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Raymond Weil: 45 años buscando la excelencia

La firma de relojes Raymond Weil continúa su expansión basando su trabajo en la música, la calidad y el saber hacer

11 DE mayo DE 2021. 10:16H Dirigentes

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Para conocer la trayectoria de Raymond Weil el lector debe desplazarse hasta Ginebra. En 1976 y en medio de una gran crisis en la que la industria relojera se encontraba inmersa, el patriarca de la saga familiar se propuso ofrecer su propia visión de lo que la relojería suiza debía ser. Piezas de lujo, excelencia y un precio inigualable eran los pilares sobre los que edificó la marca y en poco tiempo las creaciones de Weil fueron elogiadas por los amantes del sector. Entendidos y aficionados de los relojes contribuyeron a su expansión por todo el país helvético y, desde aquí, su red internacional ha ido poco a poco estableciéndose, primero en Europa y después por el resto de los continentes. 

A lo largo de los primeros años, la firma experimentó un rápido desarrollo, por lo que la necesidad de crecimiento con el fin de aumentar su competitividad se convirtió en una prioridad. Para alcanzar este objetivo, el yerno de Raymond Weil, Olivier Bernheim, se incorporó en 1982, transformando la organización en lo que más tarde sería una empresa familiar. Durante los primeros pasos sus esfuerzos se centraron en dos ámbitos. Primero se encargó de la mo- dernización de la estructura y la organización, mientras que después se hizo cargo de los departamentos de comunicación y marketing.

La llegada de Bernheim contribuyó a fortalecer la identidad de la firma y en 1996 este se convirtió en presidente y director ejecutivo. Hoy en día, el interés internacional por la marca ha hecho que esté presente en más de 90 países diferentes y el establecimiento de 3.000 boutiques exclusivas.

El etiquetado Swiss made es mucho más que un sello de garantía. Supone un respaldo a los conocimientos y habilidades adquiridos durante siglos para desarrollar los materiales, y también el empleo de una minuciosa artesanía en todas las etapas de producción y ensamblaje. Esta visión de la elaboración se ha extendido hasta nuestros días, donde una de las prioridades de la compañía sigue siendo su orientación hacia el futuro. Para lograrlo, desde su nacimiento ha sido clave la constante actualización de la formación técnica y los equipos, permitiendo, en la actualidad, el diseño asistido por ordenador y la creación de nuevos productos a través de métodos visionarios. 

Una máxima de la casa reside en la búsqueda constante de nuevos enfoques que aseguren su evolución. Su capacidad para convertir un concepto de diseño en un reloj de alta calidad también se extiende a la belleza, cuyas proporciones no se desligan tampoco de la técnica ni de la precisión mecánica de sus creaciones. La búsqueda de la excelencia en todas las etapas, desde la concepción hasta el montaje, es otra de sus señas de identidad, palpables en las manos y ojos de los trabajadores de la firma. Así, cada reloj se examina minuciosamente y se somete a 350 controles antes de recibir la etiqueta de calidad Raymond Weil. 

Con la vista siempre puesta en el crecimiento, el Calibre RW1212 está concebido como “un tributo al presente y un símbolo del futuro”. Los dígitos corresponden a su dirección en Ginebra y simbolizan el camino recorrido en el que siempre han tratado de transmitir su espíritu libre.


Hacer de su pasión una inspiración en el trabajo

Otra de las características que definen la marca es su influencia e inspiración musical, debido a que se trata de una de las aficiones más arraigadas de la familia Weil. Una muestra de ello queda patente en los nombres de las colecciones. En sus comienzos allá por 1983, una de ellas ya optó por el nombre de Amadeus como un guiño al compositor austríaco, Mozart. Y, desde entonces, esta ha sido la tónica habitual para bautizar sus creaciones o decidir cada nuevo desarrollo de producto y estrategia de marketing.

Ya entrados en el siglo XXI la nueva generación cobró fuerza en el organigrama. No obstante, la identidad familiar de la empresa sigue todavía vigente representando una de sus piedras angulares. En 2006, el hijo de Bernheim, Elie, comenzó su carrera profesional en la empresa después de graduarse en la Escuela de Hostelería de Lausanne, a unos 70 kilómetros del epicentro de la industria relojera. Su etapa inicial estuvo basada en el respeto por el legado que se le ha confiado y que ha supuesto el éxito de la relojera a lo largo de los años. 

De esta forma, la incorporación de la tercera generación da continuidad a la herencia marcada por el fundador. Gracias a sus conocimientos como experto en relojería, marketing y gestión empresarial, durante los últimos años, el nieto de Weil se ha encargado de desarrollar y mejorar la estrategia global. Además, su visión joven y fresca se entrelazan con los valores tradicionales, ofreciendo una nueva fórmula para acercarse a los clientes de una manera más interactiva. Entre sus tareas también destacan la gestión de la imagen corporativa, la comunicación y las redes sociales. En 2014, Elie Bernheim fue nombrado director general de Raymond Weil, sucediendo a su padre en la gestión de uno de los buques insignia del sector. 

El interés por sus relojes ha contribuido a su expansión mundial, donde cada detalle cuenta. El diseño de sus boutiques fueron concebidas por el arquitecto y decorador de la marca, en una sintonía total con el universo surgido en la ciudad de Ginebra y que evoca la excelencia, la tradición creativa y la pasión por la música y las artes. Su red internacional sigue trabajando desde el lugar más prestigioso de los relojeros suizos para ampliar su impacto y consolidarse en los mercados más prometedores.

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