Se considera una de las joyas religiosas más ricas y hermosas de Hispanoamérica realizada entre 1700 y 1707 por el orfebre José Galaz. "La Lechuga" hace parte de la Colección de Arte del Banco de la República de Colombia. El préstamo de esta obra se inscribe en el programa ‘La obra invitada’, una actividad patrocinada por la Fundación Amigos del Museo del Prado desde 2010.
Esta excepcional pieza, la primera obra de orfebrería en el programa ‘La obra invitada’, permanecerá hasta el 31 de mayo en la sala 18 A del edificio Villanueva, sala que reúne obras de Claudio Coello, Herrera el Mozo y Antolínez, autores de pinturas dinámicas, coloristas y arrebatadas en las que, al igual que en "La Lechuga", riqueza, cromatismo y esplendor se pusieron al servicio del culto católico.
La custodia de la Iglesia de San Ignacio de Bogotá protagoniza la sexta edición patrocinada por la Fundación Amigos del Museo del Prado del programa ‘La obra invitada’ después de Virgen con el Niño y ángeles de Jean Fouquet (1452), del Real Museo de Bellas Artes de Amberes en 2014; Retrato de caballero (h. 1635) de Velázquez del Metropolitan Museum de Nueva York en 2012; La acróbata de la bola (1905) de Pablo Picasso, conservada en el Museo Pushkin de Moscú en 2011; El Descendimiento de Caravaggio, conservado en los Museos Vaticanos en 2011 y Las hijas de Edward Darley Boit de John Singer Sargent del Museo de Bellas Artes de Boston en 2010.
La obra
"La Lechuga", un tesoro del arte barroco, fue realizada en oro de 18 quilates en la entonces Nueva Granada por el orfebre José Galaz entre 1700 a 1707. Con 1.485 esmeraldas, 1 zafiro, 13 rubíes, 28 diamantes, 62 perlas barrocas y 168 amatistas, esta custodia no solo se considera como una de las joyas religiosas más ricas y hermosas de Hispanoamérica sino también es el testimonio de lo que sucedió durante el Barroco en tierra de orfebres, y de cómo este estilo artístico encontró nuevas dimensiones en un territorio en el que adundaban el oro y las esmeraldas, y en el que estaba aún viva la cultura indígena de los más destacados orfebres del continente.
En esta custodia se observa, en la parte superior, un sol decorado con 22 rayos mayores ondulantes que rematan en pequeños soles adornados con esmeraldas y 20 rayos menores que rematan en perlas barrocas. En la parte superior del sol, se encuentra una cruz con esmeraldas y, como decoración, rodeando este sol, figuras de hojas de vid y de pequeños racimos de uvas, símbolos de Cristo y la eucaristía.
Esta es la parte más importante de la custodia, pues está destinada a exponer a la vista de los fieles, dentro del habitáculo o viril bordeado también por perlas y 63 rayos, la sagrada hostia. En la parte media, se observa la figura de un ángel con las alas extendidas y los brazos elevados que sostienen el sol.
Este tipo de imaginería fue característica de la Compañía de Jesús, comitente de la custodia, que usó las representaciones angélicas como estandarte de su evangelización en América. Los jesuitas tomaron la imagen del ángel como parte fundamental del ejército de Dios en los cielos y se identificaron con el culto angélico al concebirse a sí mismos como parte del ejército espiritual al servicio de Cristo en la tierra. Debajo del ángel se ubican dos nudos abarrocados de donde, con toda seguridad, el sacerdote tomaba la custodia para elevarla y mostrarla a los fieles.
Finalizando se encuentra la peana, que constituye la base de la custodia, con ocho lóbulos. Ahí el orfebre remató su obra con una decoración de hojas de acanto y nuevamente hojas de vid y uvas donde, además, se observan, como soportes de la custodia, algunas figuras zoomorfas y querubines intercalados.
La custodia de la iglesia de San Ignacio de Bogotá es, sin duda, uno de los grandes ejemplos de las custodias denominadas "mayores" y joya indiscutible del trabajo en oro en el Nuevo Reino de Granada que ha dado pie a múltiples leyendas.
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