión corporativa así como una reducción en la presión fiscal.

Hay motivos para darse prisa, apuntan desde la gestora. Algunas de las mejoras en la economía francesa son, sin duda, el resultado de las reformas del mercado laboral, cuando Macron todavía era ministro de Economía bajo el mandato del presidente François Hollande. El gobierno de Macron, que tiene un mandato de cinco años, ha advertido que es improbable que las reformas sean perceptibles en el crecimiento del país, la inversión empresarial o las tasas de desempleo antes de finales de este año o de mediados de 2019. En Alemania durante los primeros años del 2000, por ejemplo, un proceso de reforma similar no se vio reflejado en los datos hasta pasados dos o tres años.

También hay expectativas externas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) señaló en septiembre la necesidad de que Francia recortase el gasto público, que se situaba en el 56,5% en 2017, el más alto de la UE como porcentaje del PIB, destacando frente a la media de la UE del 45,8%. El gobierno ha dicho que uno de sus objetivos es acercar esa cifra al 50%.

El mes pasado, el déficit presupuestario de Francia descendió al 2,6% del PIB, menos que el límite máximo del 3% fijado para los países miembros de la UE, por primera vez desde 2007, lo que pone de manifiesta las credenciales de eurófilo del presidente Macron. El gobierno ahora apunta a un déficit del 2,3% para todo el año.

El gobierno de Macron también ha reformado el impuesto sobre el patrimonio, denominado ‘impôt sur la fortune’ (ISF), en un esfuerzo por desacelerar la salida del país de ciudadanos ricos, que se ha estado produciendo en las últimas tres décadas. La reforma mantiene un impuesto a la propiedad, -ya que el ladrillo no puede salir del país- e introduce una tasa fija del 30% sobre los intereses, las ganancias de capital y los dividendos.

Amenazas y riesgos

En este sentido, desde Lombard Odier se centran en cuáles son las amenazas y riesgos que existen en estos momentos en la economía francesa que pueden tener implicaciones en los mercados. De este modo, doce meses después de asumir el cargo, la popularidad positiva del 45% del presidente Macron entre el electorado francés, según una encuesta de Ipsos-Sopra Steria, parece positiva en comparación con el mismo período para sus tres predecesores (François Hollande, Nicolas Sarkozy y Jacques Chirac).

Solo François Mitterrand en 1981 fue más popular en la etapa de los 12 primeros meses. Incluso si no están de acuerdo con las políticas, el 73% del electorado piensa que las decisiones del gobierno están en línea con sus promesas preelectorales. Los franceses no muestran señales de considerar que cualquier otro haría un trabajo mejor. En la nación que inventó la guillotina, la etiqueta más dañina que los oponentes pueden reunir es “Président des Riches” (“Presidente de los ricos”).

El riesgo para las reformas de Macron, en cambio, sostienen, “está latente en cualquier señal de que la economía se esté desacelerando. Por ahora, las expectativas son que el PIB será del 2,1% este año, que duplica la media registrada durante la presidencia de François Hollande y del 1,8% en 2019. Además, el desempleo ha alcanzado una tasa del 8,8%, su nivel más bajo desde 2009”.

Y mientras la mejora en la economía de Francia se ha beneficiado de años de medidas monetarias acomodaticias en la zona euro, se avecina un cambio con la expectativa generalizada de que el Banco Central Europeo deje de pisar el acelerador este otoño. Merecerá la pena observar el impacto de una política monetaria diferente en las reformas del presidente Macron.

Esta lectura bastante constructiva deja sin cambios la preferencia de esta gestora por “las acciones europeas, con las consiguientes asignaciones del 1,5%, 3,8% y 4,8% de sobre ponderación para las carteras conservadoras, equilibradas y de crecimiento respectivamente”. Las atractivas valoraciones de las acciones europeas, una economía doméstica alentadora, junto con el compromiso del Banco Central Europeo de centrarse en una política de tasas de depósito negativas y continuar con compras de activos hasta septiembre, significan que esperamos que los mercados se recuperen.

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