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El peso de China en las cadenas globales de valor arrastra al mercado

Que la crisis del Covid-19 se refleje en la economía mundial tiene un motivo desde el principio. Por un lado, el gigante asiático ha reducido las importaciones de bienes intermedios procedentes de EE.UU. o la UE. Y, además, el porcentaje de las exportaciones orientadas a satisfacer la demanda externa final ha retrocedido sensiblemente (del 23,5%, hace dos décadas, al actual 16,3%).

28 DE febrero DE 2020. 08:00H Alberto Lebrón (Pekín)

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En 1995, la aportación de valor añadido estadounidense al sector exportador internacional era once veces el chino. Veinte años después, sin embargo, apenas lo supera en un 16%. Esto, de alguna manera, indica que China ha entrado en competencia directa con EE.UU. por la clientela del sector manufacturero global. Por otra parte, la proporción del valor añadido extranjero integrado en las exportaciones chinas ha retrocedido, dieciséis puntos porcentuales, desde 1995. Esto significa que, proporcionalmente, China importa cada vez menos bienes intermedios desde economías desarrolladas como la estadounidense. Mientras, el valor añadido doméstico de las exportaciones estadounidenses al mundo apenas se ha duplicado en los últimos veinte años. Sin embargo, el valor añadido doméstico de las exportaciones chinas ha aumentado un 1.800%, según la OCDE.

Todo lo anterior es reflejo de dos tendencias, sin duda, relevantes. China, por un lado, ha reducido su demanda de bienes intermedios del mundo industrializado. Y, además, el porcentaje de los bienes finales exportados desde China, en relación al total, es cada vez menor. Esto, de alguna manera, refleja que China lleva tiempo posicionándose como un serio competidor global en bienes intermedios. Y, no menos relevante, lo está haciendo para abastecer su propio mercado. Ambos fenómenos se han hecho bastante visibles en industrias como la electrónica de consumo. China es el primer mercado del mundo para los smartphones, con 712 millones de dispositivos, desde 2012. Y el valor añadido extranjero en electrónica de consumo ha descendido hasta menos del 30%.

Guerra comercial con EEUU

La guerra comercial de China con EEUU tiene su origen, entre otras razones, en los cambios profundos del comercio mundial. Actualmente, mediante las cadenas globales de valor, un mismo producto puede haber sido fabricado en varios países diferentes. Tradicionalmente, ha sido China el país importador de componentes tecnológicos alemanes, coreanos o americanos ensamblados en sus fábricas para después ser re-exportados, como bienes finales, hacia Estados Unidos. China, con una fuerza laboral tan abundante como barata, ha obtenido dos ventajas clave a través de dicho modelo. En primer lugar, ha podido incrementar paulatinamente el nivel del empleo, además de los salarios, dado que la china rural tampoco ofrece mejores oportunidades. Y, en segundo término, ha forzado una transferencia tecnológica al único efecto de crear marcas propias a medio-largo plazo. Tras años produciendo en China, Apple ha visto nacer competidores chinos como Huawei o Xiaomi, los cuales se han desarrollado merced a esa transferencia constante de conocimiento. “Los aranceles tienen, entre sus objetivos, defender la hegemonía tecnológica de EEUU”, señala Wang Yong, asesor del Asian Development Bank (ADB), a DIRIGENTES. Para firmar las paces, además de reivindicaciones clásicas como flexibilizar el cambio del renminbi, la propiedad intelectual o abrir los mercados financieros chinos a EEUU; China deberá asumir su responsabilidad en este sistema. Es decir, mientras aumenta su influencia sobre las cadenas globales de valor, debe invertir más en otras naciones occidentales (no solamente las adheridas a la iniciativa comercial china Belt and Road - o BRI). Y, con ello, transferir conocimiento mediante la creación de empleos en todos estos países. Es, en definitiva, iniciar el camino contrario al recorrido hasta ahora. Esto es, continuar con la transición iniciada desde el “MADE IN CHINA” al modelo alternativo “CREADO POR CHINA”.

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