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El rompecabezas de una reincorporación segura al puesto de trabajo

El inicio del curso escolar se ha fijado también como fecha para retomar muchas actividades de manera presencial, siempre que la evolución de los contagios lo permita. En este contexto, la rapidez en la toma de decisiones y la adopción de medidas para frenar el virus juegan un papel fundamental que puede determinar, incluso, el éxito o el fracaso en la gestión de la pandemia

16 DE octubre DE 2020. 08:42H Dirigentes

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El  13 de marzo de 2020 pasará a los anales de la historia como un punto de inflexión que cambiaría el transcurso de los acontecimientos. Ese viernes el Gobierno anunciaba la declaración del estado de alarma en España y, con ella, la paralización de la movilidad en todo el país. Desde ese momento, las actividades económicas quedaron divididas en tres: las esenciales para asegurar unos servicios mínimos a la población, las que podían realizarse desde casa y las que quedaban suspendidas por causa de fuerza mayor. En este sentido, aquellas que han podido continuar o reabrir tras el levantamiento de las restricciones, han tenido que poner en marcha diferentes protocolos de actuación en función del sector en el que operan, con la aplicación de los procedimientos estipulados por las autoridades sanitarias.

Más de siete meses después, algunas empresas han elegido el retorno a las aulas como fecha para volver al espacio de trabajo de manera paulatina, siempre y cuando el nivel de infectados por coronavirus haga factible esta opción. Una de las principales enseñanzas que se han extraído a lo largo de estos meses es que la celeridad en la ejecución de medidas puede resultar decisiva a la hora de detener los contagios. A este respecto, los expertos hacen hincapié en la necesidad de adelantarse en las empresas por el efecto multiplicador que puede desembocar en nuevos brotes. Al hilo de lo anterior, DIRIGENTES ha recopilado los factores que Quirónprevención considera “fundamentales” a la hora de abordar la crisis sanitaria en los negocios u organizaciones empresariales.

1º paso: planes de actuación para una reincorporación segura

Aunque el punto de partida de cualquier estrategia en la gestión de la COVID-19 es el conocimiento del estado inmunológico de los trabajadores, antes de ello es necesario diseñar un plan de actuación para el retorno a la actividad pos-COVID-19 que garantice la seguridad y salud de toda la plantilla.

En concreto, recomiendan detallar todas las acciones a ejecutar en este sentido, en el que deben tenerse en cuenta las medidas higiénicas básicas, organizativas, distanciamiento interpersonal, prevención del riesgo de difusión o contaminación, prevención del personal especialmente sensible, así como la actuación ante la sospecha o activación de un posible caso. 

En el momento actual, la gran mayoría de las organizaciones ya han implantado algún tipo de medidas de estas características, por lo que el riesgo ahora está en la relajación de los protocolos contemplados en el mismo. Para que esto no suceda, insisten en la necesidad de contar también con un plan de continuidad que se encargue de la supervisión y adaptación continuada de los pasos a seguir.

2º paso: conocer el estado de salud de los trabajadores

Al despliegue de indicaciones a medida dentro de cada organización, le sigue la realización de pruebas para saber el estado de salud de los empleados. Esto evitará focos de contaminación y hará posible controlar la situación inmunológica de la plantilla.

Desde el inicio de la pandemia, uno de los retos ha sido definir cuál es la más adecuada para determinar de manera individualizada si una persona está infectada o si ya ha pasado la enfermedad y cuál es su grado de inmunidad frente al SARS-CoV-2. Por su parte, a nivel general, también sirven para analizar un brote en un momento y lugar determinados, así como el tipo y grado de inmunidad que presenta un grupo poblacional. 

Partiendo de esta base, hay que tener en cuenta la especificidad y la sensibilidad. La primera es la probabilidad de clasificar correctamente a un sujeto sano, es decir, que le salga negativo en la realización del test. Esto quiere decir que la especificidad de una prueba será alta cuando haya pocos falsos positivos. Por su parte, la sensibilidad hace referencia a la probabilidad de clasificar de manera correcta a los infectados, es decir, a los verdaderos positivos. Si es elevada quiere decir que hay pocos falsos positivos. 

Hasta la fecha existen varias pruebas como la PCR, la búsqueda y cuantificación de anticuerpos frente al virus o el test de diagnóstico rápido. A ellas hay que añadir el test rápido de antígeno, lanzado recientemente. Esta detecta el virus desde el inicio del contagio con alta fiabilidad y rapidez del resultado. En apenas 15 minutos el sujeto sabe si está contagiado o no, lo que ofrece una mayor agilidad en la toma de decisiones tanto a nivel individual como colectivo.

No obstante, cada una de ellas tiene una finalidad diferente. “Elegir la prueba adecuada es uno de los aspectos que más preocupan a las compañías y, erróneamente se tiende a pensar que hay unas mejores que otras. Pero esto no es así, son diferentes, y dependerá de la situación en la que nos encontremos en un determinado momento o de qué y cómo queramos estudiar o analizar”, precisan desde Quirónprevención.

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