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Los gobiernos de China y EEUU activan los nuevos aranceles mutuos

Pekín responderá el anuncio de nuevas tasas por parte de EEUU con represalias por la misma cuantía

05 DE julio DE 2018. 10:12H Adrián Varela

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Aunque los horarios todavía no han sido confirmados por los respectivos gobiernos, la jornada del 6 de julio está marcada en el calendario como el día en el que EEUU aplicará nuevos aranceles a los productos chinos por valor de 34.000 millones de dólares, una medida que será contestada al mismo tiempo y con una cuantía equivalente por el Gobierno chino.

Como anunció el Consejo de Estado de China el pasado 16 de junio, en la medianoche del 6 de julio, hora de Pekín, las autoridades del gigante asiático comenzarán a aplicar aranceles adicionales de represalia a las importaciones estadounidenses por valor de 34.000 millones de dólares. 12 horas después, cuando caiga la medianoche en Washington, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EEUU hará lo propio con las importaciones chinas en su territorio.

A pesar de que el Gobierno estadounidense anunció estos nuevos aranceles 24 horas antes de que China confirmase sus represalias, la diferencia horaria dará lugar previsiblemente a que las medidas aduaneras chinas entren en vigor antes que los aranceles estadounidenses contra los que se dirige. Este fenómeno podría suponer el retraso en la entrada en vigor de los aranceles chinos, tal y como afirmó el Ministerio de Finanzas del país asiático, que señaló que "nunca dispararemos el primer tiro y no aplicaremos aranceles antes que EEUU".

Mientras, el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Lu Kang, ha asegurado que su Gobierno está preparado para actuar, aunque no confirmó la fecha en la que pondrán en marcha los aranceles. “China ya ha hecho preparativos. En cuanto EEUU implemente las nuevas tarifas, China tomará las medidas necesarias para proteger firmemente sus legítimos intereses”, ha declarado Kang.

Por su parte, el Ministerio de Comercio de China ha advertido en las últimas horas de que los aranceles estadounidenses afectarán a las cadenas de suministro globales, incluidas las compañías extranjeras en el país asiático, reiterando que Pekín no quiere participar en una guerra comercial desatada por Washington.

La nueva política aduanera de EEUU implica que aplicará aranceles del 25% en las importaciones chinas como represalia por el supuesto robo de propiedad intelectual de productos tecnológicos y comerciales estadounidenses. Estas medidas afectarán en una primera oleada a 800 productos chinos, desde isótopos radioactivos a material aeronáutico pasando por pequeños electrodomésticos, mientras que otros 280 exportaciones chinas están todavía en revisión.

Mientras, las represalias chinas a estos nuevos aranceles afectarán a más de un centenar de productos, entre ellos las principales importaciones de EEUU a este país, como la soja, el sorgo o las cerezas, además de whisky o automóviles. Estas medidas han sido elegidas cautelosamente, ya que EEUU exportó en 2017 a China 14.000 millones de dólares en soja, que suponen un tercio de su producción, y 4,8 toneladas de sorgo.

A pesar de que las represalias chinas afectan directamente a importaciones cruciales para el sector agrícola estadounidense, su propia economía también sufrirá los efectos, dado que el país dependen de importaciones anuales de 95 millones de toneladas de soja, una demanda que ningún otro país puede cubrir por sí solo. Este encarecimiento de la soja podría elevar el coste de la cesta de la compra a los ciudadanos chinos, lo que ha llevado a Pekín a buscar reemplazo en Australia, Turquía o Uzbekistán para sustituir los productos de EEUU.

La política proteccionista que está aplicando el presidente de EEUU, Donald Trump, está llevando al país al borde de una guerra comercial con China. Además, la llamada a revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, incluyendo sus amenazas a México y Canadá, y sus constantes críticas a la Unión Europea, a la que acusa de aprovecharse del comercio exterior estadounidense, pueden dar lugar a una guerra comercial en varios frentes, en la que EEUU se enfrentaría por sí sólo a represalias comerciales de los que hasta ahora eran sus principales socios.

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