viernes, 19 abril 2019
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“Los excesos que cometimos hace diez años, ahora se pagan”

DIRIGENTES entrevista a Francisco Fonseca, director de la representación de la Comisión Europea en España

25 de marzo de 2019. 00:00h Mario Talavera
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    Francisco Fonseca, director de la representación de la Comisión Europea en España / Foto: Alexandra Gheorghiu

La Unión Europea se encuentra ante notables encrucijadas, como la salida de Reino Unido o el auge de partidos antieuropeístas. De eso y de otras cuestiones conversamos con Francisco Fonseca, director de la representación de la Comisión Europea en España.

¿Cómo definiría el peso de España en la UE?

El peso de España está en un nivel adecuado con respecto a su crecimiento económico, a su nivel demográfico y a su papel de potencia media en el contexto global y de ser la quinta gran economía de la Unión Europea. El papel de España en los momentos en los que ha jugado en la parte más proeuropea, siempre ha ido en la línea de Francia y Alemania. Cuando ha habido momentos de crisis económica hay que reconocer que España ha perdido parte de su empuje. En otros momentos, en los últimos dos años España ha vuelto a recuperar este papel de masa crítica.

En la Unión Europea hay dos países centrales que son Francia y Alemania. Pero hay una serie de países que son masa crítica esencial, como España e Italia pero también Bélgica, Holanda y Luxemburgo.

Ha pasado de ser un país periférico donde los Pirineos impedían mirar más adelante hasta ser visto como un modelo. En materia de cohesión territorial o en infraestructuras. Hay hándicaps y déficits como en todos los países. Pero yo no sería especialmente autoflagelante con esto.

Siempre se ve a España como un país muy proeuropeo. ¿Por qué?

Algo que es obvio es que en lo más profundo de la crisis económica España siguió siendo un país proeuropeo. Había un sentimiento de que el gobierno alemán nos obligaba a, pero no había un sentimiento contra la Unión Europea. Si no hubiéramos estado en la Unión Europea la crisis habría sido muy devastadora. Y creo que en España eso lo entendemos. Nunca ha sido España un país más próspero que cuando hemos estado en la Unión.

Hablaba de esos momentos de recortes y ajustes. ¿Cree que durante la crisis ha empeorado la opinión de los españoles acerca de las instituciones comunitarias?

Por supuesto que ha empeorado el sentimiento a corto plazo de lo que es Europa. A nadie le gusta que le recorten pensiones, ni que el crecimiento económico se ralentice o que haya recortes en educación. Naturalmente. Pero yo creo que visto desde una manera más estructural, todo el mundo ha entendido que eran medidas estructurales y que servían para encarrilar y encauzar.

Nadie nos imaginábamos y quien diga lo contrario miente como un canalla, que en 2009 esta crisis iba a ser tan devastadora como ha sido. Es cierto que las instituciones europeas y americanas han tenido una primera fase de reacción a la crisis pero hemos salido más fortalecidos y con una convicción de lo que hay que hacer para reaccionar ante ello.

¿Han pasado los tiempos de la política de austeridad?

Si la pregunta es que si la política de austeridad fue demasiado rigorista y que hay que tener una visión más keynesiana, la respuesta es sí. Todos los niveles de las instituciones europeas lo han entendido. La primera forma de demostrar que ya no éramos puramente reactivos ante la crisis, sino que había medidas anticíclicas para mejorar la economía fue el plan Juncker, que tres años después podemos considerar que ha sido un éxito.

Era el cuento de la lechera pero se ha hecho realidad. En estos momentos ha habido inversiones reales por 334 mil millones de euros, un millón menos de lo previsto en el año 2014 y estamos en 2018. Y hemos pedido una ampliación para la potencia de fuego del plan. En 2020 queremos llegar a los 500 mil millones de euros de inversiones reales. España de estos 334 mil millones se ha beneficiado en 33 mil millones y hay 100 proyectos de financiación de programas de empresas que se han beneficiado de ese plan de inversiones.

