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¿Deben las fábricas de mascarillas regresar a Europa?

La crisis del COVID-19 ha abierto un nuevo debate ¿Deben las naciones del mundo desarrollado recuperar su capacidad industrial de producir mascarillas o materiales médicos?

01 DE mayo DE 2020. 09:00H Alberto J. Lebrón (Pekín)

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¿Sería viable volver a producir industria ligera, de bajo valor añadido, en lugares como EE.UU. o la UE? ¿Han estado los países emergentes, como China, robando nuestros empleos manufactureros hasta este momento?

El fenómeno de la desindustrialización, característico de las naciones occidentales, es la pérdida de peso del sector manufacturero e industrial sobre el empleo total. En 1991, según ILOSTAT, el empleo manufacturero e industrial estadounidense era equivalente al 25% del total. Un siglo antes, en 1890, este porcentaje era más o menos similar, alrededor del 24%. Sin embargo, en estos momentos, el empleo manufacturero e industrial estadounidense se ha reducido hasta menos del 20%. Esta tendencia también ha sido similar en otras naciones como el Reino Unido. Casi un tercio del empleo total británico, a principios de los 90, era manufacturero e industrial. En 2020, sin embargo, esta proporción ha caído hasta el 18%. En Alemania, o Japón, el retroceso ha sido de diez puntos porcentuales durante los veinticinco años anteriores a 2018. Y solamente otras naciones emergentes, como China, han conseguido aumentar el peso total del empleo manufacturero e industrial (hasta alcanzar un 28,1%).

Los intercambios comerciales entre naciones en estadios diferentes de su desarrollo económico, o el denominado comercio norte-sur, han evidenciado dos efectos aparentemente contradictorios. Primero, en las relaciones comerciales norte-sur, la renta por habitante de los países desarrollados se ha incrementado notablemente. Pero, simultáneamente, el comercio norte-sur también ha acelerado la destrucción del empleo manufacturero en las naciones desarrolladas. Por ello, varios líderes occidentales han acusado a naciones como China de lucrarse con la globalización, robando empleos manufactureros eliminados en otras economías desarrolladas como EE.UU. o la UE. Pero el desarrollo económico no es un juego de suma cero. Ningún país, en el largo plazo, suele crecer a costa de los demás. Más al contrario, todos los países del mundo se han venido desarrollando de manera relativamente sostenida, incrementando cada año el bienestar mundial en términos netos. Es decir, todos hemos salido ganando con la globalización, atendiendo a indicadores básicos como el crecimiento mundial del PIB.

La productividad real por trabajador del sector manufacturero de la UE, durante las últimas dos décadas, ha aumentado un 62,9%. Los salarios manufactureros, en este periodo, han subido un 27%. Y el coste laboral real unitario, lo que cuesta generar más producto manufacturero por cada euro invertido en salarios, ha descendido un 8,75%. Sin embargo, desde 1998, se han destruido 5,3 millones de empleos manufactureros en toda la UE. Se han destruido todos estos empleos a pesar de que la producción manufacturera continuaba aumentando (un 40% desde 1998). Los países emergentes, en consecuencia, no han robado la producción manufacturera del mundo desarrollado. Sí han sido receptores, en todo caso, de inversión extranjera para fabricar otras manufacturas más baratas (dados sus menores salarios). Pero lo han hecho conforme el desarrollo industrial de las naciones avanzadas exigía más sofisticación, bienes o servicios manufactureros de altísimo valor añadido, con un nivel salarial relativamente elevado.

En las economías avanzadas, donde la elevada cualificación del tejido laboral e industrial ha incrementado el valor de las manufacturas, no tiene sentido incentivar subsectores con una remuneración salarial al nivel de otras naciones mucho menos desarrolladas. El desarrollo económico, lógicamente, lo determina la estructura productiva de cada nación. Nosotros, como países desarrollados, debemos seguir especializándonos en las actividades económicas e industriales de más valor añadido. Sólo así se puede tener un nivel de desarrollo económico alto en toda la UE.

Ahora bien, solamente en circunstancias extraordinarias como la actual, sí deben considerarse medidas como acumular reservas estratégicas de determinados bienes. Pero si decidimos volver a especializarnos en actividades con mucho menos valor añadido, o donde no somos competitivos, nuestro desarrollo económico será consecuentemente menor. Y tampoco conseguiríamos estar mucho mejor preparados ante crisis impredecibles como ha sido ésta del COVID-19.

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