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Hacia una nueva relación comercial e industrial de América Latina con China

En América Latina se han producido dos fenómenos. Uno ha sido la construcción china de grandes infraestructuras energéticas o de transporte.

08 DE junio DE 2021. 08:30H Alberto J. Lebrón (Pekín)

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Desde 2005, China ha concedido más créditos a América Latina que el Banco Mundial, unos 150 mil millones de dólares. El 90% de esos créditos se han destinado a cuatro países: Venezuela, Brasil, Ecuador y Argentina. Pero el resultado de estas inversiones, fundamentalmente en industrias extractivas, no ha aportado nada al desarrollo económico e industrial de naciones como Ecuador o Venezuela. Más al contrario, han dejado deudas importantes. Y, este escenario, también ha contribuido a fortalecer la retórica anti-china de EEUU en América Latina. Todo esto, ahora mismo, es un círculo vicioso que obstaculiza una relación comercial con China orientada al desarrollo económico e industrial de LATAM. Y otro fenómeno distorsionador de las relaciones comerciales de China, con América Latina, es la dependencia de las materias primas. Del total de las exportaciones totales de Brasil a China, solamente la soja (junto con el mineral de hierro o petróleo), suman un 80%. Y Venezuela sigue exportando hierro, óxido de aluminio o metanol pese a haber reducido sus ventas de petróleo un 90%.

Para comenzar a diseñar una relación comercial adecuada con China, en este sentido, un buen caso de estudio es la UE. Mientras la UE había destruido doce millones de empleos manufactureros tras la crisis de deuda de los años 2010-12, Alemania fue el único país de la Eurozona que consiguió crear empleo manufacturero, concretamente seiscientos mil. Y esto ha sido posible gracias a la integración de Alemania en las cadenas de valor de China. El valor añadido de China incluido en las exportaciones alemanas, desde 1998, ha crecido un 1.062%. China, en estos momentos, es la primera fuente de valor añadido extranjero incorporado en las exportaciones de Alemania. Y, con esta cifra, Alemania también se ha convertido en el primer exportador mundial de valor añadido chino. Es decir, si China se ha desarrollado gracias a ser la fábrica del mundo, Alemania mantiene su posición de liderazgo en las cadenas mundiales de valor fabricando bienes de alto valor añadido para China. Otras naciones de Europa del Este también han seguido el mismo camino. China ha desplazado a EEUU del centro de las cadenas de valor de la UE-13.

El ritmo de crecimiento de la cadena de valor bilateral de China, con Hungría, ha sido de los más altos del mundo. Las exportaciones de la UE-13 han aumentado mucho más en comparación con Europa Occidental o EEUU. Y todo lo anterior, gracias a la integración de sus cadenas de valor con China, ha favorecido enormemente el desarrollo económico de la UE-13. Para mantener una relación mutuamente beneficiosa con China, en consecuencia, las naciones de Latinoamérica deben definir claramente su política industrial ¿Existen buenas capacidades logísticas para buscar una integración efectiva en las cadenas chinas de valor (lo cual beneficiaría a los proveedores nacionales, además de crear empleos locales, mientras se transfiere know-how tecnológico)? ¿Cómo ensanchar la frontera de posibilidades de producción, a través de ciudades inteligentes, procesos de automatización o digitalización, de LATAM?

Una vez definidos los objetivos, la estrategia comercial con China deberá enfocarse desde una perspectiva local o provincial, nunca nacional. Solamente las provincias de Henan o Guangdong, por poner dos ejemplos, tienen tres veces más población que Venezuela. Y, en términos de PIB, muchas provincias chinas son tan ricas o más en comparación con las naciones de Latinoamérica. Y relacionado con este último punto, por tanto, las relaciones intergubernamentales deben dejar espacio a los intercambios comerciales dentro del sector privado. Para ello, lógicamente, los países latinoamericanos deben definir una estrategia de desarrollo industrial con China. Y, a continuación, tener estructuras operativas sobre el terreno con capacidad de identificar las mejores oportunidades de negocio. Todo lo anterior, además, debe hacerse manteniendo un delicado equilibrio geoestratégico con EEUU.

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