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La iniciativa Belt and Road (BRI) de China, sobre el terreno

Gary Monaghan, Director de inversiones en renta variable asiática de Fidelity International

26 DE noviembre DE 2019. 08:00H Gary Monaghan

La iniciativa de China para establecer una nueva Ruta de la Seda que conecte comercialmente Oriente y Occidente (BRI, por sus siglas en inglés) ha suscitado reacciones dispares. En estas líneas damos nuestra opinión sobre el tema.

China lleva tiempo llamando a la puerta de la élite mundial. Cuando el presidente Xi Jinping llegó al poder quería que el país tuviera más peso político y económico. Una solución que se les ocurrió a las autoridades fue reactivar y modernizar las viejas vías comerciales de la Ruta de la Seda que tanto contribuyeron a la prosperidad de China hace cientos de años, proyecto denominado Iniciativa Belt and Road (BRI). 

Pero una de las grandes críticas que se le hacen es que aumenta la dependencia y la deuda de los participantes con China, hasta el punto de que algunos la denominan “diplomacia vestida de deuda”, por lo cual, en la cumbre sobre este proyecto celebrada en 2019, el presidente Xi Jinping manifestó la necesidad de ser más cuidadosos y transparentes con las inversiones y los préstamos.

En el lado opuesto de las críticas -pero no menos importante por el entorno antiglobalizador en que nos estamos sumergiendo-, el programa también gira en torno a tejer lazos culturales, como ponen de manifiesto distintas iniciativas como el desarrollo un Festival Internacional de Cine de la Ruta de la Seda en Irlanda.

La BRI también quiere ser ecológica, aunque…

En la última cumbre de la BRI, el presidente Xi declaró que la iniciativa debe ser ecológica y sostenible. Hizo un llamamiento para que el programa “proteja la casa común donde vivimos” y para que los participantes “suscriban los principios de apertura, protección del medio ambiente y limpieza”, haciendo hincapié también en la necesidad de “luchar juntos contra la corrupción”. Sin embargo, existe una corriente crítica que censura el hecho de que las naciones más pobres están endeudándose a consecuencia de la BRI.

Varios de los proyectos en marcha de la iniciativa presentan unas credenciales de responsabilidad ambiental, social y de buen gobierno (ASG) claras. Por ejemplo, las plantas de biocombustible de Indonesia y Papúa Nueva Guinea, los proyectos de revalorización energética de Birmania, el Hospital Internacional de Hue en Vietnam y la construcción de residencias de estudiantes en Sudáfrica son solo algunos de los proyectos de la BRI. Aunque existe apoyo al más alto nivel para que sea sostenible, también debemos tener presente que muchos de los proyectos presentados hasta ahora conllevan industria pesada e infraestructuras, dos áreas que no pasan precisamente por ser respetuosas con el medio ambiente.

Para los inversores, ¿cuáles son actualmente los proyectos más interesantes para estar atentos?

La BRI es en términos generales positiva, ya que promete abrir rutas comerciales y mercados, tanto para China como para los países asociados. Sin embargo, desde la perspectiva de la inversión bursátil las oportunidades siguen siendo escasas en estos momentos. La iniciativa está dando sus primeros pasos y sus efectos beneficiosos se podrán calibrar plenamente con el paso del tiempo. Los principales beneficiarios hasta ahora han sido algunas de las grandes empresas estatales vinculadas a la industria pesada. Estas empresas están beneficiándose de los proyectos de infraestructuras, pero suponen un porcentaje pequeño de sus ingresos. En cuanto a la renta fija, se puede invertir en las interacciones entre administraciones públicas y se podrían encontrar más oportunidades de inversión.

Aunque la BRI ocupa un lugar muy destacado en la agenda del gobierno, no es la única iniciativa pública a la que los inversores pueden prestar atención. La conexión de la zona de la Gran Bahía, desde Hong Kong hasta Macao, o la apertura gradual de los mercados de capitales y la iniciativa Made in China 2025 son elementos clave de los planes de futuro del país. Al calor de la iniciativa Made in China, estamos asistiendo a una gran cantidad de innovaciones. Por ejemplo, Huawei, pese a haber estado recientemente en el ojo del huracán tras ser vetada temporalmente por el gobierno de Trump, se sitúa a la cabeza de la tecnología de triple lente y fueron los primeros en introducir la identificación mediante huella dactilar. Y Huawei fue realmente líder en eso, no fue un “copipega”. Inventaron el teléfono sin marco ni botón de inicio. Otro ejemplo es su rapidez para comercializar productos. Apple saca un teléfono nuevo cada año, mientras que Huawei lo hace cada seis meses. En el ámbito de la inteligencia artificial (IA), China está ampliando fronteras y perfectamente podría ser ya el nuevo líder en esa tecnología. El líder del mañana en IA puede ser la locomotora mundial del futuro.

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