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Todas las claves sobre la inversión en empresas no cotizadas

La inversión en empresas que aun no han salido a bolsa puede generar unas rentabilidades que llegan a superar, en algunos casos, el 200%.

10 DE diciembre DE 2018. 10:35H Patricia Malagón

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Invertir en compañías que no han salido a bolsa forma parte del grupo llamado inversiones alternativas y pueden conformar un pequeño porcentaje de la cartera de un inversor que esté buscando la diversificación más allá de la renta fija y la renta variable. Como suele suceder en este tipo de inversiones, el riesgo es más elevado, como es lógico, pero también lo es el retorno que se puede conseguir. Dentro de este grupo de empresas que no han salido a bolsa, pero en las que se puede invertir, se encuentran nombres tan conocidos por el gran público como Cabify, Uber o Airbnb. Tres grandes empresas que han surgido al calor de la economía colaborativa. Pero hay muchas más, desde pequeñas startups, hasta firmas de nueva creación pero que están liderando sectores dentro de Europa.

La rentabilidad es el gran atractivo de estas inversiones. En Estados Unidos se pueden observar retornos del 100% en un par de años, “no son raros para aquellas compañías que finalmente salen a bolsa”, explica Ramon Blanco, cofundador y consejero de Bewater Funds, Sociedad Gestora de Entidades de Inversión Colectiva de Tipo Cerrado sujeta a la supervisión de la CNMV. Aunque, no es la tónica general, “en nuestra compañía buscamos participaciones en empresas que puedan proporcionar un retorno anual del 15% para el inversor”, explica Blanco.

La diferencia de rentabilidad entre la inversión en una empresa antes de salir a bolsa y después de hacerlo es notable. Antes de salir a bolsa, “la inversión está supeditada a un control mucho más férreo”, comenta el analista independiente Rafael Ojeda. En los momentos iniciales de la compañía “las rentabilidades esperadas son muy elevadas. A fin de cuentas, estas empresas tienen muy claro que hay otras firmas como ellas que fracasan y por tanto tienen que obtener una rentabilidad lo suficientemente atractiva para compensar las minusvalías”, añade el analista. Por eso, la diferencia para el inversor es grande. Mientras que una inversión antes de salir a bolsa le puede generar un retorno del 100%, del 150% o incluso superar el 200%. Cuando la empresa cotiza en un índice, la rentabilidad esperada es mucho más baja, porque la empresa tiene menos recorrido.

Los mercados bursátiles han dado históricamente retornos cercanos al 9% anual, es el caso de los índices americanos en el siglo XX. Sin embargo, 2019 y 2020 parece que serán más moderados “nos encontramos en un ciclo de subida de tipos”, comenta Ramón Blanco para explicar la previsión moderada sobre la renta variable. Por eso, “la inversión en compañías no cotizadas debería tener una rentabilidad superior a la de los mercados cotizados porque hay menos inversores profesionales compitiendo por las mismas oportunidades y porque son mercados más opacos para remunerar su mayor riesgo”, añade el cofundador de Bewater Funds.

Riesgos elevados

Para conseguir un retorno del 100% o incluso superior al 200% los riesgos que se toman son, como es previsible, elevados. En primer lugar, una diferencia clave es la transparencia. Cuando una compañía cotiza en el Ibex, en el Nasdaq o en cualquier otro índice, deben publicar cifras cada trimestre y esto genera un mayor conocimiento del estado y del desarrollo de la empresa.

Por ello, es “mucho más arriesgado invertir antes de la salida a bolsa porque son estados iniciales de la compañía”, explica Rafael Ojeda. En ese momento, antes de la salida a bolsa, hay más posibilidades de que una empresa fracase. Una vez que ya es una marca cotizada “se parte de la premisa de que ya es una compañía lo suficientemente grande e instalada en el mercado como para poder hacerlo bien”, añade el analista. Por tanto, “a priori es mucho más seguro invertir en una cotizada”, concluye.

Además de esos riesgos, existen otros como el momento en el que se pueden vender las acciones, ya que en este caso no funciona como la acción de una empresa cotizada, en la que un inversor puede vender cuando quiera. Por otro lado, la devolución del retorno puede tardar entre “cinco y siete años en la mayoría de las startups”, explican en Manhattan Street capital.

