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China: globalización y largo plazo

Por primera vez, en décadas, el régimen chino no ha hecho públicas sus estimaciones de crecimiento para 2020.

28 DE octubre DE 2020. 08:38H Alberto J. Lebrón (Pekín)

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La pandemia derivada del COVID-19 ha introducido una incertidumbre económica inédita en tiempos de paz. Pero el gigante asiático, en este escenario, también ha aprovechado para sacudirse la presión de los resultados económicos más inmediatos. A corto plazo, el panorama es ciertamente desalentador, también en China. La economía crecerá alrededor del 1%. El déficit público aumentará en torno al 11%. Y el paro urbano registrado podría subir todavía más o, como mínimo, mantenerse en el 5.9% actual. Esto último significa que el número de parados chinos, oficialmente registrados, va a superar los diez millones en 2020. Sobre las medidas económicas destinadas a aliviar esta situación tan delicada, cabe cuantificar el incremento del déficit público en 150 mil millones de dólares adicionales, con respecto al año 2019. En rebajas fiscales, por ejemplo, se han prometido 353 mil millones a las empresas. Y la financiación de los bancos estatales, al sector PYME, deberá incrementarse un 40% durante 2020. Sin embargo, durante las sesiones anuales del legislativo chino, celebradas con retraso debido al COVID - 19, se han realizado otros anuncios relevantes a medio-largo plazo. Primero, la pobreza extrema podría ser erradicada este mismo año, tras haberse reducido en cien millones de individuos desde 2012. En redes de alto voltaje, sobre las cuales deberán desarrollarse las denominadas ciudades inteligentes, van a invertirse 185 mil millones de dólares durante 2020.

Este mismo año, también relacionado con el desarrollo de ciudades inteligentes, China espera tener operativas unas 600 mil estaciones de 5G. Las ventas anuales de vehículos eléctricos, en 2025, deberán haber alcanzado el 20%. Y el desarrollo del sector manufacturero avanzado se sustentará sobre un fondo único dotado con 25 mil millones de dólares.

En innovación tecnológica, conviene recordarlo, China ha alcanzado el 50% del nivel de la UE. Paradójicamente, varios de estos objetivos están detrás del deterioro en las relaciones comerciales sino-estadounidenses. China, tras décadas recibiendo un volumen considerable de inversión extranjera directa, ha desarrollado notablemente su sector manufacturero e industrial. La transferencia de tecnología ha incrementado el valor añadido de las manufacturas chinas, entrando en competencia directa con EE.UU., sobre todo dentro del sector de los bienes intermedios. Estos últimos, según la OCDE, sumaron un 65% del comercio internacional durante 2019. Y es ahí donde, a costa de EE.UU., los chinos han aumentado considerablemente su cuota de mercado.

El valor añadido total estadounidense, contabilizado en los bienes finales vendidos a escala internacional, era once veces el chino en 1995. Veinte años más tarde, en 2019, dicha diferencia ha sido reducida al 16%. Es decir, tras haber absorbido sus conocimientos tecnológicos durante décadas, China desafía ahora la hegemonía comercial norteamericana. Además, entre los años 1995-2019, el valor añadido doméstico de las ventas chinas al mundo ha crecido un 1.800%. Mientras, en EE.UU., esta última variable apenas ha aumentado un 100% desde 1995. Y, en consecuencia, EE.UU. ha destruido 4.2 millones de empleos manufactureros solamente desde el año 2000.

Trump, el presidente de EE.UU., achaca todos estos males a una competencia desleal desde China. La devaluación artificial del Renminbi, además de los bajos salarios, ha incentivado la deslocalización de muchas multinacionales americanas a China. Y ha facilitado, también, el nacimiento de nuevos competidores chinos en sectores de alto valor añadido como la electrónica de consumo, los semiconductores o las telecomunicaciones. De la devaluación artificial del Renminbi, además, se deriva la acumulación masiva de reservas internacionales, las cuales han sido ampliamente utilizadas para obtener tecnología de EE.UU. o la UE. China, alcanzado un desarrollo razonable de su sector manufacturero, debe iniciar el camino inverso: apreciar la divisa, incrementar los salarios, consumir más, fabricar sus bienes en otras naciones e intercambiar su “know-how”. EE.UU., para no enterrar su ventaja competitiva, incentivará la salida de sus multinacionales del país asiático (un proceso conocido como “desacoplamiento”). Los aranceles americanos, si persiste el déficit estadounidense con China, seguirán en torno al 25%.

Y, por último, EE.UU. también ha puesto límites a las transferencias de tecnología norteamericana en China. Todo esto sumado seguirá reduciendo la inversión extranjera directa que recibe China (ahora apenas recibe un 1% del PIB). E, indirectamente, también va a reducir su crecimiento potencial. China, por tanto, necesita cambiar su modelo (tanto dentro como fuera de sus fronteras). Y esto, sin duda, exige mirar más allá de 2020.

¿En qué se traduce el desarrollo económico chino?

China ha construido ciento treinta mil kilómetros en autopistas. Esta red, además de situar a China como líder mundial absoluto, serviría para dar tres vueltas enteras al planeta tierra. En 2035, China espera tener abiertos 450 aeropuertos, la mitad de los cuales comenzarán a construirse desde 2020. Para ese año

deberá haber superado a EE.UU. en datos de tráfico aéreo. Y uno de cada cuatro vuelos en todo el mundo se realizará desde / hacia / dentro de China en 2035.

En vías ferroviarias de alta velocidad, China cuenta con 25 mil kilómetros, lo cual también sitúa a la nación asiática como líder mundial. En energía hidráulica, con una capacidad de 26 mil megavatios, la presa de las tres gargantas tampoco tiene parangón. Y la segunda más potente del mundo, también china, comenzará a funcionar en 2021. Los puentes más espectaculares también están en China. El puente Zhuhai-HK, con 55 kilómetros, es el más largo levantado nunca sobre el agua del mar. Y en la cuestión aeroespacial, China está desarrollando misiles con capacidad de derribar artefactos en el espacio exterior, del tipo DN-3. Desde el sector transporte, hasta el tecnológico o las infraestructuras, el crecimiento económico se ha hecho notar de forma notable en China. El número de patentes internacionales ha aumentado desde 782 hasta casi 60.000 (adelantando en este sentido a EE.UU.). Y, también en comparación con EE.UU., China está produciendo el doble de ingenieros desde hace al menos diez años. Estas variables de naturaleza estructural, con globalización o sin ella, podrían convertir a China en la primera potencia económica del mundo mucho antes de 2050.

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