Acerca del Marco Financiero Plurianual, que prevé que haya un recorte del 10% de los presupuestos en política de cohesión y un 15% en la PAC. Y que esa cantidad se destine a programas de innovación. ¿Va a ser una constante ese debate entre destinar dinero a la cohesión y a áreas con menor desarrollo, o destinarlo a innovación?

Seguimos con la tendencia de dedicar menos dinero a las actividades clásicas de subvención, muy legítimas, para incluir estas políticas dentro del conjunto de cohesión económica con el Fondo Social Plus, que va a aumentar sus fondos. El gran secreto de la política agrícola común europea consiste en garantizar que el 8% de los trabajadores en Europa se dediquen al sector agrario y sobre todo porque eso garantiza la cohesión territorial.

Queremos poner el foco en el futuro de la Unión Europea. El futuro de la economía europea es innovación y es digital. El mercado único europeo es una realidad. Europa tiene que meterse en el mundo digital antes de que nos lo impongan otros. La digitalización de la Unión Europea puede suponer una inyección anual de 415 mil millones de euros en la economía real. Pero no se van a ver los resultados de esto mañana. De igual manera que lo de la PAC no se ha visto en tres meses, ni lo de la política de cohesión.

Hablando del futuro, se viene anunciando que el crecimiento económico se ralentiza. ¿Estamos ante una nueva crisis cuando la que venimos sufriendo aún no ha pasado del todo?

Es evidente que la recuperación de la economía no ha sido total. Hay un sector en el que tenemos que ser radicales sin interrupción, que es la cifra de desempleo. En algunos países son absolutamente insoportables, aunque se han reducido. En España estamos todavía en cifras del 15% que son inadmisibles y hay que conseguir que la salida que se proponga vaya acompañada de una mejor incorporación al mercado laboral. Debemos garantizar que hay un mayor nivel de protección social, tanto para parados como para los trabajadores.

Tenemos que mantener instrumentos de acción pública anticíclicos como el plan Juncker, pero no solo eso. Hay que establecer otras herramientas, como la de resolución de problemas bancarios. No olvidemos que la crisis bancaria en España nos ha costado unos cuantos miles de millones que pagaremos los contribuyentes españoles. Yo quiero que haya un fondo de solución bancaria y que este fondo en las crisis los pague la propia banca, con un sistema de vigilancia bancaria estricta. Lo que digo es que los excesos que cometimos hace diez años, ahora se pagan. No estoy hablando ni bien ni mal, sino de que ahora hay un marco regulatorio que marca el juego de una manera mucho más clara.

A medio plazo me parece inevitable un presupuesto de la zona euro y una estrategia fiscal. El presupuesto de la UE, que tiene un efecto multiplicador muy importante, es un presupuesto modestísimo. Entre el 1,1 y 1,15 del PIB europeo. Cualquier experto en federalismo fiscal sabe que para que una política fiscal federal tenga efectos en la economía real tiene que ser del 4 o del 5% del PIB. Yo no estoy soñando con esas cifras pero es evidente que la zona euro tiene que tener mejores instrumentos presupuestarios, incluyendo un nivel de recursos propios mejores.

Con respecto a esa cantidad del PIB que se destina a presupuestos, el propio comisario de presupuestos de la UE afirmó que ponía la mano en el fuego porque nunca se alcanzaría el 1,3% a pesar de los intentos de ciertas entidades. No obstante, si finalmente no se produce una mayor unificación europea en cuanto a presupuestos, política exterior, etc. ¿puede que Europa acabe siendo una provincia de China o Estados Unidos?

En Europa estamos peleándonos para ser un actor global con China y EEUU sin tener la potencia de fuego político que tienen esos dos actores. El sistema de gobernanza europeo es multicapa y muy complicado y de alguna manera no hay más que una solución. Después del Brexit que va a ser un choque asimétrico brutal para todos, con la emergencia de los populismos y de la gente que confía en la Unión Europea solo para defender sus derechos, esto no puede seguir así.

