sábado, 20 julio 2019
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Asia

¿Es posible una economía circular en China?

China, uno de los países más contaminados del mundo, también está inmerso en una revolución tecnológica sin precedentes históricos

30 de abril de 2019. 16:17h Alberto Lebrón (China)
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China, actualmente, crece cuatro puntos porcentuales menos que hace nueve años. Sin embargo, lejos de ser una mala noticia, este menor crecimiento es cualitativamente mejor. No se producen tantos excesos como antes. Y, dicho ajuste macroeconómico, está teniendo como consecuencia una mejora notable del medioambiente, sensiblemente deteriorado años atrás. En 2010, tras los planes de estímulo económico, la producción de cemento o acero aumentó a tasas anuales del 20%. Ello sostenía el empleo, lo cual garantizaba cierta estabilidad social, pero a costa de una oferta excesiva e insostenible. Los créditos morosos, derivados del exceso de acero o cemento, amenazan aún con una crisis financiera.

Ahora bien, los datos comienzan a indicar un cambio de rumbo, desde una economía industrial hacia otra circular. Actualmente, el ritmo de crecimiento del sector servicios supera en dos puntos porcentuales al industrial. Y la política económica china actual parece estar desincentivando las inversiones masivas, contaminantes e improductivas, en favor del consumo (si bien siguen siendo necesarias más reformas estructurales para consolidar dicho cambio de modelo). ‘’La nueva economía china será sostenible, no industrial’’, reconoce Jiang Zhaoli, del National Development and Reform Council (NDRC), a DIRIGENTES.

David Picazo, un prestigioso arquitecto español residente en China, está viviendo todos estos cambios de manera directa. “La estrategia de nuestra firma es combinar técnicas occidentales, típicamente españolas, con elementos locales”, destaca Picazo. Y añade: “la sostenibilidad del entorno natural, en perfecta armonía con la cultura local, son factores que explican nuestro éxito en China”. Picazo ha diseñado torres de oficinas, medioambientalmente eficientes, en grandes ciudades chinas como Hefei o Pekín, habiendo recibido numerosos reconocimientos por ello. Uno, por ejemplo, lo obtuvo tras terminar la sede del gigante tecnológico BONC, al favorecer un menor consumo de electricidad merced a las ventanas (en 25 mil metros cuadrados de edificación, los acabados en cristal suman un 50%).

VALOR AÑADIDO Y SOSTENIBILIDAD

En esta travesía hacia la economía circular, medioambientalmente sostenible e innovadora, el gigante asiático está destinando todos sus recursos al desarrollo de diez sectores concretos con un alto contenido tecnológico: suministros de electricidad, sector aeroespacial, ferroviario, maquinaria agrícola, nuevos materiales, barcos, vehículos eléctricos, big-data, robótica, equipos médicos e ‘information technologies’ (IT). Los vehículos alimentados por energías limpias, en estos momentos, solamente suman el 0,6% del parque automovilístico chino.

Ahora bien, en 2025, las autoridades chinas esperan que dicho porcentaje suba hasta el 20%. Todo esto también ofrece oportunidades para otras industrias de alto valor añadido, como la del gas. En materia de transporte, tanto terrestre como marítimo, los chinos aspiran a una sustitución completa del petróleo por gas natural. Del 2010 al 2015, las emisiones de CO2 se redujeron en casi cinco mil toneladas. Y los automóviles impulsados por gas natural pasarán de 1,5 hasta casi 5 millones en 2030. Según estimaciones oficiales, en las grandes ciudades chinas, el gas va a concentrar un 10% del consumo total antes de 2020. Y en otras industrias, como las telecomunicaciones o el sector automovilístico, China también desea ser líder global. Dos de los tres teléfonos móviles más vendidos en España, ahora mismo, son chinos. Xiaomi, el tercero en discordia tras la china Huawei, incrementó sus ventas un 273% durante 2018. Y el coche eléctrico Qiantu K50, que pretende competir con Tesla, tiene previsto llegar a Estados Unidos este próximo año 2020. Sería, por otra parte, la primera marca automovilística china que desembarca en el país norteamericano.

En América Latina, por poner otro ejemplo, las automovilísticas chinas dominarán el mercado hacia 2030. En Chile, las ventas de vehí- culos chinos han sumado un 16% del total, solamente durante 2018. Y en países como Ecuador, Perú, Panamá, Costa Rica, Colombia o Argentina, entre otros, la expectativa futura de dominio chino es prácticamente una certeza. El plan ‘Made in China 2025’, por último, seguirá avanzando sobre un modelo económico basado en más tecnología, productividad e I+D. En 2025, la automatización de los procesos productivos mediante big data, cloud business, blockchain e inteligencia artificial deberá haber alcanzado el 85% (frente al actual 58%). Se espera, entre otros objetivos, alcanzar un ratio de 100 robots por cada 10.000 empleos manufactureros (frente a los actuales 36). Y, al mismo tiempo, la contribución de los diferentes avances científico-técnicos sobre el PIB chino deberá haber alcanzado una cuota del 60% en 2025. Asia-Pacífico, tras Estados Unidos, ha asumido un liderazgo claro dentro de lo que muchos expertos han acertado a denominar como ‘cuarta revolución industrial’. La economía circular, eficiente, sostenible e innovadora es, en estos momentos, un objetivo declarado de China.

Actualmente, dos de las cinco empresas tecnológicas líderes, a escala global, son chinas. Pero consolidar un desarrollo económico de calidad será, como mínimo, una tarea complicada. China, en el mejor de los escenarios, no espera alcanzar ese objetivo antes del año 2050.