¿Cómo se puede invertir?

Invertir en estas compañías tiene unas barreras de entrada a considerar, aunque gracias a los fondos especializados y a diversas plataformas online cada vez es más sencillo poder comprar activos de este tipo. Aunque, en las empresas con fases más avanzadas y con posibilidades de salir a bolsa, “la inversión no es fácil si no se realiza de la mano de inversores profesionales como institucionales o fondos de venture capital o de private equity. Ya que en estas fases la llegada al capital se hace más restrictivo”, explica Jorge Lovaco, Director General de Estrategia Corporativa de A&G.

Una alternativa curiosa que se ha dado en los últimos años es la que han seguido algunos fondos de inversión al comprar participaciones a accionistas minoritarios que están en el accionariado desde el principio de la vida de la compañía. Estos accionistas, “muchos de ellos empleados o personas cercanas a los fundadores, no han conseguido monetizar su participación y son ricos de bocadillo, es decir, su participación en la compañía ya tiene un valor muy relevante pero no puede todavía hacerla líquida porque la compañía no cotiza.”, explica Lovaco.

Además, hay fondos especializados en inversiones pre-IPO, que “invierten en las compañías entre 3 y 18 meses antes de salir a bolsa”, comenta el director general de Estrategia Corporativa de A&G Banca Privada. En ocasiones “no hay ni un banco de inversión seleccionado y la salida a bolsa se puede frustrar y por supuesto hay incertidumbre respecto al precio al que se producirá. En cualquier caso, se compran las acciones a un precio inferior a lo que se estima puede ser el precio de la salida a bolsa y teniendo como referencia las últimas rondas de ampliación que haya tenido la empresa.”, explica Jorge Lovaco.

Otra alternativa dentro de los fondos, es la de que aquellos que invierten comprando los derechos sobre la revalorización de las acciones en la salida a bolsa. Esta estrategia “viene a ser como un contrato de futuros por el cual en el momento de realizarse el acuerdo se paga un precio y cuando se produzca la salida a bolsa el diferencial entre el precio que se pagó y el precio de cotización es para el inversor y no para el accionista. En este caso el fondo nunca es accionista simplemente es propietario de un derecho económico.”, añade Lovaco.

Finalmente, además de mediante los fondos, hay plataformas reguladas como Bewater Funds o Equidate INC, en esta última se pueden comprar acciones de Uber y Airbnb. Bewater, por su parte, “busca compañías con cash flow positivo, elevado crecimiento en ventas – la media hasta ahora es del 80% de crecimiento en ventas anual – y un inversor profesional en el accionariado que tenga un pacto de socios que proteja a los minoritarios”, explica el cofundador de Bewater Funds.

Grandes en potencia

Uber es una de las grandes compañías que aun no ha salido a bolsa, pero que cuenta con un gran valor. Morgan Stanley valoró a la compañía en 120.000 millones de dólares, unos 103.000 millones de euros. Goldman Sachs, por su parte, la valoró con un precio un poco ligeramente inferior, pero en la misma tónica. La compañía espera salir al parqué estadounidense en 2019.

Cabify, una startup española nacida en 2011 y especializada en la movilidad urbana, ya vale más de 1.000 millones de euros y es el primer ‘unicornio’ español. Se llaman así a las empresas pequeñas que con un rápido crecimiento superan los 1.000 millones. Aunque ya han surgido rumores sobre la posible salida a bolsa, no hay nada concretado todavía.

El tercer gigante es Airbnb, que también prepara un plan para salir a bolsa en 2019. Esta plataforma de alquiler vacacional está valorada en 31.000 millones de dólares. Todo apunta a que saldrá al parqué antes que Uber, según apuntan diversos medios estadounidenses.

Además de estas tres conocidas empresas, hay otras que no lo son tanto, pero que cuentan con un gran potencial de crecimiento en el largo plazo. Es el caso de Traventia, que es la tercera compañía que más crece en Europa según ‘Financial Times’; en el mismo saco se encuentra Zacarus, líder en venta online de juegos de mesa; Cuidum, líder en selección de cuidadores personales de ancianos a domicilio o Gear Translation, que ofrece traducciones técnicas semiautomáticas.

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