miércoles, 17 julio 2019
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Liderazgo

"Ser auténtico es el arte de decir ¡no!"

Entrevista al conferenciante y escritor Fran Chuan

16 de mayo de 2019. 00:00h Carmen Muñoz
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Ingeniero informático de profesión, Fran Chuan (59) descubrió su verdadera vocación a los 45 años: transcender en el máximo número de personas posibles haciendo que su vida sea mejor después de conocerle. Un punto de inflexión que sirvió para dar un giro radical a su trayectoria laboral. De los ordenadores pasó a dar conferencias y favorecer los entornos de trabajo enfocados a la innovación tanto en grandes como en pequeñas empresas y startups. DIRIGENTES habla con Chuan sobre su último libro 'Autenticidad', presentado recientemente en Madrid.

El libro se titula Autenticidad. ¿Por qué?

Porque creo que hace falta mucha más autenticidad en todos los aspectos. Somos muy poco auténticos. No siempre pensamos, decimos, hacemos y sentimos las mismas cosas. Decimos que algo nos gusta cuando en el fondo pensamos que es horroroso; decimos que algo está bien aunque esté mal. Somos poco asertivos y coherentes con ello.Y nos engañamos hasta en solitario. Una persona auténtica habla más en primera que en tercera persona.

¿Considera que la cultura de masas ha ejercido una influencia en esa forma de actuar?

Ser auténtico es, entre otras cosas, alcanzar un equilibrio entre lo que dices, haces y sientes, pero para ello se necesita un kit de herramientas. El primero de ellos es saber decir que no. La sociedad tiene un problema que es la saturación de información. No nos damos cuenta pero tomamos decisiones en base a lo que pone el titular, cuando esto no es la noticia, sino el gancho que llama la atención. No obstante, en base a eso hay muchas personas que deciden sus opciones de compra, su lugar de vacaciones e incluso su voto. Hemos perdido la capacidad de reflexión y de profundizar en las cosas. Ser auténtico es el arte de decir no a muchas cosas y de descartar.

En mi generación usábamos para cada cosa un entorno y unos medios diferentes. Hoy lo tenemos todo en el mismo dispositivo, por lo que se hace complicado separar en qué momento estoy. Toda esa globalización y transformación digital ha venido para confundirnos. La gente auténtica es capaz de filtrar lo que es ruido para quedarse con las notas que son música de verdad porque eligen la que quieren escuchar.

¿Y cómo se puede ser auténtico?

En el libro describo un método sencillo que no me dejan aplicar a mi mundo profesional que es la meditación. El deporte de alta competición te exige un grado de concentración y entrenamiento muy duro. Competía 20 veces al año pero entrenaba todos los días. El balance esfuerzo de entrenamiento con esfuerzo de competición te genera una autoexigencia diferente. No pido que para ser auténtico todo el mundo haga maratones, pero hay que ser coherentes para determinar lo que a uno le gusta. En el libro describo un método para lograrlo que es conocer el propósito de cada uno en la vida.Vivimos como si fuéramos eternos y lo único que sabemos nada más nacer es que nos vamos a morir. Muy poca gente puede responder a ello, porque muy poca es consciente de su propósito en la vida.

¿Qué consejo le darías a un dirigente?

Que sean auténticos y equilibrados. Si un líder habla de innovación pero luego solo pone en foco en el departamento de ventas, está creando esquizofrenia porque pide a la gente que innove y para ello necesita tiempo. Otra cuestión fundamental es analizar cómo se reconoce y premia cuando esto se consigue. La innovación es un proceso. No se puede dar el premio solamente a quién cruza la meta. Hay que reconocer a todo el que ha participado. La primera manera de detectar un líder auténtico es cuando no tiene respuestas y se siente muy cómodo diciendo: "No lo sé. ¿Tú qué harías? ¿Cómo solucionarías esto?".

Estamos entrenados para ocultar nuestras debilidades y dudar se entiende como una de ellas. Sin embargo, la innovación está en aquellas respuestas que ni tú ni yo tenemos. La diferencia entre un loco y un genio es el éxito. Todo genio cuando presentó su idea le dijeron ¿tú estás loco? Y se alejaron. Cuando le dan el premio todo el mundo quiere hacerse un selfie con él.Y estimular la locura en la gente no es fácil, no hay ninguna escuela de negocios para desarrollar la cultura organizacional. Las mejores innovaciones nacen de la no existencia de datos. Yo actuó, genero nuevos datos y con eso analizo y vuelvo a actuar. La innovación disruptiva podría ser sencillamente pensar en grande pero actuar en pequeñas microinnovaciones. La diferencia entre un loco y un genio es que piensa diferente. Y ve lo que otros no ven.

Como ingeniero informático, ¿ha encontrado alguna semejanza entre un dispositivo electrónico con el mensaje que quiere transmitir en su libro?

Confundimos la solución con el problema. Yo me río cuando la gente dice que quiere transformar digitalmente su organización o ven una amenaza en el Internet de las Cosas. Esto es una herramienta. Por tanto hay que analizar aquello que te haría perder tu organización. Ahí es donde podemos saber qué nos ayudaría. Si preguntas a muchos ejecutivos que es el Internet de las Cosas, posiblemente, no lo sepan. Si les pides escribir qué es la transformación digital, cuando comparten lo que han escrito con otras personas observas que cada una tiene un concepto diferente. Lo mismo pasa con el concepto de innovación. Toda organización quiere ser innovadora, a todo el mundo le gusta, pero cada uno lo usa de manera diferente. Pero ojo con los mantras. Los ejecutivos piensan en un largo plazo, pero actúan a corto.

¿Qué podrían aprender otros países de España en materia de innovación?

En España hay gente autentica, sólida y brillante. Esto es producto de tres habilidades que poseemos y que son curiosidad, imaginación y creatividad. Pero tenemos un problema con la palabra error y sus consecuencias. Tenemos asociado que detrás de error viene castigo y para innovar hay que arriesgarse. España ha demostrado que cuando se pone es radical. La facilidad de pasar del bloqueo a la creatividad o las frases hechas no existen en otros países. Solo nos falta esa parte de aplicación. Por tanto, solo habría que estimular la eliminación de ese prejuicio de que detrás de equivocarse viene un castigo.