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China afronta la segunda mitad del año con incertidumbre

Por primera vez en muchos años, durante las reuniones anuales del legislativo, el régimen comunista no ha ofrecido ninguna previsión de crecimiento. Si la crisis del COVID – 19 remite, durante 2020, China podría crecer en torno al 1%. Ahora bien, como brote verde, China también a anunciado la erradicación total de la extrema pobreza este mismo año 2020.

23 DE junio DE 2020. 08:30H Alberto J. Lebrón (Pekín)

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China, de momento, mantiene su frontera cerrada con varias naciones del mundo. Esto, siendo el primer emisor mundial de turistas, es un drama. Pero las cadenas internacionales de valor también se están viendo afectadas. EE.UU., e incluso Japón o la UE, están ofreciendo incentivos a sus multinacionales con el objetivo último de que abandonen China. EE.UU., además, ha anunciado restricciones a las transferencias tecnológicas en sus relaciones comerciales con China. Menos tecnología, dentro del largo plazo, afectará negativamente al crecimiento potencial chino. Y, dentro del corto plazo, la inversión extranjera directa dirigida al sector manufacturero chino podría retroceder este año un 5%.

“Deslocalizar” estas cadenas de China, en todo caso, no es una tarea fácil. “Sería imposible hacerlo en una noche”, señalan fuentes empresariales, en conversación con DIRIGENTES. Ahora bien, a la guerra comercial con EE.UU., ahora será necesario considerar las tensiones geopolíticas derivadas del COVID-19. “Un endurecimiento de las condiciones políticas podría precipitarlo todo, ocasionando pérdidas notables”, comentan estas mismas fuentes. China, además, suministra el 12% de los bienes intermedios utilizados a nivel mundial. Nissan, por ejemplo, se vio obligada a interrumpir su producción en Japón cuando China sufría los latigazos del COVID-19. Y el sector automovilístico surcoreano, con una dependencia del 30% de los suministros chinos, también estuvo cerrado varias semanas. Tokio, por lo pronto, dedicará dos mil millones de dólares a incentivar la salida del tejido empresarial japonés localizado en China durante 2020.

Guerra comercial con EEUU

EE.UU., en periodo electoral, es difícil que adopte medidas drásticas. Pero el máximo mandatario de los EE.UU., Donald Trump, se ha mostrado bastante hostil con China a cuenta del COVID-19. Los aranceles van a seguir en el nivel actual del 25%. Y esto, de alguna manera, lleva tiempo afectando negativamente a la inversión extranjera directa en China. En 2013, sin ir más lejos, la cifra superó los 290 mil millones de dólares (un 3% del PIB). Sin embargo, en 2019, la inversión extranjera directa en China retrocedió hasta el 1% del PIB. Bienes electrónicos, o maquinaria industrial, han sido los sectores con más inversión extranjera directa recibida en 2016-18. Telecomunicaciones, e informática, acumulan el máximo volumen de inversión directa recibida desde 1998. Y la inversión con un alto contenido tecnológico, en definitiva, supera actualmente el 10%. “Si las inversiones se frenan, debido a las tensiones en varios ámbitos con EE.UU., habrá menos transferencias tecnológicas”, señalan desde UBS en una comunicación con DIRIGENTES. Y esto, de alguna manera, puede terminar afectando al desarrollo económico en China.

La guerra comercial de China con EE.UU. tiene su origen, entre otras razones, en los cambios profundos del comercio mundial. Actualmente, con las cadenas globales de valor, un mismo bien se puede fabricar en varios países. Según la OCDE, dos de cada tres bienes comercializados internacionalmente son intermedios, alrededor del 65%. En 1995, la aportación de valor añadido estadounidense al sector exportador internacional era once veces el chino. Veinte años más tarde, en 2019, apenas es el 16%. Esto, de alguna manera, indica que China ha entrado en competencia directa con EE.UU. por la clientela del sector manufacturero global. Por otra parte, la proporción del valor añadido extranjero integrado en las exportaciones chinas ha retrocedido dieciséis puntos porcentuales, desde 1995 hasta 2019. Esto significa que, proporcionalmente, China importa cada vez menos bienes intermedios desde otras naciones industrializadas (sobre todo, de EE.UU.). Y, además, el valor añadido doméstico de las exportaciones estadounidenses al mundo apenas se ha duplicado desde 1995 (mientras el valor añadido doméstico de las exportaciones chinas ha aumentado un 1.800% hasta 2019).

EE.UU., esto es un hecho, transfiere tecnología mientras fabrica en China. Esta circunstancia, por un lado, ha ido reduciendo la demanda china de bienes intermedios norteamericanos (los chinos han aprendido a fabricarlos ellos mismos, absorbiendo el know-how estadounidense deslocalizado en China durante muchos años). Y, por otro lado, ha permitido a China posicionarse como un serio competidor de EE.UU. en la cadena de valor. Esta situación ha mermado la hegemonía comercial estadounidense. Trump, con su discurso hostil hacia China, está demandando una solución inmediata. Y no sin falta de razones: durante los últimos diez años, en Ohio, se han destruido más empleos que durante toda la crisis económica del 29.

Medidas económicas en clave interna

Las sesiones anuales del legislativo chino han finalizado tras retrasarse dos meses debido al COVID-19. En ellas se han anunciado fuertes estímulos fiscales, para relanzar la economía, situando el déficit público en torno al 3,5% del PIB. Esto, en términos absolutos, son 150 mil millones de dólares más con respecto a 2019. En rebajas fiscales, por ejemplo, se han prometido 353 mil millones a las empresas. La financiación de los bancos en manos del estado, al sector PYME, deberá incrementarse un 40% durante 2020. Para la lucha contra el COVID-19, además, se van a destinar otros 140 mil millones de dólares adicionales. La inflación, pese a todo, no debería superar el 3,5%. Y, en materia social, China espera erradicar la extrema pobreza de las áreas rurales este mismo año 2020.

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