Los actores centrales de la Unión Europea y los más integracionistas tienen que dar un paso adelante. No es decir que vamos a crear los estados unidos de Europa, sino decir “Hey guys”, yo también me puedo defender. Aquella pregunta de Kissinger que cuando pedía el teléfono de Europa nadie lo sabía, le respondamos: “Hey guys, that is the phone”. Esto significa una cesión de competencias soberanas para que a la larga ganemos más soberanía.

Cuando Juncker habla de soberanía europea, no habla de una federación europea. Habla de que los países sean independientes. Por ejemplo, ¿qué sería de Luxemburgo, su país, si no perteneciera a la Unión Europea? ¿Alguien podría decir que la importancia de España en Latinoamérica es porque somos la madre patria o porque somos el puente con la Unión Europea?

Quizá las dos cosas...

Las relaciones comerciales entre España y América Latina son exponencialmente mayores, cuasi infinitas con respecto a lo que eran hace treinta años. ¿O es que BBVA, Santander, Telefónica, Repsol estaban en América Latina?

No digo que lo de la madre patria no sea cierto, pero el elemento decisivo es que España tiene mucha más capacidad de influencia como estado soberano en América Latina por el hecho de pertenecer a la Unión Europea, me parece obvio.

Hace poco escuché de un miembro de las instituciones europeas que es “el momento de parar al lobo”, en lugar de decir “que viene el lobo”, en referencia al fascismo o al populismo y que se pongan todos los esfuerzos en esa línea. ¿Qué está haciendo la Unión Europea para frenar a estos partidos que quieren dividirla desde dentro?

Decía Winston Churchill cuando un día un extremista le atacó de manera furibunda: “Detesto todo lo que usted defiende, pero daría mi vida para que usted tenga el derecho de expresarse libremente”. Con ello quiero decir que en democracia es válido que los ciudadanos puedan expresar sus miedos, sus temores y sus preferencias. Una opción votada es una opción democrática y legítima, pero no significa que esa opción democrática y legítima tengamos que asumirla quienes no estamos de acuerdo con ella.

Yo no pienso en exclusiones de o en combatir a, sino en convencer de que existe el derecho de tener un programa electoral, pero también tengo derecho a ir contra él y a explicar por qué es nefasto para el futuro. Detecto un exceso de ser demasiado correctos políticamente con movimientos extremistas de un signo o de otro. Ellos en cambio no tienen ningún empacho en adaptar la realidad a sus gustos sin que nadie salga a la palestra. Este es el diagnóstico.

Creo que las grandes fuerzas políticas centrales en la Unión Europea son conscientes de ello. Tanto el PP europeo y los socialistas, los liberales, los ecologistas, etc. son conscientes de que tienen que salir al debate explicando cuál es su modelo de Europa y demostrar que hay ideas que son más de flautista de Hamelín que otra cosa.

Le preguntaba al principio de que durante la crisis ha empeorado la opinión de la gente hacia las instituciones europeas. Si los ciudadanos apoyan partidos u opciones políticas que dividen la Unión Europea, quizás ha habido cosas que se han hecho mal.

Para eso mi respuesta es la misma que la suya o la de cualquiera porque soy un ciudadano. Mi respuesta consiste en decir claramente a todos los partidos políticos lo que aquella canción de rock “Wake up in the morning”. Tenemos que despertar. No tengo más arma que mi voto. Como representante de las instituciones europeas, mi intención es pelearme defendiendo los valores europeos, no imponiendo, pelearme. No me da ningún miedo explicarle que mi filosofía es la del rugby, que es mi gran pasión. Es muy sencillo. Cuando agarro el balón me pueden tirar al suelo, pero se lo voy a poner difícil.